DE TRONOS Y DE PALMAS… (ELECTORALES)Por Juan Alfredo Bellón

DE TRONOS Y DE PALMAS… (ELECTORALES)Por Juan Alfredo Bellón

DE TRONOS Y DE PALMAS… (ELECTORALES)Por Juan Alfredo Bellón para el MIRADOR DE ATARFE del domingo (de Ramos) 24-04-2019

Para que nadie crea los augurios que ahora tanto se llevan, ya, contra todo pronóstico y contra la circulación de tanto mal presagio, ha llegado la Semana Santa y el Domingo de Ramos del que se decía, en épocas de economía revenida y agropecuaria, que al que no estrenara, se le caían la manos pues, por aquellos tiempos de Mari Castañas, estrenábamos, si es que estrenábamos, una vez al año y a veces, era de nuestros mayores, un traje vuelto del revés por el sastre de confianza familiar, que se delataba por dos cosas: por ser de una tela inusualmente buena y por llevar dos bolsillos pequeños en la zona alta del pectoral de la chaqueta, uno para el pañuelo en su reencarnación actual y otro para lo mismo en la recién pasada, por lo que la chaqueta llevaba cuatro bolsillos exteriores en la delantera que eran delatores de esa reutilización; además, podía traslucirse por la relativa pericia del ropero al adaptar la talla siempre menor de la original, que el difunto había sido mayor, y además que fumaba y había dejado en la tela original alguna chamuscadura como prueba de su afición nicotínica.

Recuerdo también, en los trajes paternos vueltos de aquella época mía de zagalón, que tenían el fondo de los bolsillos rasposo y lleno de sal pegada a las costuras, residuo de las panzadas de pipas tostadas de girasol que compraba con la totalidad de mi asignación semanal dominguera, de 2’50 pesetas, para chuches,estampas coleccionables y otras gavelas festivas: la lengua como un estropajo y el paladar como un corcho reseco con una rigidez que solo se humedecía cuando le adivinábamos las tetas a Kim Novak en aquellas pantallas cinematográficas superpanorámicas de Cinemascope.

Y luego venía la interminable hilera de palmas de La Borriquilla, provinientes de los inmensos palmerales levantinos de Elche, que flanqueaba el descomunal trono del escultor malagueño Francisco Palma Burgos sobre cuyos tres pisos se empingorotaba el grupo escultórico de la pollinica escuálida, su divino jinete y un borriquillo recién destetado que le guardaba en paralelo su costado derecho.

Se habrá entendido que hablo de Úbeda, mi pueblo natal, adonde viajábamos anualmente por Semana Santa a pesar de residir el resto del año en Sevilla, y donde admirábamos ingenuamente la simplicidad del nacional-catolicismo de postguerra, frente al boato barroco-tridentino de la que aún no era la capital política de Andalucía donde ya entonces imperaba el gusto tradicional de lo sevillanos capillitas y ahora el recién entronizado de los de Vox.

Un año, se averiaron los frenos en la rampa de bajada del referido trono y el conductor torció el volante a tope para que el mastodonte se sujetara en su caída libre dejando caer su peso contra el muro exterior de la iglesia, con tan mala fortuna que, el paso de tres pisos del barroco malagueño de postguerra, el aparatoso chasis metálico que lo soportaba y las tres esculturas burrihumanas (Jesús saludando a la multitud con una palma en la otra mano, cabalgando en la pollinica acompañada de su retoño, en vez de dar violentamente con la pared eclesial, lo hicieron contra “el Pollo”, que estaba involuntariamente interpuesto en su veloz camino e hiriendo al esforzado fotógrafo, experto en reportajes de bodas e instantáneas de Semana Santa, tanto que fotografió su propio aplastamiento y sobresaltó a las arpías populares ubetenses que declararon el estado de rumor porque el Señor había roto la abstinencia por comerse un pollo; cosas veredes…

Desde entonces, guardaba yo estas cosas en mi corazón, todavía creyente, y las contrastaba con los cambios populares de opinión que, solo tres días después, sentenciaron fríamente al mismo Jesús de Nazaret gritando a Pilatos unánimemente que lo crucificara, en un ejercicio aparente de democracia popular interna y plebiscitaria de esos mismos que ahora tanto solicitan y tanto escatiman y han comenzado su campaña electoral ¡en Covadonga! Don Pelayo (que es como llamaban los comunistas en la clandestinidad a Santiago Carrillo) los asista e ilumine y libre del mal. Amén.