Niños bajo presión: ¿Les exigimos demasiado? PARTE I

Niños bajo presión: ¿Les exigimos demasiado? PARTE I

Les exigimos que sean los mejores, viven a toda prisa, les organizamos jornadas maratonianas, abusan de la tecnología… y acaban tristes y estresados. Es hora de devolverles su infancia.

Alejandro está inquieto, llora sin motivo, le duele la cabeza, se queja de la tripa y sonríe pocas veces. Algo está pasando. El pediatra le diagnostica ansiedad y dice que hay que reducir el nivel de estrés y averiguar el origen del mal. Los padres creen que todo está bien, porque el niño madruga “como todos”, asiste a clases extraordinarias de ajedrez en la hora del recreo “como muchos”, después va a entrenamiento de fútbol, al conservatorio de música y, cuando no hay deporte, acude a la piscina municipal y a clases de chino. Cuando llega a casa, se enfrenta, “como la gran mayoría”, a las tareas escolares, que le ocupan el poco tiempo que resta hasta la hora de dormir. ¿Quién dijo que el estrés no es cosa de niños?

Más de un 10% de los menores españoles sufre problemas de estrés o de ansiedad.

Es cierto que el exceso de agenda no es la única causa que produce estrés en los más pequeños. También influyen el trepidante ritmo de la sociedad de hoy, la exigencia sin límite de algunos padres, las secuelas de un divorcio, el nacimiento de un hermano, la muerte de un familiar, el maltrato físico, el sentirse diferente en algo, el abuso de las nuevas tecnologías… y la personalidad, pues no todos los niños tienen las mismas herramientas para afrontar una situación que les sobrepasa. Para arrojar luz sobre esta cuestión, que tiene impacto en la salud, el rendimiento escolar y las relaciones sociales, hemos consultado a especialistas en salud mental infantil y del sector educativo y nos hemos acercado a padres que han sufrido, literalmente, el estrés de sus hijos.

Un 15% de la población española padece un problema psicológico y uno de cada ocho tiene una enfermedad mental, según el Libro Blanco de la Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid. En el caso de los niños, las cifras lógicamente bajan, pero la OMS ya ha lanzado advertencias en este sentido. No es para menos: la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés estima que más de un 10% de la población infantil y adolescente de nuestro país padece este mal.

Síntomas claros

¿Cómo podemos saber si un niño sufre estrés? El doctor Celso Arango, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y Adolescente del Hospital Gregorio Marañón, enumera las señales de alerta: trastornos del sueño, dolor de estómago, cefaleas, insatisfacción, irritabilidad, rabietas, tristeza, sudoración de las manos, cansancio, pesadillas, disminución del rendimiento escolar... “El estrés se expresa de forma muy heterogénea y actúa como una válvula que tiene efectos indeseados, porque es factor de riesgo en la aparición de psicosis tempranas y otras patologías y trastornos psiquiátricos”, matiza.

Según este especialista, el estrés es algo que, en casos extremos, tiene que ver con traumas, abusos sexuales, acoso escolar o abandono. Sin embargo, se detecta cada vez más en niños en situaciones aparentemente normales. ¿Por qué? “Las actividades extraescolares ocupan el tiempo que antes se dedicaba a la interacción con los padres y los amigos. Y nos encontramos con que la obsesión por el éxito escolar no deja tiempo a los niños para reflexionar ni sedimentar lo que han aprendido. Se necesita el juego libre para integrar los conocimientos en el cerebro. Y con la sobredosis, hay colapsos”.

Decálogo para recuperar la calma

  1. Adaptar las actividades extraescolares a sus capacidades y no a nuestras aspiraciones.
  2. Ser menos exigentes y más tolerantes, y recordarles que nadie es perfecto.
  3. Crear un clima de serenidad.
  4. Dedicarles abrazos y tiempo.
  5. Ayudarles a expresas sus emociones.
  6. Facilitarles periodos de descanso y ocio.
  7. Practicar, como un juego, técnicas de relajación
  8. Dejarles elegir sus actividades preferidas.
  9. Si es necesario, buscar ayuda profesional.

    Marta es la madre de un niño, Rafael, que un día manifestó que no quería ir al colegio. Tenía ocho años y cursaba tercer curso de Primaria en un colegio con fama de exigente en Madrid. Le sudaban las manos, se mostraba muy nervioso, su rostro se ponía lívido, tenía diarrea crónica y llegó a arrancarse las pestañas. Los domingos por la tarde ya manifestaba síntomas de pánico, hasta el punto de que se escapaba para no ir al colegio. “Una vez que descartamos el acoso, descubrimos que, cuando los resultados académicos no eran los deseados, los profesores le presionaban, le desplazaban y le señalaban. Muy a menudo, le veía con los ojos inflamados de tanto llorar. El colegio no me ayudó, hasta me decían que tenía yo la culpa –relata Marta–. Estuvo en terapia hasta que le cambiamos a un centro con un sistema educativo por proyectos, donde se trabajan las inteligencias múltiples y donde no existe el infierno de los exámenes durante la Primaria. Ahí se acabó la rabia”.

    ¿De la noche a la mañana?

    El caso de Pablo, de nueve años, es diferente. De la noche a la mañana comenzó a mostrarse muy inquieto y nervioso, y dejaba los exámenes en blanco cuando, hasta entonces, había sido un alumno brillante.

    La psicóloga dio con la clave: estaba saturado. “El estrés se debía a un exceso de responsabilidad –cuenta Lola, la madre–, porque es bastante inflexible con sus obligaciones. Esta situación le producía vómitos, así que decidimos reducir las actividades que realiza fuera del horario lectivo”.

    Para atajar situaciones como estas, el British Council ha puesto en marcha, con la colaboración del juez de menores Emilio Calatayud, una experiencia pionera: WellbeingHub, para resolver problemas vinculados a la gestión emocional en los niños. Se trabaja en tres frentes: el aula, donde los alumnos expresan sus sentimientos y se evalúa su respuesta ante problemas de ansiedad o, incluso, de acoso; los profesionales (profesores, psicólogos y responsables de la protección a la infancia); y las familias, a través de seminarios y talleres periódicos abiertos al público.

     

    CONTINUA MAÑANA   http://www.mujerhoy.com/vivir/madres/201804/01/mi-hijo-sufre-estres-20180326170748.html

  10. pilar ortega