La pobreza infantil no se va de vacaciones

La pobreza infantil no se va de vacaciones

Uno de cada tres menores vive en situación de pobreza relativa en España.Las vacaciones estivales agravan su situación al privarles del comedor y las actividades escolares y de ocio que desarrollan durante el curso

La llegada del verano agrava una de las consecuencias más crueles de la precaria situación económica que vive España, la pobreza infantil. Con el fin del curso académico, miles de niños de familias desfavorecidas se ven privados del servicio del comedor y las actividades escolares y de ocio, lo que supone un menoscabo para su correcto desarrollo personal.

Y es que en España uno de cada tres menores vive en una situación de pobreza relativa, según el último informe de la Oficina de Investigación de Unicef. Esto quiere decir que casi 2,5 millones de niños en nuestro país no pueden acceder a una alimentación equilibrada o a actividades de ocio propias de su edad durante las vacaciones estivales, lo que les coloca en riesgo de exclusión social.

Ante estas circunstancias, muchas organizaciones ponen en marcha campamentos, talleres y actividades varias durante el verano, acompañadas de un servicio de comedor al menos una vez al día, para intentar paliar la incidencia que la pobreza pueda tener en el desarrollo de los menores. “La pobreza durante la infancia va a marcar el resto de la vida del niño, acrecentando la desigualdad y convirtiéndoles en adultos pobres”, afirma Liliana Marcos, responsable de investigación social de Save The Children. “Sin embargo, apenas hay ayudas para combatir la pobreza infantil por parte del Estado español, que basa las ayudas sociales en lo que los ciudadanos hayan cotizado, y los niños quedan fuera de esto”, continua.

Aunque existen partidas estatales destinadas a familia e infancia, muchas ONG consideran que son insuficientes ante la magnitud del problema. Esto se debe, en parte, a que muchas competencias en temas de bienestar social de la infancia recaen en las administraciones regionales y locales, que sí ofrecen actividades estivales de forma directa para los menores. No obstante, al atomizar la toma de decisiones en cada región, la respuesta es muy dispar. “Hay de todo, desde administraciones que toman la iniciativa y abren comedores escolares en verano directamente, como en Valencia, hasta casos como el de la Comunidad de Madrid con la polémica de los abanicos de papel”, afirma Carlos Cortés, director estatal de Cruz Roja Juventud.

La insuficiente respuesta de la administración ha llevado a muchas ONG a ofrecer programas especiales de verano. La mayoría son proyectos integrales, en los que ocio, educación y alimentación van de la mano a través de campamentos externos y colonias urbanas. Y es que la pobreza infantil no sólo se manifiesta en una nutrición desequilibrada, sino también en la soledad, la reclusión y la falta de interacciones sociales que puede sufrir el menor en verano.

Los niños de la llave

Es el caso de los “niños de la llave”, hijos de familias desfavorecidas cuyos progenitores, pese a trabajar toda la jornada, no pueden pagarles actividades de ocio ni acompañarles, por lo que deben quedarse solos en casa a edades muy tempranas y sin referentes adultos que les guíen. Esta situación de aislamiento “les puede provocar tristeza, rabia o sentimiento de culpa” según Carmen Monserrat, doctora en psicología de la Universidad de Girona, y puede afectar a su desarrollo psicológico. Para ellos, la ONG Educo ofrece sus Becas Comedor Verano, con las que los menores van a campamentos urbanos en los que realizan diversas actividades y tienen varias comidas. “Cuidamos de su nutrición pero también de su bienestar, ya que no se pasan todo el día encerrados en casa”, asegura Pepa Domingo, coordinadora de la unidad de programas de infancia de Educo.

Con este programa, la ONG atendió el pasado año a 5.031 menores, unas cifras que esperan repetir este verano pero que parecen insuficientes, ya que unos 580.000 niños “llevan la llave de casa colgando del cuello” en España. Save The Children, por su parte, ofrecerá entre 600 y 700 plazas de forma directa en colonias urbanas y campamentos externos, además de colaborar con organizaciones locales en otros proyectos. “Nosotros continuamos con los niños a los que atendemos durante todo el año, porque no podemos cubrir más por falta de medios. En verano atendemos en torno al 25% de los menores con los que trabajamos a lo largo del año”, asegura Alejandro Benito, responsable de proyectos de Save the Children en España.

Cruz Roja también ofrece campamentos de verano, aunque estos no están específicamente dirigidos a menores en situación de pobreza. “No se trata de crear guetos, sino de normalizar su situación. Ofrecemos campamentos a toda la población y lo que hacemos es reservar plazas para niños de familias vulnerables financiadas con fondos de la Cruz Roja“, asegura el director estatal de esta organización humanitaria que en el verano de 2016 atendió a 31.972 menores.

Pese a todos estos esfuerzos, los vástagos de muchas familias desfavorecidas sufrirán los estragos de la pobreza este verano, ya que los recursos para combatirla son insuficientes. Por ello, desde todas las ONG consultadas por EL MUNDO instan a los ciudadanos a colaborar en la medida que les sea posible, ya sea con donaciones a través de sus páginas web o como voluntarios. Del mismo modo, animan a los padres que lo necesiten a contactar con ellos, pues “aunque sea una situación de apuro, estamos para ayudar. Los niños son un colectivo prioritario y debemos hacer todo lo posible para ayudarlos“, sentencia Carlos Cortés.

“Hemos naturalizado la pobreza”

La pobreza infantil no es, por supuesto, un fenómeno aislado. Íntimamente relacionado con ella se encuentra el hecho de que las familias más humildes se vean cada vez más desprotegidas en un contexto económico en el que la macroeconomía patria crece de forma pareja a las desigualdades sociales. Así lo afirma el informe Análisis y perspectivas 2017 presentado el pasado jueves por Cáritas española, en el que se denuncia que siete de cada diez hogares españoles no han notado los esfuerzos de la recuperación económica y apenas un 10% de las familias han visto mejorar su situación.

“Hemos naturalizado la pobreza. Hemos normalizado que la gente lo pase mal. Nos hemos desmoralizado”, afirmó Sebastián Mora, secretario general de Cáritas, durante la presentación del documento para sintetizar su contenido. De él se desprende que seis de cada diez familias españolas siguen teniendo dificultades para llegar a fin de mes, y que cuatro de cada diez han empeorado su capacidad para hacer frente a problemas de salud no cubiertos por la sanidad pública, pagar refuerzos educativos a sus hijos o hacer frente al pago de los recibos energéticos.

Por este motivo, Cáritas ayuda cada año a más de dos millones de personas en España. En el caso particular de la infancia, cada diócesis organiza durante el verano colonias urbanas, campamentos y diversos desplazamientos para hijos de familias vulnerables con el objetivo de mejorar su situación y alejarles durante un tiempo de un duro contexto social en el que ellos, que nada tienen que ver con la crisis, son los que más la sufren.

http://www.elmundo.es/sociedad/2017/06/24/594d62d6468aeba1288b4655.html