La pedagogía del querer

La pedagogía del querer

Hemos olvidado el poder de los abrazos, de los besos, de las miradas a la hora de EDUCAR. El lenguaje de las emociones que hablan desde el corazón, ese que explica todo lo que nos corre por dentro.

Ese idioma que mima, que protege, que crea vínculos.  Que regala oportunidades, que motiva, que nos ayuda a querernos. Que construye puentes, que cura heridas, que regala oportunidades.

Educamos con pocas muestras de cariño, de amor, sin ser conscientes de la facultad que tiene el afecto a la hora de acompañar. Buscamos metodologías innovadoras que nos acerquen a un mejor rendimiento olvidando cuidar la emoción, el apego, las muestras de cariño.

Creo que en la educación actual FALTAN abrazos que arropen, miradas que contagien esperanza, besos que acaricien el alma, silencios que protejan. Muestras de amor que creen compromisos, que  faciliten la comunicación afectiva, el sentimiento de empatía, la comprensión. Gestos que diseñen caminos, muestras de amor que fortalezcan el desarrollo, que contagien ternura. Palabras que recuerden a diario a nuestros pequeños que estamos a su lado de forma incondicional, pase lo que pase.

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Ojalá fuésemos capaz de poner de moda la pedagogía del querer, del amar sin medida, del crecer de la mano. Esa que acompaña a nuestros pequeños sin gritos, que impulsa a soñar, que encoraja sin allanar el camino. Una metodología donde prime la paciencia, la confianza y la ilusión.

  • Eduquemos con BESOS que regalen consuelo, que cicatricen heridas, que acaricien las penas con suavidad. Envueltos en risas y carcajadas que ayuden a llevar mejor los malos tragos, que guarden secretos o pidan perdón. Repletos de confidencias, de secretos, de protección.
  • EDUQUEMOS con ABRAZOS que se amolden a todos los cuerpos, que acompañen silencios, que inyecten energía. Que rescaten esperanza, ahuyenten al miedo y abriguen sentimientos. Que transmitan calma, que reinicien por dentro. Abrazos que carguen de optimismo, que contagien de razones, que guarden secretos.
  • EDUQUEMOS con MIRADAS que provoquen ternura, roben sonrisas y ericen la piel. Que entiendan los tropiezos,  sanen heridas y  animen a asumir nuevos retos. Miradas que pidan disculpas, den las gracias o espanten fantasmas. Que ayuden a responsabilizarse y alienten a trabajar.
  • EDUQUEMOS con PALABRAS que acerquen distancias, que nos hagan poderosos. Que entrenen para vivir exentas de reproches, de etiquetas, de por qués. Que estrechen vínculos, que perdonen las salidas de tono, que apaciguan la rabia. Palabras llenas de energía, de soluciones, de refugio que engrandezcan el talento.

Ojalá aprendamos a creer en el PODER de las palabras, los abrazos, las miradas y los besos que tanto nos reconfortan como la mejor metodología para EDUCAR.

by Sonia López “Experta en Educación para Padres”

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