LA AMISTAD por Manuel Sierra

LA AMISTAD por Manuel Sierra

MIS SENTIMIENTOS, diferentes a los TUYOS, o a los de CUALQUIERA, aunque en el fondo, para todos, la amistad parezca un concepto bastante homogéneo.

Cuando uno se enfrenta a escribir sobre determinados temas, al principio te parece que estuviera todo escrito sobre él y que no habrá nada que tú añadas que merezca ser leido porque ya se han escrito artículos, novelas, panfletos, que pueden resultar mejores, de autores consagrados, con lo que tú poco menos que qué vas a aportar de novedoso; y entonces, la mayoría de las veces, coges lo que estás escribiendo y lo dejas en el pozo de la papelera, de donde nadie lo rescatará jamás; pero otras veces, como ahora, te dices, total, qué más da, si de lo que hablamos es de sentimientos,… ¡porque eso es para mí la amistad!

Y como es un sentimiento, no los hay mejores ni peores, porque son MIS SENTIMIENTOS, diferentes a los TUYOS, o a los de CUALQUIERA, aunque en el fondo, para todos, la amistad parezca un concepto bastante homogéneo.

Empecemos entonces por definir qué entiendo yo por amistad, qué no lo es para mí, cómo se demuestra, cómo se gana, qué la hace grande y qué la borra por completo, que de todo hay en la viña del Señor.

Amistad es ante todo relación, relación entre personas, una relación que parte de ideas comunes en cuestiones (a menudo) básicas, y que va ganando con el tiempo: afinidades, sensaciones, gustos por lo similar y rechazo por lo que nos duele o nos separa. A veces la amistad no tiene un comienzo tan lógico, sino que basta para prenderla una actitud determinada hacia algo o alguien, para que una persona, desconocida hasta ese momento, con ese gesto, nos abra su interioridad y nos brinde fidelidad hasta la muerte (hasta la muerte de la amistad, claro, porque como veréis más adelante, la amistad también puede morir). Mis mejores amigos no son sólo los que se forjaron en mi infancia (que son muy buenos, los jodíos) sino que los he ido acumulando desde entonces hasta ahora. No los voy a nombrar, por dos razones: Primero, porque establecer aquí un orden cualquiera es una falta de respeto hacia todos ellos. Segundo, porque no necesitan que los nombre: ellos saben quiénes son, aunque no vean sus nombres aquí escritos, porque esa es una de las características que marcan ese sentimiento: no es preciso verse cada día para sentirse amigo.

Amigo es quien te da todo sin pedirte nada a cambio, por el solo hecho de ser quien eres para él o ella; amigo es el que te regala sus confidencias, en la confianza ciega de que no la traicionarás ni la publicarás a los cuatro vientos, aun  cuando hace una eternidad que no os veis, ni os llamáis, ni os escribís. Es aquella persona a quien siempre tienes presente cuando sucede algo cercano a ellos, o algún éxito o algún fracaso les acontece: tú siempre estás a su lado, y ellos lo saben, aunque no los llames, aunque ni les escribas, de la misma forma que tú cuentas con ellos aunque tampoco se plasme en cartas, wsp o correos electrónicos. Amigo es quien te da su tiempo, en el convencimiento de que, como reza el dicho “Valoras a quien te da su tiempo porque sabes que es algo que no podrá recuperar jamás”.

La amistad no entiende, como procuro que ocurra en el resto de mi vida, del pasado ni del futuro, siempre se está nutriendo del presente. Me diréis que hay amigos de la infancia, adolescencia o principios de la juventud, a los que ya no vemos y que siguen siendo amigos de todas formas. Cierto es, pero en este punto creo que debo dejar claro que a mi juicio, una cosa es la amistad, y otra el conocimiento, el compadreo, ese “soy amigo de…” que en realidad quiere decir “conozco a …” pero en un sentido bastante superficial, porque fuimos compañeros de colegio, de equipo, de facultad; pero sólo un pequeño grupo de todos ellos puede seguir sintiendo que es mi amigo y para ellos, mi amistad sigue siendo ahora igual de fuerte, si no más, que en aquellos lejanos tiempos ya olvidados en muchas ocasiones.

De igual forma que cuando hablamos de amor no nos referimos a todas aquellas personas con quienes alguna vez salimos como pareja, porque tenemos la certeza de que no con todas nuestras parejas llegamos a sentir verdadero amor.

La distancia entre el amor y la amistad no es grande, aunque eso depende de qué entendamos por amor; para mí, amor y amistad no es lo mismo: yo digo siempre que quiero a mis amigos, pero no los amo, porque el cariño está exento de física, igual que el amor, como decía antes, no existe (y si lo hace, qué Dios te la de y San Pedro te la bendiga) sin ambos, física y química.

Pero la amistad, como avisé al principio, también puede morir. Como una hoguera que no se alimenta, ¿porque dejamos de vernos, porque no nos llamamos ni nos tenemos en cuenta? No, al menos no para mí, y tengo experiencia en amistades lejanas de las que no se nada más que un par de veces al año, y de amistades con las que ya no comparto salidas normalmente, ni raticos, pero que sé que siguen ahí, y que puedo contar con ellos ante cualquier eventualidad, que se alegran de mis triunfos y sufren en mis derrotas.

La amistad muere por otras causas: muere cuando uno de los dos cambia, porque se puede cambiar, de opinión, de ambientes, de pensamiento, y a veces ese cambio le cae fatal a la amistad, porque ves que algo ya no cuadra igual, y no te sientes a gusto con esa persona.

Muere cuando recibir una llamada de ese amigo nos produce desasosiego e intranquilidad. Pero la excelsa y suprema muerte de la amistad llega cuando juntamos churras con merinas, y entra en juego la economía, el trabajo, la familia, el sexo. ¿Cuántas amistades no hemos visto truncarse por culpa de un negocio común que sale mal? ¿Y cuántas por culpa de los niños, que han enfrentado a padres que eran amigos desde siempre, y que al final, quedan enfadados de por vida, mientras los niños, como niños que son, vuelven a salir juntos de nuevo, como si nada? ¿Y cuántas parejas hemos visto acabar por culpa de algún amigo que se ha metido en medio, literalmente? Y con la pareja, claro está, muere la amistad en ese caso.

En fin, como os decía, este no será el mejor artículo sobre este sentimiento, pero espero que, al menos, os haya entretenido.