En defensa del Centro Artístico de Granada

En defensa del Centro Artístico de Granada

El pasado domingo 17 de junio mandé una carta al diario Ideal para que fuera publicada como respuesta a otra carta publicada un par de días antes en las que un ciudadano criticaba el Centro Artístico de Granada, a mi manera de ver de forma injustificada y falsaria. La carta que mandé no se llegó a publicar, por lo que he decidido colgarla aquí para que quede testimonio escrito.

Post scríptum: finalmente la mencionada carta fue publicada en Ideal en su edición del lunes 16 de julio de 2018, en la página 23.

Fuente: Reglamento Centro Artístico, 1893, pág. 44

En defensa del Centro Artístico

Leo con interés y asombro en Ideal una carta de un tal Rubén Darío Vallés Montes en la que critica la etapa actual del Centro Artístico a la que acusa de ser todo lo contrario a la primera etapa del mismo, en la que según él había  vanguardia, creatividad e innovación. Estuve vinculado al Centro Artístico durante un tiempo hace unos pocos años, gracias a la campaña de reflotamiento de dicha institución que lograron acometer su actual presidenta y otras personas que ocupan la Junta Directiva. Entonces, yo rondaba los 30 años, un joven amante de la cultura y el patrimonio de nuestra ciudad, y es por ello, por la juventud que entonces y ahora tengo, más la juventud de otras personas vinculadas al Centro, por lo que vengo a llamar la atención de uno de los puntos de dicho escrito.

El autor critica que ahora el Centro viene a ser un casino de pueblo en el que socios ancianos se reúnen sólo para leer y jugar sus partidas. Poco o nada se ha adentrado a mi juicio el autor en el verdadero ser del Centro y su fomento de las artes, la cultura y la defensa del patrimonio granadino. Pues las actividades culturales y artísticas del mismo van más allá de las paredes del edificio que las alberga, si bien las que se celebran en él son ya de por sí notables, y con personas con edades muy diversas, desde jóvenes hasta los más ancianos.

Parece que el autor abomina en cierta manera de las personas mayores, y de su supuesto “conservadurismo”, pues ya lo puso de manifiesto en otra carta en Ideal hace poco. Tan revolucionario que es él, veremos si cuando llegue a mayor sigue siendo tan provocador e inconformista, actitudes que por otro lado no son en sí negativas. Pero tornan en ridículas cuando se espetan en base a falsedades para denigrar. Intenta afear el nombre del Centro adjudicándole además un trasfondo reaccionario. Porque, ¿qué si no es esa mención al águila de su fachada para vincularlo con el franquismo, indicando una fecha como la de 1952? Águila que como símbolo del Centro ya aparece en la primera etapa de la institución a finales del siglo XIX, sí, esa que tanto alaba el autor del escrito. Y va más allá, al juntarlo con las “dos banderas españolas roídas” que cuelgan en sus balcones y que se colgaron como tantas otras en los balcones durante el proceso independentista en Cataluña.

Supongo que por el origen catalán del autor, en unos momentos políticos como los actuales y la simpatía que profesa por los Comuns de la Colau, le chirríe esos colores y lo que representan. Igualmente, es de suponer que si el Centro hubiera colgado la bandera de Andalucía no hubiera puesto objeción alguna. Como cada uno lo ve de una manera diferente, para mí esos colores engloban dentro de sí tanto a la bandera andaluza como a la senyera catalana. Pero esto es lo de menos. Toda esta diatriba contra el Centro Artístico es el resultado del rencor, el resentimiento hacia el Centro del que previamente se quería aprovechar. Según vemos en el blog de dicho autor, escrito por él mismo, se le propuso escribir un texto para el último Boletín del Centro Artístico, y ante las negativas que esgrimió para corregir algunas cuestiones tras las recomendaciones de corrección, se rechazó su inclusión en el Boletín. He aquí a mi entender el motivo principal del ataque de este segundón Rubén Darío al Centro Artístico.

Este joven intenta demostrar lo que él considera su valía literaria, cosa que me parece correcta y legítima, pero ante una negativa justificada se lanza a degüello contra una institución señera que hace mucho por la cultura en la ciudad. Yo también he escrito textos para diversas publicaciones o concursos literarios, y cuando éstos no se han publicado o seleccionado, sea por el motivo que sea, no voy despotricando, sino que me sirve para mejorar en mi escritura, intuyendo que haya sido la calidad del escrito el motivo por el que no se haya publicado. Si dicho escritor tanto critica la falta de juventud y estímulo en la institución, que sea constructivo de verdad y aporte su sapiencia en sus reuniones, que seguro su Junta Directiva estará dispuesta a escucharle y promocionar las actividades que recomiende en pos de la cultura en Granada.

Periodistas aludieron a las críticas que este escritor, segundón Rubén Darío, en sus obras literarias hace sobre lo políticamente correcto y la sociedad consumista, de la cual es difícil no ser como el rebaño. Estoy de acuerdo con él en ello. Él, que se califica como elemento crítico, en cuanto al rebaño quizás no sea la oveja negra del mismo, sino más bien la mosca cojonera de todo corral. Aunque estoy seguro de que él estará encantado de serlo, al ser un amante de la crispación. Yo también soy crítico, ahí va la mía.

Francisco J. Canales-“Azaustre

Licenciado en Historia y Máster en Claves del Mundo Contemporáneo por la Universidad de Granada. Máster en Archivística por la Universidad Carlos III de Madrid

Granada

https://kanalakgranatensis.blogspot.com/2018/06/en-defensa-del-centro-artistico.html?m=1