LA PODA  por Juan Alfredo Bellón

LA PODA por Juan Alfredo Bellón

LA PODA por Juan Alfredo Bellón para EL MIRADOR DE ATARFE del domingo 03-02-2019

Hablando en términos comerciales, o mercantiles, o mejor dicho en términos agrícolas, qué más da, febrero en un mes no hábil, sin tono vital. Si usted vive en el Albaycín y se le ocurre salir de su casa para tomar el pulso a la parte agropecuaria de la ciudad, tendrá que empezar por reconocer que en febrero están las ciudades medio muertas, es decir bajas de tono vital y agrícola propiamente dicho, como invernando y sin energía, vamos, en barbecho. Un poner, la sabia no discurre por sus venas ni la clorofila por sus calles y plazas, y sus yemas andan como achicharradas por el calor del fuego abrasador del sin vivir que las lleva a quemarse y a aparecer negras como el tizón. En febrero no somos nadie aunque nos preparemos para serlo. Por no tener, no tenemos ni sol ni sombra ni perrito que nos ladre y además se nos hiela la clorofila en las venas y los tallos y no sabemos qué hacer con ellos, sin flores ni frutos o si agarrar las tijeras de podar y no dejar manga con capirote, rama con capullo ni hoja con pedúnculo.

Y sin embargo, febrero no es la desolación definitiva. Si aprendemos a contemplarlo y a sobreentender que sus grises serán los verdes del mañana; sus azules, los marengos y sus calderas, los turquesas. Hay que entenderlo todo al revés y estar convencido de que las sombras de los cipreses no son todavía tan alargadas sino rechonchas y las de los olivos no son todavía tan orondas sino retorcidas y melodramáticas y tragicómicas como las sillas que dibujaba Federico García Lorca, exponentes del mundo flamenco y llenas de su personalidad.

Traigo esto a colación porque ahora, en la esfera de lo inter-regional, cuando sobrevolamos el conflicto venezolano, tenemos el privilegio de poder comparar aquella peripecia nacional e internacional con las nuestras en el País Vasco o en Cataluña y comprobaremos que el galimatías de intereses y fuerzas institucionales que allí pugnan han estado en todo momento calmadas o equilibradas entre nosotros gracias a nuestra Constitución, que determina los contrapesos necesarios para estabilizar las contradicciones, incluso antagónicas, y hacer perdurar su virulencia con el casi normal desenvolvimiento de la vida ciudadana, cosa que, por lo que intuimos hasta el presente, va a ser muy difícil en el caso del conflicto institucional venezolano, no solo por la presión descomunal que sobre aquel país se ejerce desde las cancillerías de varias primeras potencias extranjeras, sino porque los antagonismos entre grandes bloques o sectores sociales y profesionales de dentro del país no se conjugan con la consiguiente flexibilidad en la vida cotidiana de Venezuela donde la existencia de grandes reservas de petroleo no palía sino que exacerba los citados antagonismos que no desaparecen sino que se encrespan con la participación de los militares en la política cotidiana nacional.

Por todo lo cual hará necesario el máximo despliegue de fuerzas constitucionalistas militares que habrán de desoir los cantos de sirena que constantemente pretenderán embancarlas en tentaciones extraconstitucionales ajenas al principio moderno de profesionalidad y neutralidad de las fuerzas armadas en política y evidentemente este no fue el caso de lo defendido por Hugo Chávez y por su sucesor.

En esta línea va lo expresado por Pedro Sánchez en las últimas horas apoyando las aspiraciones populares venezolanas en línea con las resoluciones y análisis tomados en consideración por los dirigentes mundiales de la Segunda Internacional que apuesta por reincorporar a Venezuela al grupo de los países americanos que tratan de imitar ese modelo social moderado con el que piensan contrapesar la influencia del modelo cubano en la región y definir la atracción del modelo mexicano de López Obrador en los procesos en curso durante esta segunda década del siglo XXI prefigurando así una poda inteligente en los re-acomodos internacionales americanos de nuestros días cuando ya se descuentan las políticas de los posibles herederos norteamericanos del pato Donald, digo de Ronald Trump. Seguiremos observando estos fenómenos de masas en América Latina y nos mantendremos a la espera de la evolución de los acontecimientos.