El aceite de coco es ‘veneno puro’, según una profesora de Harvard

El aceite de coco es ‘veneno puro’, según una profesora de Harvard

Aunque se comercializa como la opción saludable del aceite, la realidad es que tiene un nivel muy alto de grasas saturadas, una de las peores cosas que puedes comer, dice Karin Michels, experta en epidemias de la prestigiosa universidad

En los últimos años hemos visto proliferar en tiendas de comida saludable, incluso en los supermercados que la ofertan como alternativa al aceite de oliva tradicional, el aceite de coco. Pero una epidemióloga de la Universidad de Harvard que se llama Karin Michel, desmonta el mito de estos alimentos y dice que la moda por el aceite de coco está esparciendo una sustancia en el sistema alimenticio que es de las peores para la ingesta. De hecho, la califica como “veneno puro” en un vídeo que han colgado en el portal YouTube sobre una conferencia que dio la científica al respecto y que supera ya el millón de visitas.

Se titulaba Aceite de coco y otros errores nutricionales, y dio la conferencia en la Universidad de Freiburg, donde también trabaja como directora del Instituto para la Prevención y la Epidemiología Tumoral. La doctora basa su advertencia sobre este aceite en la elevada proporción de grasas saturadas en el aceite de coco, que eleva los niveles del colesterol LDL –el llamado malo- y con ello el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. El aceite de coco contiene más del 80% de grasas saturadas, dos veces más de lo que se encuentra en la grasa de la carne de vaca, por ejemplo.

La Asociación Norteamericana del Corazón estudió el impacto del aceite de coco entre un grupo de alimentos, y la mayoría de los americanos identificaban este producto con algo saludable, pero el informe de este organismo, desaconsejaba su consumo.

Varias organizaciones han emitido advertencias similares, aduciendo que se puede usar en una dieta, pero en pequeñas cantidades y como parte de una ingesta equilibrada. En cuanto a cifras, este aceite contiene un 86% de grasa saturada, un tercio más que la mantequilla, lo que se asocia con el colesterol en sangre, que a su vez conlleva riesgos de enfermedades coronarias y apoplejía.