LA MITAD DISCRIMINADA  por Marta Lucena Pérez

LA MITAD DISCRIMINADA por Marta Lucena Pérez

MARTA LUCENA PÉREZ VECINA DE ATARFE, CONSIGUE EL PRIMER PREMIO DEL TALLER DE INTRODUCCIÓN DE ENSAYOS PERIODÍSTICOS DE LA FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

¿Qué le parece si le digo que desde el 8 de noviembre hasta el 31 de diciembre va a trabajar gratis? Seguramente le parecería injusto y no estaría de acuerdo, pero esta es la realidad a la que se enfrentan las mujeres españolas en el mercado laboral frente a los hombres.

La brecha salarial se define como la diferencia de salario entre hombres y mujeres, que respecto a la cantidad media percibida por hora es de un un 14,9% y respecto al salario medio es de un 24%, lo equivalente a casi dos meses de trabajo. Sin embargo la brecha salarial no es solo que una mujer cobre menos por un mismo trabajo que un hombre, sino más bien el resultado de un conjunto de desequilibrios en el mercado laboral que afectan a las mujeres.

Lo que llamamos brecha salarial sería más acertado llamarlo brecha laboral, ya que es la trayectoria laboral de las mujeres lo que provoca que cobren menos que los hombres. Esta brecha es el resultado del papel que ocupa la mujer en la sociedad, ya que quien se encarga del hogar y de los cuidados suele ser en la mayoría de los casos la mujer. La conquista del mercado laboral por parte de las mujeres se ha ido consiguiendo a lo largo de las décadas, sin embargo esta conquista no ha ido acorde al reparto de los cuidados, lo que ha originado un gran desequilibrio entre los géneros a la hora de llevar a cabo su trabajo porque la sociedad sobreentiende que es la mujer quien debe hacerse cargo de los cuidados de la casa y de los miembros de la familia.

En este contexto a la mujer solo le queda renunciar a su trabajo fuera del ámbito doméstico o convertirse en una suerte de ‘supermujer’. De hecho el 100% de los padres vuelve a su puesto de trabajo con normalidad tras ser padre, mientras que un 45% de las mujeres no regresan a su horario con normalidad una vez acabada su baja laboral. Además, las mujeres no logran los mismos empleos que los hombres. El rol femenino afecta al terreno laboral también de manera que las mujeres ocupan cargos que tradicionalmente han estado atribuidos a este género, es decir, trabajos asociados a cuidados, limpieza o asociados al sector servicios. Toda esta infrarrepresentación responde al doble papel de la mujer ya expuesto y genera el llamado techo de cristal, que no es más que el conjunto de barreras invisibles a las que se enfrentan las mujeres trabajadoras altamente cualificadas a la hora de acceder a niveles jerárquicos más altos, con independencia de sus logros y méritos.

Llegados a este punto, cuando la mujer accede al mercado laboral, independientemente del nivel, tiene que enfrentarse no sólo a los estereotipos, discriminaciones y barreras visibles e invisibles anteriormente expuestos, sino a un tipo de situaciones mucho más dramáticas. El acoso sexual en el ámbito laboral afecta según datos de la Inspección de Trabajo a casi una mujer al día en España, lo que supone que desde 2008 hasta 2015, 2.484 mujeres se han visto acosadas en su puesto de trabajo. Este mal afecta especialmente a mujeres que se ven sometidas además a una relación de poder por el acosador que compromete en muchos casos su continuidad en el puesto y provoca lamentablemente el silencio.

Pero las mujeres ya hemos despertado. La huelga del 8 de marzo dejó patente nuestra fuerza. Los retos conseguidos hasta la fecha son numerosos y esto se debe a las mujeres que han luchado con anterioridad, a pesar de que aún queda largo camino por recorrer. Para resolver esto no solo basta que exista legislación que garantice cuotas para la mujer, sino que se debe garantizar una situación que coloque en igualdad de condiciones reales tanto a hombres como a mujeres. Para esto se debe legislar sobre los permisos de paternidad, equiparándolos a los de las mujeres y haciéndolos intransferibles, llevar a cabo medidas de flexibilidad laboral y generar servicios públicos que apoyen los primeros años de infancia y los cuidados de la tercera edad y personas dependientes.

El cambio no debe ir únicamente encaminado al ámbito legislativo, se deben realizar planes de igualdad que actúen en diversos ámbitos con especial atención a la educación. La composición del nuevo Gobierno resulta esperanzadora, sin embargo un estado que propugna como sus valores superiores la igualdad y la justicia no puede permitirse que más de la mitad de su población se encuentre en clara discriminación respecto al otro género. De forma urgente se deben implementar medidas que aborden estos problemas y pongan fin a la discriminación, porque como decía Simone de Beauvoir, el problema de la mujer siempre ha sido el problema de los hombres.