Granada pone fin a la ‘era’ del botellón

Granada pone fin a la ‘era’ del botellón

Ayer fue el último día que estaba permitido beber alcohol en el botellódromo antes de que eche el cierre hoy día 1 de Septiembre.

Desde hace 9 años, Granada tiene un botellódromo – un recinto en el que está permitido beber alcohol al aire libre, en la calle-. Y desde marzo, un decreto que sólo lo habilita los viernes, sábados y vísperas de festivos. El botellódromo como tal morirá el próximo jueves, 1 de septiembre, y la posibilidad de beber alcohol en él esta noche. Lo que significa que desde mañana, en Granada se impone la ‘ley seca’. No se podrá beber alcohol en ningún rincón de la ciudad y se pone fin a la llamada ‘era’ del botellón.

Teniendo en cuenta la trayectoria de la ciudad en estas lides, ambas fechas se pueden considerar históricas. La del 1 de septiembre porque cierra el último y único recinto andaluz que permanecía operativo como ‘botellódromo’, en el que se han llegado a congregar a más de 20.000 jóvenes. Y la segunda, la de hoy, porque con ella se pone fin a una práctica -la de hacer botellón y beber en la calle- en la que Granada tiene un máster.

2008

Fue el primer año en que la Fiesta de la Primavera, el evento que colocó el botellón granadino en el mapa, se celebró por primera vez en el recinto. La tradición continuó religiosamente desde entonces hasta este año, cuando el Ayuntamiento prohibió el festejo y organizó una carrera popular como alternativa.

200.000   Euros ha recaudado el Ayuntamiento de la capital granadina cada año desde la apertura del botellódromo en multas a personas que se habían reunido para beber en la calle, incumpliendo la ordenanza de Convivencia. Durante un tiempo estas multas apenas superaban los 100 euros. Ahora, serán de entre 700 y 3.000.

900.000  euros ha costado cada año al Ayuntamiento la limpieza del recinto del botellódromo. Pese a que los dispositivos de Inagra se multiplicaban con ocasión de fechas señaladas como la Fiesta de la Primavera, era común ver desperdicios y suciedad tanto en el propio botellódromo como en las zonas aledañas.

1’9 millones  Son los kilos de basura aproximados que se han recogido en el botellódromo desde que se inauguró. Fechas señaladas, como la Fiesta de la Primavera o las Cruces, generaron cada una alrededor de 35.000 kilos de desperdicios cada año. Por el contrario, en etapas como el verano, la actividad en el recinto disminuye.

Clausurar el botellódromo implica finiquitar una costumbre que en la urbe llega arraigada casi 20 años. Sí, dos décadas. Ya en este periódico antes del año 2000 se hablaba de la llamada ‘movida granadina’. Ríos de jóvenes que cada fin de semana se congregaban para beber en pandilla en zonas como la plaza Einstein, Pedro Antonio, la Glorieta de Arabial y, posteriormente, en la zona de Hipercor. Las medidas para frenar esta forma de divertirse y que ya entonces chocaban con el descanso de los vecinos, no tardaron en llegar y el equipo de gobierno del PP decidió vallar la Glorieta y mantenerla cerrada por la noche.

Este fue sólo alguno de los ejemplos del comienzo y el intento de poner freno a este fenómeno ‘alcohólico-sociológico’ en la ciudad, pero si hay que destacar los grandes hitos y señalar el punto de partida para la creación del botellódromo, hay que poner el foco en dos fiestas clave: la de la Primavera y las Cruces. Dos eventos que desde 1996 -fecha de la primera fiesta oficial de la Primavera- congregaban en la calle a miles de personas y que en 2005 alcanzaron su pico máximo con más de 30.000 personas para celebrar la llegada de la estación primaveral. Ese día Granada se convirtió en un festín descontrolado que atascó todo el centro, además del histórico Paseo de los Tristes y zonas como Plaza Nueva o la plaza de Derecho. Justo al año siguiente, en 2006, el 29 de noviembre entró en vigor la llamada ley antibotellón y el 3 de mayo de 2007 se abría el botellón granadino.

