HOY, AYER Y MAÑANA  por Juan Alfredo Bellón

HOY, AYER Y MAÑANA por Juan Alfredo Bellón

HOY, AYER Y MAÑANA por Juan Alfredo Bellón para  EL MIRADOR DE ATARFE del  01-01-2018

Hoy es ya primero de año; por fin ha terminado 2017 y ahora nos movemos en otra nueva dimensión anual y sideral que se aproxima al fin de la segunda década del siglo XXI. A 2017 y a esta segunda década se los ha llamado La Era de los Desencuentros: en América, entre los pro-Trump y los pro-Clinton; en las sociedades avanzadas, entre los partidarios de los hombres y de las mujeres; en España, entre paleoconstitucionalistas y neoconstitucionalistas; en Oriente Medio, entre los Jerusalem-tricapitalinos y monocapitalinos; en Europa, entre los partidarios de la unidad y los del brexit y en mi familia, entre los míos y los de la madre que los parió…(a los míos). Y así transcurre la cosa, incluyéndose y excluyéndose los unos y los otros, remando cada quien ya a su favor ya en su contra, salvándose como pueda, quien pueda y contra quien sea.

Ayer fueron todos aquellos polvos que sembraron estos lodos; es bien fácil encontrar culpas y responsabilidades mirando la corrida a toro pasado y desde la barrera. Que si la Guerra (así, con mayúsculas) y la postguerra, que si el postfranquismo y la Transición; que si la Casa Real, la partitocracia, los poderes fácticos y la Iglesia que lo fundó; sin olvidarnos de los sindicatos, la amnistía, la reforma laboral y los mismísimos Pactos de la Moncloa.

¿Significará esto que nada se ha hecho bien y que habrá que reescribir la historia? ¿Habrá que volver al pesimismo patrio que antes teñía nuestra reflexión? ¿Será que somos un pueblo gafado que nunca logrará levantar cabeza ni ganar un Campeonato Mundial de fútbol ni de Europa, ni una partida familiar de naipes o de dominó? Será que solo somos campeones en el flamenco, los toros y el hokey sobre patines, y esto último tampoco, porque se lo reservan hasta el momento los catalanes. Y en lo tocante a Dios, ya tampoco rige la opinión del emperador Carlos de ser el español la mejor lengua para hablar con él.

Habrá que encarar el mañana analizando el hoy y valorando el pasado de otra manera y conste que esto vale tanto para España como para Andalucía, si se piensa que el pesimismo nos invade por igual a españoles y andaluces en cuanto que empiezan a torcérsenos la expectativas y aún sabiendo que en nuestros días han disminuido radicalmente los complejos y mejorado bastante las valoraciones negativas al respecto, de acuerdo con la conocida opinión de Antonio Machado para quien, en lo referido a España, no están el pasado ni el mañana escritos.

Claro que lo que no se puede negar es lo impresentable del comportamiento de la familia Pujol y otros muchos clanes y políticos y políticas individuales de la post-inmediata Transición, ni los errores de miembros importantes de la Monarquía y de la Jerarquía católica, errores que contrastan con la paciencia y la rectitud ética de la mayor parte del pueblo llano y sencillo que viene sufriendo las estrecheces de las crisis y los recortes de ellas derivados viendo mermar injustamente las condiciones vitales de sus miembros más débiles: los jóvenes, los mayores y los dependientes.

Solo reconociendo el papel de cada persona y de cada grupo colectivo en estos procesos se sabrá cómo depurar responsabilidades y cómo evitar la repetición de sus errores y se podrá realizar una aplicación correctora de la justicia que garantice la depuración de las culpas del pasado y asegure su no repetición en el futuro.

Solo así, depuradas las responsabilidades del ayer, se ejecutará una política del presente que servirá para diseñar un fututo mejor en todas las clases y lugares del Estado Español a quienes desde aquí deseo un feliz, próspero y pacífico 2017, por Andalucía, España y la Humanidad y termino este exordio tomándome prestadas las palabras del nunca eficientemente bien valorado tribuno de la plebe a quien dijo en este 2017 que ahora acaba, con motivo de una no prosperada moción de censura a su inefable Presidencia del Gobierno:

-Porque yo, cuanto peor, mejor; y cuanto mejor, mejor…Y cuanto peor, peor.. y eso… ¡Demóstenes!