Miguel Lorente: «El machismo en los jóvenes no se está abordando, es muy peligroso»

Miguel Lorente: «El machismo en los jóvenes no se está abordando, es muy peligroso»

Especializado en Forense, está considerado uno de los mayores expertos en Violencia de Género y fue delegado del Gobierno contra esta lacra

Era uno de los hijos varones del médico del pueblo (Olula), buen estudiante y apañao. Un estatus que le conducía a perpetuar los roles tradicionales de la masculinidad. Pero eligió otro camino, defender la igualdad.

Empezamos por la mayor. ¿Hay o no retroceso en igualdad?
Hay reacción, y por tanto hay retroceso. No tiene sentido que ante una manifestación tan objetiva como es la desigualdad y la violencia de género, con 60 homicidios cada año, mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, desde la normalidad, no desde la criminalidad, no solo no se produce una puesta en común de la sociedad sino que hay un ataque directo a las medidas dirigidas a avanzar en igualdad y a contrarrestar la violencia. Luego hay una reacción muy beligerante, lo estamos viendo con el tema de Juana Rivas.

Eso quiere decir que los avances que se habían conseguido eran muy débiles. 
Eran parciales, hemos ido al síntoma y no a la causa. Y es normal en el sentido de que partimos de una situación dramática como es la violencia de género, la brecha salarial, la discriminación, los abusos, las agresiones sexuales. Las primeras medidas se ponen en marcha cuando se toma conciencia social de la gravedad del problema y se empieza por el síntoma más grave, la violencia de género. En 2004 era la Ley contra la Violencia de Género, en 2007 la Ley de Igualdad. Pero, a partir de ahí, conforme avanzamos, la reacción es mucho más manifiesta.

¿Entonces no hay lugar para el optimismo?
Sin lugar a dudas estamos mejorando. El gran problema es que es un cambio liderado por las mujeres, no por los hombres, ni por la sociedad. Es una especie de transformación llamémosle asimétrica, que está dando lugar a la percepción de ataque, de que se va contra los hombres, de que es ilegítimo, que se está consiguiendo a base de manipular desde la denuncia falsa a las cuotas, es una sensación de agravio que está dando lugar a que muchos hombres, en lugar de unirse, de participar en todo este proceso transformador y necesario, estén hablando en sentido contrario. Al final hace que todo esto vaya avanzando con mucha reacción y mucha crítica social.

Cuando se dice que hay muchas denuncias falsas, ¿qué base real tiene?
Es el mito de la mujer perversa. Fíjate un dato curioso, la reacción machista da argumentos para incluso negar la violencia condenada y demostrada y dicen que la Ley Integral lo que ha hecho es quitar la presunción de inocencia a los hombres, cuando en realidad los datos del Consejo General del Poder Judicial indican que solo se condena al 5% de los maltratadores. Eso es impunidad. El porcentaje de denuncias falsas, que lo hay, está por debajo del 1%, y esa es la realidad, y a partir de ahí crean su ficción, y juegan con los mitos de que las mujeres denuncian falsamente para quedarse con la casa, con los niños y con la paga. Está tan arraigado que todo el mundo lo cree, sin ninguna prueba.

¿Hay ahora más violencia o se difunde más?
Se conoce más y hay más. Tenemos la macroencuesta [del CIS]: en el año 2011 había 600.000 casos de violencia de género, y en 2015, que es la última, dice que ha aumentado pero no lo cuantifica. Aumenta en parte por esa reacción machista que lleva a entender todas las medidas de igualdad como un ataque, y como consideran que las mujeres están beneficiándose ilegítimamente, hay muchos hombres, lo vemos en las redes, que actúan con una gran beligerancia y violencia, por lo tanto se está alimentando el odio, y eso hace que muchos hombres respondan con violencia.