Divorcio consumado

Desde que el llamado espacio de ocio se abrió para las Cruces del 2007, la ciudad ha tenido con él una relación de amor-odio. Durante los primeros años se logró controlar la dispersión que había imperado anteriormente con «microbotellones» esparcidos por cualquier sitio, pero empezaba la lucha de los vecinos de toda la zona de Arabial. Durante estos últimos años, ellos han sido los protagonistas para liderar un cierre que se selló con las últimas elecciones y uno de los 50 condicionantes del grupo de Ciudadanos al equipo de Torres Hurtado.

Para la fecha ya casi está todo preparado. Ya se ha celebrado la primera comisión preparar la defunción del espacio: la de Seguridad. Ayer la concejal del ramo, Raquel Ruz, anunció el operativo preparado. La noche antes del cierre, el recinto quedará vallado. Será más un gesto simbólico, temporal y disuasorio para que los jóvenes que lleguen nuevos a la ciudad sepan que ha dejado de funcionar, pero en ningún momento el vallado será permanente. Tampoco tienen preparado desde el área un gran dispositivo policial para el día 1 en cuanto a efectivos. De hecho, para el equipo de gobierno el problema real llegará el 1 de octubre con la llegada de los universitarios que son los que mayoritariamente llenaban el botellódromo.

En cualquier caso, la concejala de Protección Ciudadana y Movilidad, Raquel Ruz, explicó que la coordinación entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado será una realidad. Es decir, Policía Local, Nacional y Autonómica se ‘darán la mano’ para controlar el cierre pero, sobre todo, para vigilar que el botellón no se extiende posteriormente por la ciudad.

Ruz detalló que a los actuales 8 agentes locales que atendían la zona del botellódromo se les sumarán los efectivos de los otros cuerpos policiales para abordar la nueva etapa post-botellón en la que también participarán Protección Civil y el 112. En este trabajo también colaborará la Guardia Civil con controles de consumo de alcohol y estupefacientes.

A estas medidas se les suman una campaña informativa a través de los medios de la Universidad de Granada para que los 80.000 universitarios que existen actualmente conozcan la nueva situación. Al igual que programas y proyectos en centros escolares e institutos de Secundaria que informen a los jóvenes de los efectos negativos que conlleva el consumo de alcohol para el organismo y su vida en sociedad.

¿Una despedida encubierta?

En las últimas fiestas del botellódromo las redes sociales han sido una pieza fundamental. Las últimas convocatorias más multitudinarias se han realizado a través de ellas, para hoy, el último día que se puede beber en el recinto no hay una cita oficial anunciada en alguna de sus plataformas pero la «quedada para despedir el botellódromo» está. Los jóvenes granadinos sí que conocen la fecha de cierre del recinto y, algunos, pretenden pasarse por la zona para despedirse de los 9.000 metros cuadrados más visitados durante los fines de semana.

Será el martes día 30, justo un día antes de su clausura, cuando los diferentes grupos del Ayuntamiento y colectivos juveniles se reúnan para decidir que planes alternativos se les puede ofrecer a la comunidad juvenil. Desde conciertos por la ciudad, convertir el recinto en un espacio deportivo y para realizar talleres o el crear contenedores culturales por la ciudad son algunas de las propuestas que están sobre la mesa pero que se debatirán entre todos «porque en ningún momento queremos decirle a los jóvenes lo que tienen que hacer», apuntaba Baldomero Oliver, el portavoz del equipo de gobierno días atrás.

Lo que sí deben saber los jóvenes es que si a partir de mañana beben alcohol en la calle pueden ser sancionados con multas que oscilan desde los 700 a los 3.000 euros. No hay marcha atrás, le ley seca ha llegado a Granada para quedarse.

 

 

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