ÉCHALE HUEVOS  Por Juan Alfredo Bellón

ÉCHALE HUEVOS Por Juan Alfredo Bellón

ÉCHALE HUEVOS  Por Juan Alfredo Bellón  DESDE EL MIRADOR Nº 54, Domingo 31-05-2015

                 Desde el domingo pasado, ya somos otra vez (y van tres) de primera. Por arte de birlibirloque, de nuevo y contra todo pronóstico, tras haber andado más que desahuciados toda la temporada futbolística y sin que nadie diera un céntimo por el pellejo del Granada C. F. hétenos aquí que al presidente de la entidad se le iluminó el cacumen y solicitó ayuda al Cielo y allí lo asistieron en forma y persona de San Doval,

un ángel-míster que estaba parado y, además de serlo, hacía sus pinitos con la restauración gastronómica en un acreditado establecimiento de su familia y montó un plato a base de huevos, receta que la afición venía reclamando durante toda la temporada de los otros dos técnicos que por el banquillo han pasado y de toda la plantilla, siendo así que nadie la escuchó sino que, muy al contrario, tanto Caparrós (cuya Virgen de Consolación confunda) como Abel (a quien su hermano dé de nuevo caza hincándole la quijada en el cráneo) y el resto del cuadro técnico así como los jugadores, que más bien parecían inválidos tanto individualmente como en su conjunto, desoyeron la solicitud clamorosa que la hinchada albirroja les reclamaba y nadie daba un céntimo por el ay mi Granada, ay mi Granada, como decía Boabdil cuando la perdió, que por algo el foroferío granadino se hace llamar el Frente Nazarí, dado el acento melancólico, lastimero y elegiaco que sus seguidores suelen mayormente adoptar.

                Y es que en todas partes gustan determinar gramaticalmente con el posesivo mi al equipo de sus amores (Mi Beti gueno, mi Madrí, mi Barça…) como las madres y las abuelas se refieren a los hijos de sus entretelas o a los hijos de las entretelas de sus hijas. Por cierto que el mismísimo Barça ha sentido envidia de nosotros y, como todo se pega menos lo bonico, va a cambiar de look para la próxima temporada paralelizando horizontalmente sus rayas blaugranas, como las nuestras, sabedores quizá de que sus colores emblemáticos son lo verdaderamente importante por ser los del escudo del cantón suizo de donde era nativo su fundador Joan Gamper y, sin embargo, la disposición rayada vertical u horizontal solo atañe a una novedad heráldica distributiva que sirve a Nike y a las arcas del club para ganar más pasta vendiendo más camisetas.

                No somos nadie. O al menos eso parece cuando se descubre que el Barça es mucho más que un club, pero también el Madrid y el Granada y que sus enfrentamientos en la Liga y en la Copa son una metáfora de la vida y de la historia y, en concreto, el sinvivir de la afición nazarí representa la manera agónica como aquí se afronta el sentimiento trágico de la vida entre el Darro y el Genil, donde se conforma la famosa Y griega de la mala follá, esa milla de oro donde habitan las manolas y los Manueles, todo el día sufriendo por lo mal que nos trata la vida y Sevilla y ahora también Málaga, aunque a esta última se le concede el beneficio de ser más valiente que nosotros, porque los malagueños siempre se hacen una piña para defender lo suyo por encima de partidos, religiones e ideologías, y no como aquí, que no nos juntamos para defender el Atrio de la Alhambra, el Cuarto Real de Santo Domingo, la estación del AVE o el Centro Lorca, que ahora sufre un nuevo retraso sin que aquí pase nada (no es nada, es un suspiro) ni se conmuevan en sus yacijas los enterrados en las catacumbas del Monte Sacro quizá porque dentro lo que hay –como decía un abad muy ocurrente que allí regenteó– son huesos de perro. O sea que tampoco se le echan huevos.

                Y ya veremos qué ocurrirá en el plano político, recién sufragado, con nuestro mayor ayuntamiento y con la Diputación Provincial, parece que dos auténticas jaulas de grillos donde tan fácilmente se pierde la perspectiva que distingue la utilidad pública del individualismo narcisista de quienes se miran demasiado al espejo –no como Rajoy, sí como Esperanza– y se gustan tantísimo sin saber escuchar el mensaje patente y latente de las urnas.             Lo dicho, que hay que echarle al guiso ovarios y huevos, generosidad y valentía, clarividencia y responsabilidad. Casi nada. Y eso que todavía faltan las Generales y (para mear y no echar gota, en el mejor de los casos) puede que unas segundas Andaluzas.