Las redes sociales, ¿son aliadas o un peligro?
Hoy creo que son más riesgo, porque lo que se hace es naturalizar la violencia, que ya de por sí está formando parte de la normalidad. El argumento machista es que hay que acabar con la Ley Integral contra la Violencia de Género y utilizan muchos elementos para reforzar: que hay otras violencias, que las mujeres también maltratan, que se va contra los hombres, pero no proponen nada. Lo que hacen es avivar el odio y se cohesionan entre sí bajo un argumento falaz y totalmente violento.

Usted las utiliza bastante. ¿Le atacan muchos troll?
Bueno, yo tengo más perseguidores que seguidores. A las redes sociales, que son necesarias, creo que se le tienen que poner límites. Se dicen barbaridades con impunidad absoluta. La libertad de expresión exige responsabilidad, si no es autoritarismo. Una de las estrategias del momento actual es que es más fácil desacreditar a la persona, al movimiento, a la ideología, que contrarrestar los argumentos. Ese mensaje q a través del ataque directo hacia esas personas, ideologías, grupos, es un factor básico para facilitar la violencia.

¿Ha actuado bien Juana Rivas?
Yo creo que la primera reacción es comprensible porque no es diferente a lo que hace el 70% de las mujeres maltratadas, la forma de salir de la violencia es dejar al maltratador, no poner denuncia. El factor de más riesgo que hay en violencia de género para los homicidios es la separación porque el objetivo de la violencia de género, que a veces se olvida, es el control, no es el daño. A partir de ahí se ha intentado que la justicia respalde esa decisión. Lo que a mí me sorprende es ¿por qué no se ha estudiado a fondo la denuncia que ella hace de violencia de género? No es que hace nueve años, ella dice que ahora hay violencia también. En el caso de Juana Rivas estamos viendo cómo todo eso se ha vuelto en contra de ella y, a partir de ahí, con las decisiones que se han adoptado la única salida tiene que ser la administración de justicia.

¿Violencia de género, machista, doméstica? ¿cómo debemos llamarlo?
Cuando se utiliza la denominación violencia de género se hace en un momento en el que lo que se trata es de destacar que la cultura normaliza el uso de la violencia a través de lo que son las identidades de hombres y mujeres. ¿Qué ocurre después? Pues que ya hay más géneros, ya no hay una dicotomía género masculino o femenino, hay gente transexual, o que no tienen género, son violencias que no están construidas culturalmente. Pero la violencia machista no tiene por qué ir dirigida solo contra las mujeres, también puede ir contra los homosexuales, contra muchas otras personas diferentes.

En Almería un grupo de mujeres se han organizado contra las agresiones sexuales en la Feria. Han sido muy aplaudidas pero también muy vapuleadas en las redes sociales. 
Claro, es que es muy significativo. ¿Cuál es el problema de que un grupo de mujeres se organice para evitar, informar, asesorar, a chicas, mujeres, que puedan sufrir abusos sexuales en la feria, cuando sabemos que eso se produce? Yo estaría encantado de que hubiera gente que si me roban en la feria, me informara o asesorara. Pero ya rápidamente salta la reacción de que esto va contra los hombres. Que hoy por hoy una mujer tenga que salir con cierta cautela para que no la violen, para que no la agredan sexualmente, para que no se rocen con ella, para que no la manoseen en un tumulto, en una feria, es terrible. ¿Por qué no lanzamos esos mensajes contra los chicos? No se os ocurra tocar a una chica, no se os ocurra acosarla, no se os ocurra perseguirla, tenemos que empezar a cambiar el chip, porque estamos minimizando el problema y responsabilizando a las propias víctimas de su cuidado, de su seguridad, dejando a los demás al margen del problema.

¿Qué está pasando con los jóvenes? Reciben mucha formación e información pero las evidencias dicen que el machismo ha crecido de manera galopante.
Hay varios factores. Por un lado, la educación no está entrando en el fondo de este problema, no se está trabajando lo suficiente ni con profundidad. Segundo, todos los estereotipos dirigidos a la juventud, series, publicidad, películas, videojuegos, canciones, literatura etc están cargados de machismo. Y una cosa muy importante, el 10% de nuestra infancia viven en hogares donde el padre maltrata sistemáticamente a la madre. Pero si faltaba poco está ese cambio en las mujeres hacia la igualdad, y ellos retroceden, son más machistas. Es muy peligroso porque no se está abordando, y hace que esté aumentando la violencia de género en parejas cada vez más jóvenes. Sí, tenemos que replantearnos las medidas y las políticas dirigidas a la juventud y a la infancia, esto hay que educarlo desde la guardería.

