TUBERÍAS, FONTANAS Y CAÑERÍAS por JUAN ALFREDO BELLÓN

TUBERÍAS, FONTANAS Y CAÑERÍAS por JUAN ALFREDO BELLÓN

TUBERÍAS, FONTANAS Y CAÑERÍAS por JUAN ALFREDO BELLÓN para EL MIRADOR DE ATARFE del domingo 08-09-2019

Dicen las buenas lenguas que septiembre es el mes de los arreglos: nos aviamos la dentadura, el reloj y el teléfono celular; la ropa de temporada que se nos estrechó a consecuencia de la ingestión descontrolada veraniega; el sistema digestivo y depurativo y los asuntos sanitarios pendientes de arreglo y mediana solución. Así nuestro Rey Emérito, al que ahora, al cesar en la vida pública, ya no sé exactamente cómo llamar, ha pasado por una clínica madrileña para que le arreglen las bajantes. Bueno, ellos primero han hablado de tres baypases reales, que son tuberías empalmadas, pero luego se ha filtrado a los paparazi que le han tocado (por do más pecado había, es decir el escroto) y otras bajantes urinarias de las que ya parece completamente hábil como no podía ser por menos en tan bullicioso señor Borbón quien, a sus ochenta y pico de años está de muy buen ver y de mejor y más hacer, tanto que tiene a la Reina Sofía (una profesional en toda regla) cosida a la cabecera de su lecho hospitalario, y a sus hijos nietos y demás regia familia, pendientes de la salud del descacharrado monarca, yacente y doliente por la edad, las cosas de la vida y su consabida tendencia a los deportes de riesgo entre los que se encuentran el salto del tigre y la caza mayor en Boswana, actividades cinegéticas de las que ya se ha disculpado públicamente y en las que ha prometido no incurrir de nuevo.

Total que lo han dejado como nuevo y con la conciencia tranquila al no haberse podido ni querido fugar con Blanca Fernández Ochoa que desgraciadamente acaba de aparecer muerta en la sierra de Madrid, ni con ningún otro prófugo de la Jet Society International. Y en cuanto a las fontanas, de esa misma palabra, en italiano, deriva el término español fontanero, referido a esos profesionales de las conducciones del agua y los desagües líquidos públicos y domésticos, sobre los que decía mi padre, en un alarde de machismo populista a los que era difícil sustraerse en épocas de mayor predominio patriarcal, que donde hay mujeres y cañerías nunca faltan puñeterías.

Pues eso, que en casa de los Borbones, escroto de palo y siempre nos sobrarán complicaciones, de un lado, relacionadas con la fidelidad en el sexo y otras prácticas adyacentes, pero tampoco nos faltará limpieza y seguridad en otros aspectos importantes de la vida pública cuales son la fidelidad constitucional por encima de todo y el gusto placentero por el circo, los toros y el Paris bien vale una misa, sin Notre Dame y sin Almudena, aunque haya que celebrarla en el coso de Las Ventas. ¡Bonicos son ellos!

Cuando se ponderaba y se reconocía el mérito institucional de los Medicis en Florencia, se estaba alabando el papel de una saga de dirigentes europeos que fundaron y ofrendaron grandes personalidades a la causa de la construcción institucional de los herederos del Imperio Romano, del Sacro Imperio Romano Germánico y de otras instituciones centenarias europeas que hoy luchan por no ser los paganos del Brexit y que se resisten a la rapiña de la avalancha anglosajona de Donald Trump y Boris Jhonson, ahora con más inconvenientes en su propia casa por haber perdido su intento de control absoluto sobre el Parlamento Británico cuando trataba de anular el intento europeo de hacer pagar a Gran Bretaña la factura y de abandonar Europa a su suerte a coste cero.

Atravesamos tiempos de gran importancia, con trayectos internos e intercomunicaciones muy relevantes que acabarán por trazar el diseño definitivo de la nueva Europa, por encima de los viejos intereses y por debajo de las antiguas estructuras sociales y políticas que todavía pueden facilitar las realidades europeas que acabarán por imponerse en los tiempos futuros. Mientras, tendremos que transigir con los acuerdos más sensatos que la razón proponga como se planteó en la catedral de Florencia el uso de los acuerdos más razonables para culminar los planes definitivos de la imponente obra. No de otra forma habrá que actuar en una ciudad histórica y artística tan importante como Granada en cuya acumulación de reformas pendientes se suman tantas etapas y en tantas especialidades de obras de primerísima magnitud estética y técnica. Solo la concertación de tantas especialidades como allí se necesitan podrá dar suficiente respuesta a exigencias tan variadas y complejas.