” EL 25N Y LA SOCIEDAD ATARFEÑA” por Jose Enrique Granados

” EL 25N Y LA SOCIEDAD ATARFEÑA” por Jose Enrique Granados

El dia 25N celebramos el día internacional contra la violencia de género que está presente en la sociedad en forma de agresiones y abusos con miles de víctimas en todo el mundo. Hace unos años en el especial de las fiestas de IDEAL, nuestra amiga Ana María Guerrero Pozo escribió sobre los malos tratos, artículo que transcribimos a continuación.

“Se que hay muchos artículos en periódicos y revistas que hablan sobre este tema, pero no quería dejar pasar la ocasión para manifestar mi entera repulsa ante estos hechos, y dar mi opinión junto a algunas ideas, que ojalá puedan ayudar a alguna de esas mujeres a quitarse el yugo que las oprime.

Pienso que es un deber de todos, el poner nuestro granito de arena para que esta sociedad sea un poco más justa y dé la clave para que cada vez ocurran menos casos de malos tratos. La mujer, en esto, tiene el papel más importante, pues ella es la que puede dar las pautas para una buena educación, desde la cuna, enseñando a los hijos el respeto y cariño hacia los demás, que la madre no es una “mula de carga” siempre dispuesta a todo, a no estar siempre con el varapalo para hacerte obedecer, pues siempre se ha dicho que se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre.

No existe un tipo de mujer predispuesta para recibir un trato vejatorio e inhumano por parte de su “marido”, pues hay muchas diferencias de clase, educación, cultura, etc., lo que las une, es el aguante ante este tipo de vida y el no demostrar al exterior el infierno que les supone el día a día. Yo no entiendo a algunas de esas mujeres cuando dicen “sufro, pero lo quiero mucho” y “no soy capaz de dejarlo, pues luego se arrepiente y parece otro”. Son mujeres “anónimas”, indefensas, humilladas muchas veces, menospreciadas, que se vuelven incapaces de defender a sus hijos y a ellas mismas, ante ese tirano despreciable que es su “marido”.

La mujer siempre ha estado muy presionada socialmente, y en muchos casos ha pasado del maltrato del padre al maltrato del marido. La mayoría de las veces está frustrada, tanto si trabaja fuera de casa, como si no. Casi ninguna tiene las mismas oportunidades que el hombre y eso puede llevar a la desesperación, a auto marginarse y a aguantar todo lo que le echen, pensando que no tiene otras salidas. La falta de autonomía económica, entre otros factores, favorece la aparición de situaciones de fuerte dependencia que las hace más vulnerables y puede llegar a constituirse en un foco de violencia continuada.

Las mujeres del siglo XXI siguen siendo víctimas de la violencia masculina, tienen aún demasiados obstáculos para acceder al poder, cualquiera que éste sea, pues aún vivimos en una época machista.

La lectura de un libro escrito por el Dr. Miguel Llorente Acosta, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, me ha resultado muy impactante, tanto su título “Mi marido me pega lo normal”, como su contenido. El autor cuenta su experiencia como médico forense, y él mejor que nadie sabe cómo la brutalidad se oculta, se disfraza y se convierte en algo cotidiano de la vida en pareja.

El reconocimiento de las agresiones está obstaculizado por una multitud de creencias, explicaciones y justificaciones incluso por parte de las mismas mujeres y por las madres de éstas. Siempre se trata de justificar al verdugo y de cubrir las apariencias. Cuando la mujer recibe el primer golpe se queda inmóvil, vacía, incrédula ante su destino, llena de dudas y sabiendo que será el primero de una cadena. Se encontrará sola para abordarlo, nadie le echará una mano, la misma familia no sabe si está bien o si está mal, si el motivo está “justificado”, si la culpa es del marido o de ella misma que “provoca” la agresión. Existe un enorme desequilibrio de fuerzas a favor del agresor, del hombre, y la mayoría de las mujeres esperan recibir más “palos” en muchos años, hasta darse cuenta de que no se trata de un mal sueño sino de una realidad injusta contra la que se puede luchar, aun en contra de sus propios hijos. Hay mucha gente, quizá demasiada, que trata de minimizar la importancia de los malos tratos, creen que los “trapos sucios” hay que lavarlos en casa porque son problemas “privados” de la intimidad de la pareja.

Existen muchos dramas en el camino, uno de ellos es cuando las víctimas dan el paso para denunciar el calvario que es su vida, las mismas fuerzas del orden las hacen desistir del empeño de denunciar hasta que pasa lo peor y ya… no hay remedio. Si consiguen salvar este obstáculo y llegan a juicio terminan, en algunos casos, con la absolución del acusado o en una detención ridícula comparada con el mal que ha hecho.

Yo me hago algunas preguntas: ¿por qué siendo la víctima, se tiene que ir de su casa, de su entorno familiar, en algunos casos estar “prisionera” y vivir otra vida distinta a la suya? ¿Porque ese desarraigo de su vida anterior, cuando lo único que ha hecho es aguantar y sufrir? Se hacen estadísticas sobre el número de mujeres que mueren por malos tratos, ¿y las que llegan al suicidio por no poder afrontar, no sólo los malos tratos físicos, sino las vejaciones y la poca estima que se llegan a tener ellas mismas?

Según fuentes autorizadas en la materia la mente del hombre y de la mujer son diferentes. El hombre está menos preparado para ver sus problemas internos, sus comportamientos, sus sentimientos. La mujer se siente mucho más libre para profundizar en ella misma. Al hombre que maltrata le es difícil enfrentarse a sus errores, a sus frustraciones, se ríe de sus ataques de cólera y lleva la negación de lo que ha hecho a límites extremos, no puede ver que nada de lo que ha llevado a cabo, éste mal, por lo que no siente culpa, es frío en sus motivaciones y según algunos reputados especialistas “tiene mucho que ver la infancia y el aprendizaje de cada individuos para llegar a cometer estos actos”.

La pasividad y la agresividad son actitudes que están sumamente unidas, y una persona que haya aguantado mucho durante su vida, que lo hay pasado mal, aunque en principio sea buena, puede hartarse de todo y llegar a lo último, dar muerte a una persona.

Por desgracia el número de mujeres que mata, para librarse del maltrato físico y psicológico es elevado. Afortunadamente el futuro se presenta esperanzador, ya han comenzado a surgir en el país numerosas asociaciones dispuestas a hacer visibles nuestras reivindicaciones. Nos hemos montado en el tren para poder avanzar y ver la realidad que esta sociedad patriarcal y androcéntrica, nos ha adjudicado a hombres y mujeres, lo que nos permite actuar en consecuencia, a todos y a todas, sea cual sea el sector social al que pertenezcamos y olvidando todo lo que aún nos divide: mujer, hombre, heterosexual, homosexual, etnias, razas, color de piel, creencias, etc.

Bien sé que no abordo hoy un problema “exclusivo de las mujeres”, sino una cuestión que nos afecta a todos por igual. Mientras haya mujeres que oculten los hechos y digan: “tengo que aguantar por el que dirá la gente” o bien “adonde voy a ir yo si le dejo”; o haya hombres que cuando se consume la tragedia dicen, paradojas de la vida, “era a quien más quería”.

Creo que lo que más separa a hombres y mujeres es el poder y la fuerza, y añadiría la desigualdad manifiesta en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, así que impliquémosles a ellos. Ser mujer es algo grande, no es igual a ser hombre, es, tal vez, un poco más, así que, adelante”.

 

Fotografía de Paco García Aguilera.

Curiosidades elvirenses.