«INUNDACIONES EN ATARFE» por Marcos Antonio Lamolda Palacios

«INUNDACIONES EN ATARFE» por Marcos Antonio Lamolda Palacios

Desde mediados de septiembre pasado hemos sufrido en Atarfe varias inundaciones. A veces se quedaba en corrientes más o menos importantes, sin otro efecto mayor. Mas en las partes bajas del pueblo, la situación como en numerosas ocasiones pasadas es otra: entrada del agua en los garajes y plantas bajas de las viviendas.

La situación empeora, no porque llueva más, sino por el aumento de viviendas construidas sobre terrenos que antes eran hazas. Donde antes el agua quedaba retenida ahora corre apenas caen cuatro gotas. En otras poblaciones como Riofrío, Campillos, Teba, que nos son cercanas y otras más lejanas del área mediterránea, la situación ha sido trágica. En este grupo ocurre eso porque los barrancos y ríos están junto a las poblaciones  o las atraviesan.
Para estos casos la solución es difícil, sobre todo porque hemos sido “nosotros” quienes hemos invadido con nuestras construcciones las llanuras de inundación de los ríos o sus márgenes, incluso hemos construido sobre los barrancos u otras estructuras dependientes de la acción fluvial, aunque sea de escasa frecuencia a escala de nuestro propio tiempo. Los ayuntamientos, de cada momento con escasa visión de la seguridad y en contra de la ley, aprobaron esos planes “urbanísticos”.
Causas de las inundaciones
En Atarfe, ese tipo de fenómenos se conoce bien. El último en 1956, unos meses después del terremoto de abril. Una riada procedente de los barrancos que hay al NE de Albolote, tras atravesarlo , llegó a Atarfe, pero solo anegó la vega pues las aguas fueron encauzadas por el Barranco del Canalillo, que entonces estaba en su estado natural, sin ocupar ni modificar.
También ha ocurrido en La Cañada y aguas abajo hasta la calle de El Barquillo, cuya zona baja es el antiguo cauce de ese barranco, y en este caso con consecuencias graves. En ambos barrios se ha construido sin tener en cuenta que se estaba haciendo sobre un cauce y su zona de influencia. Ha habido suerte que en los últimos tiempos no haya habido tormentas fuertes entre la sierra y La Cañada, pues en caso contrario las desgracias hubieran sido mayores en comparación con las de antaño, ya que ahora no existe cauce natural para desalojar el agua.
Algo similar puede preverse para casi toda el área que se ha construido al Este del pueblo, desde el Instituto Iliberis hacia Albolote, y la zona de vega ocupada al Sur del Barranco del Canalillo y de la antigua Acequia (hoy calle La Vega). Las construcciones se hicieron sobre el cauce, alterándolo, y su área de inundación. En las partes más bajas o próximas al Barranco del Canalillo se añade la proximidad del manto freático (1 o 2 m) por lo que no es excepcional que en algunas viviendas y edificios públicos (Centro Cultural Medina Elvira) las bombas tengan que achicar el agua que mana día y noche.
En los últimos 10 años la construcción de esos nuevos barrios ha producido un aumento de las aguas de lluvia superficiales en cuanto hay la más pequeña tormenta. Un pésimo alcantarillado, insuficiente para retirarlas, es la causa inmediata. No hay suficientes sumideros ni el diámetro de los tubos da cabida al agua, así que en cuanto caen 8 o 10 litros/m2 en 10 o 15 minutos, ya lo tenemos todo bajo una manta de agua: semisótanos y plantas bajas inundados, “fuentes” espontáneas debido a la carga/presión producida ¿Qué ocurriría si el tiempo de lluvia o su intensidad fueran el doble?
Estamos siendo avisados, pero parece que no se escucha el mensaje. Hace varios años que se levantó la calle Real y, hasta donde sé, se construyó una galería o bóveda amplia para dar salida a las aguas de lluvia de las calles que venían de las antiguas eras: S. Pedro, Cedazos, etc.. Esa construcción fue oportuna pero solo un alivio temporal. Con la construcción y urbanización, desde La Cañada, pasando por el barrio de Sta. Amalia, hasta el Pº de la Redonda y av. Iliberis (el Toro), casi toda la lluvia corre libremente (antes era absorbida por las hazas, las eras y otras superficies sin asfaltar). Probablemente, esas aguas superficiales sean ahora varias veces las de hace 50 años, y salvo la galería mencionada de la calle Real todo el alcantarillado sigue igual, y el instalado en los nuevos barrio ni ayuda ni es suficiente para su barrio.
Los dos problemas y posibles soluciones
Atarfe tiene dos problemas distintos con el tema de lluvias: por un lado los dos barrancos y por otro las aguas superficiales en el casco urbano. En el caso de los barrancos las inundaciones serán importantes, en algunas ocasiones, en las zonas por las que discurren, a largo plazo y de pronóstico difícil, dadas las características de nuestra climatología, p. ej.: barrios de La Cañada y de El Barranco (cuyos nombres no son casuales), y aguas abajo el barrio de los Toreros. De igual modo para el Barranco del Canalillo, desde su cruce con la av. Iliberis, zona escolar de la av. de Andalucía, c/ Daraxa y aguas abajo: Centro Cultural Medina Elvira hasta la Casita de Papel …  La solución es difícil más que nada por la construcción realizada sobre ellos y sus cercanías, algunas muy recientes incumpliendo la ley de protección de los cauces naturales. Se ha actuado contra la propia naturaleza y ahora tiene un vecindario afincado ¡un desastre socioeconómico y un atentado ecológico!
El problema originado por las aguas superficiales es reciente, ocurre todos los años tantas veces como tormentas hay, y ha aumentado durante los últimos quince años por la urbanización desmesurada (por el ayuntamiento se declaró una parte importante del término municipal como urbanizable) y no se instaló un alcantarillado acorde con las aguas a retirar – me ha contado un testigo que al resaltar esa circunstancia la respuesta de la autoridad municipal fue que él no iba a enterrar el dinero. Estas inundaciones tienen solución, aunque costosa. Habría que construir una red principal de galerías, como la de la calle Real,  que recogiera las del alcantarillado actual o una parte del mismo y duplicar, al menos, el número de sumideros, de forma que diera cabida al agua de lluvia de las tormentas habituales. Así se evitarían las corrientes superficiales excesivas, las surgencias por carga, etc. También, para no seguir aumentando el problema, no se debería construir más en las zonas bajas del pueblo y promover la rehabilitación y uso de las viviendas vacías (hay unas 2000 en el pueblo, según manifestaciones del propio ayuntamiento).
De cara a las próximas elecciones municipales sería esencial que los atarfeños tomaran conciencia de estos problemas, de sus soluciones factibles, y les pidiéramos a los candidatos a administrar el Ayuntamiento que nos expusieran su plan para remediarlo. Tal vez, tendríamos más elementos de juicio para elegir entre las diversas opciones.
(la foto corresponde a las lluvias del 18 de mayo, 2018; las de otoño fueron más importantes – es el cruce de la av. de Andalucía con la c/ Padre Manjón)