“Invierno demográfico” se acelera en España con más decesos que nacimientos

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el número de fallecidos en España durante 2017 ha alcanzado su cifra más alta desde 1941, un dato que contrasta con el de nacimientos que no ha superado al de decesos.

Estas cifras suponen un saldo vegetativo negativo que puede tener consecuencias en la viabilidad del sistema público de pensiones. Concretamente, España registró 391.930 nacimientos en 2017, el número más bajo desde el año 1996, frente a las 423.643 personas fallecidas, un 3,2 % más que el año anterior. Esto significa que en 2017 España perdió población, algo que ocurrió por primera vez en 2015, cuando el saldo vegetativo negativo fue de 1976 personas.

Esta tendencia regresiva comienza en los primeros años de la década de 1980, cuando se pone punto y final a una línea ascendente en el número de nacimientos que tuvo su punto más decreciente en 1996, año en el que nacieron solamente 362.626 españoles, el número más bajo recogido por el INE. A partir de ese año la tendencia es positiva y alcanza su punto más alto en 2008, con 519.779 nacimientos, un crecimiento que se explica por el número de inmigrantes llegados a España a partir del año 2000.

Precisamente uno de los efectos de la crisis económica de 2008 fue una nueva caída en el número de nacidos, que se mantuvo durante los años posteriores. La razón hay que buscarla en la salida del país de un importante número de inmigrantes obligados por el aumento del paro y el deterioro de la situación económica.

Este “invierno demográfico” no es exclusivo de España y se hace extensivo a la mayoría de los países de la Unión Europea. Según datos de Eurostat ningún país miembro de la UE alcanza la tasa de fertilidad de 2,1 hijos por mujer, cifra que es considerada como la mínima para conseguir el reemplazo generacional.

En el caso de España la tasa fue de 1,31 en 2017, con un descenso de tres centésimas respecto al valor registrado en 2016, mientras que la edad media a la hora de tener un hijo ha ascendido hasta los 32,1 años, frente a los 32 de 2016, la más alta de toda la serie histórica en los estudios del INE. Unos datos negativos, que en cierto modo se compensan por las cifras de inmigrantes que vuelven a quedarse en España.

Así tenemos que de los 391.930 nacimientos que tuvieron lugar en España, 75.564 fueron de mujeres no nacidas en España, el 19,3% del total (18,5% en 2016), y la media de hijos nacidos de madres extranjeras fue de 1,70, cuatro décimas por encima de la media de hijos de las españolas. 

Esta puede ser la clave para evitar los efectos negativos del bajón demográfico, que tiene su parte más preocupante en la reducción de cotizantes, que en el sistema español garantizan a los jubilados el cobro de las pensiones públicas.

Para conseguir que el sistema continúe siendo viable es necesario que aumente la población española. Según José Luis Escrivá, presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) se necesitaría una población de 55 millones en 2050 para hacerlo sostenible.

En la actualidad residen en España 4.719.418 inmigrantes, el 10,1 % de la población total, todavía lejos de los casi seis millones de extranjeros registrados en 2011. Es decir, y siempre que se mantengan las cifras de nacimientos por parte de las madres españolas, habría que doblar el número de inmigrantes para hacer realidad las previsiones de los especialistas. EFE 

Gerardo Domínguez

“Invierno demográfico” se acelera en España con más decesos que nacimientos

 

FOTO;España registró 391.930 nacimientos en 2017, el número más bajo desde el año 1996. EFE/Archivo/Atienza