¿Cuáles son las actitudes micromachistas?
Lo micro hay que entenderlo por la baja intensidad, pero no por el significado menor. Un maltratador, para dominar y controlar, no necesita estar pegándole palizas a la mujer, pero sí cuestionar su posición y reforzarse. Los micromachismos son conductas revestidas de normalidad para intentar mantener ese espacio.

¿Qué espera del pacto de Estado que se prepara?
Todas las medidas que se recogen son necesarias pero yo creo que nace con un grave defecto, creo que debería haber sido un pacto de Estado contra el machismo, no contra la violencia de género, porque si te vas a la expresión, sin irte a la causa, nos estamos equivocando una vez más. Tú no puedes tratar el machismo como si fuera normal y luego intentar poner el dique en la violencia, porque eso no va a funcionar nunca.

¿Nos seguimos quedando en el síntoma?
Claro, porque ten en cuenta que el 80% de las mujeres no denuncian y que de las mujeres asesinadas, el 76% tampoco ha denunciado nunca, es decir, que están viviendo en violencia, que lleva a matarlas, sin que ellas hayan denunciado ni la hayan cuestionado entendiendo que tiene una solución. Eso es el machismo, esa es la normalidad, la cultura, que nos lleva a entender que eso es normal. La justicia, la medicina, la psicología, el derecho, están impregnado de machismo, es que el machismo es cultura, la gente no termina de entenderlo, cree que es un insulto, cuando es una descripción.

¿Qué se podría hacer para cambiar algo tan profundo? Es difícil.
Sí, pero no imposible. Yo creo que eso es un verdadero pacto de Estado, vamos a ponernos a trabajar en todos los ámbitos, en la educación, con los medios de comunicación, fundamental, que se trabaje y se aborde la manera de entrar en estos temas, no solo hablar de los homicidios.

Tendría que haber una verdadera convicción política, no solo postureo. 
Los partidos políticos no son tontos. Si esto le importa a un 1,4% de la población, que es lo que dice el CIS, ¿qué hago yo invirtiendo en esto? ¿por qué se hizo una ley integral contra la violencia de género? ¿lo reclamaba la sociedad, había una revolución social? No. Tuvo que llegar un político, en este caso Zapatero, que dice, esto hay que hacerlo, es más, hay un sector de la sociedad que está dispuesta a quitarte votos, si haces determinadas cosas. Llega un momento en que lo que estamos haciendo es bajar el umbral de lo permisible.

¿Cómo siendo hombre ha llegado a este nivel de conciencia sobre igualdad?
Los machistas se sorprenden mucho. Hay quien dice, este ha tenido un trauma con su padre (Risas). La primera toma de conciencia clara fue cuando empecé como médico forense, en el año 88, me impactó mucho una frase, lo de “mi marido me pega lo normal, pero hoy se ha pasado”. Una mujer llena de lesiones que diga eso, ni pedía justicia, ni pedía cárcel, ni pedía nada. Entonces empecé a interesarme porque no lo veía normal. Y luego cuando echo la vista atrás veo que desde pequeño yo he actuado de una manera diferente. Siempre lo digo como anécdota, la primera acción de igualdad que tuve fue cuando hice la primera comunión porque el cura, Padre Pedro, nos dijo en los ensayos previos, rezáis un Padre Nuestro al Señor, y yo pregunté ¿podemos rezarle también una Dios te Salve María a la Virgen? Me dijo “no, no no no. voosotros rezáis un Padre Nuestro al Señor. Y yo recé el Padre Nuestro y la Dios te Salve María. Tenía siete años.

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