EL PARTO DE LOS MONTES  por Juan Alfredo Bellón

EL PARTO DE LOS MONTES por Juan Alfredo Bellón

EL PARTO DE LOS MONTES por Juan Alfredo Bellón  EL MIRADOR DE ATARFE del domingo 15-10-2017

Cuentan las Fábulas clásicas grecolatinas que, en cierta ocasión, el vocero de los Dioses anunció a bombo y platillo la proximidad inminente del parto de los montes, un acontecimiento expansivo de las fuerzas telúricas que, según se esperaba, vendría acompañado de los atributos dinámicos propios de la diosa Gea, recién embarazada de algún titán rampante, desatado en su potencia expansiva sexual. Cuentan que todo el universo se puso de fiesta esperando como se esperaba para el parto un acontecimiento memorable, digno de Gea y de su desaforado en-cubridor, quienes lo anunciaron a los cuatro vientos cardinales y a los tres teologales de aquella mitología primitiva pero fenomenal donde todos los neonatos eran magníficamente esperados como dignos sucesores de sus engendrantes.

Pero hétenos aquí que, tras los pavorosos retumbos ancestrales y de los rayos, relámpagos y truenos consiguientes al procés, y luego de escuchar y sufrir las sacudidas premonitorias del esperado alumbramiento, se hicieron patentes los efectos presuntamente proporcionales de tan desaforadas causas en forma de un minúsculo y asustadizo ratoncillo, húmedo y tembloroso, a quien Gea miró enternecida y dijo, como aquel gay primerizo a su feto microprocesado: -”Feo pero mío”.

Y aunque aquello no fuera un agujero negro procedente del Big Bang, si se le tuvo desde entonces en gran estima en las alturas del Olimpo, allí desde donde Zeus y sus deidades gobernaban los cielos y las tierras y todos los seres vivientes que por ellos pululaban, incluídas las formas de gobierno y los resultados de las consultas y refrendos electorales en cuya virtud se determinaban las instituciones legítimas de los pueblos.

Claro que tanto jaleo para un ratón decepcionó demasiado al catalanismo expectante y puso en tela de juicio la legitimidad del procès que tantas expectativas levantara como cuando Rajoy añadía a una declaración solemne la coletilla “…o no…” que no solo ponía en tela de juicio lo reconocido anteriormente sino que lo invalidaba ad infinitum y vuelta a empezar. Claro que este mecanismo tan dubitativo no solo ha sido muy usado por Mariano sino que ahora también ha formado parte del modus declarandi del presinent Puigdemont al proclamar solemnemente el referendum catalán en forma de una República Independiente e inmediatamente abolir la tal institución dejándola en suspenso sine die en tanto no sea de nuevo declarada no se sabe si previa consulta o no o, al menos, cuando ya no haya tantos moros en la costa como hasta ahora han desembarcado para juntarse y conculcar el deseo del pueblo de dotarse de una nueva y democrática forma de gobierno.

Total que con tantos dimes y diretes no sabemos ya en qué punto del procès estamos ni cuándo habremos cumplido la andadura actual con las suficientes garantías para declarar cumplida la etapa constituyente y acabado el tránsito a la libertad. O dicho de otra forma, ignoramos si el ratoncillo neonato se habrá convertido ya en un diplodocus rampante e ignífugo capaz de crear los aparatos ideológicos y políticos del estado: fronteras y aduanas, aeoropuertos, y comunicaciones terrestres; de sistema de cobro y pago impositivos, de emisión y pomulgación de leyes y del aparato administrativo y cohercitivo necesarios para hacerlas cumplir, sistema judicial; sanitario, de servicios sociales, lúdicos, educativos, recreativos, etc. y de tantas otras complejidades como entraña una sociedad moderna y actual a la que no le basta para funcionar con la anuencia de las masas.

Estaremos alertas para observar las particularidades del proceso y de su dinámica sociopolítica y para determinar si este parto de los montes se acaba consolidando en un proceso razonablemente homogéneo y esperanzador que no atente contra las otras partes del sistema (pluri)nacional español.