OTOÑO DE MIS OTOÑOS por Juan Alfredo Bellón

OTOÑO DE MIS OTOÑOS por Juan Alfredo Bellón

OTOÑO DE MIS OTOÑOS por Juan Alfredo Bellón para EL MIRADOR DE ATARFE del domingo 06-10-2019

Si ahora voy, pillo y digo, encomiásticamente, cuánto me gusta el otoño, caigo en un tópico manido pero a la vez enuncio y defiendo una gran verdad, primero porque, incluso comparativamente hablando, es una verdad comprobada; habida cuenta lo romántico que soy y lo melancólico que se me pone el cuerpo en el otoño, además de lo que ya se me había puesto en primavera; pero también lo es que cualquiera de estas dos estaciones tiene bastante de surgente y germinal que contrasta, al menos aquí entre nosotros, que gozamos de un clima mediterráneo tirando a atlántico extremo, con lo estepario del invierno y lo desérticamente ardiente del verano.

En todo caso, si me dieran a elegir, repartiría mi ocio de jubilado entre abril y noviembre, saltándome el trimestre veraniego propiamente dicho y quedándome con el resurgimiento vitivinícola; con el de los hongos y setas; castañas, nueces, bellotas y demás frutos otoñales; y por fin, los membrillos, batatas, cidras y boniatos, que son todas materias de repostería cíclica popular y contribuyen a la dulzura del mes de la Virgen Patrona granadina, que se resume, en el regreso casi veraniego, a los pestiños de la Costa, las tortas reales de almendras motrileñas, la disponibilidad blanqueante de las mismas y, a falta de Halloween tenemos la repostería popular del Ciclo de los Santos y de los Difuntos, que cuenta entre sus ingredientes favoritos con el maíz, la cidra y los piñones, el azúcar, la miel de remolacha y de caña, el chocolate y otras galguerías variadas que propician las caries, atacan el aparato masticatorio, fomentan las gachas con torreznos y las curvas del cuerpo por delante, por los lados y, propiamente hablando, por detrás.

Pero además, por si fuera poco, vivo ahora el otoño de mi existencia y no puedo ni debo quejarme de lo que me depara esta postrer estación vital en la que procuro ceñirme a mi lema favorito que es envejecer con dignidad y no dar mucho la lata a mis allegados y vecinos, en todo caso, dejar un rastro razonablemente equilibrado entre el debe y el haber vitales en el intercambio cotidiano del “do ut des” y no creáis que es fácil: cuesta menos suscribirlo que hacerlo realidad.

Situados en esta tesitura, el otoño y lo otoñal resultan sentimientos pausadamente melancólicos del buen vivir y mejor desvivirse en el camino hacia el Juicio Final, cuando nos ajustarán las cuentas definitivas (tanto debes, tanto vales) arrastrando todo lo arrastrable, contando las diez de últimas, y de paso, cediendo la mano a los demás y ya no tiro más porque no me toca y me han retirado el Pasapalabra de la parrilla televidente.

Y con esto queda el Otoño reducido al mes de cambiar la ropa de las perchas arcas, arcones y armarios, reacomodarse a los nuevos usos horarios y a las nuevas costumbres cotidianas, tener cuidado con las setas y demás hongos silvestres, acordarse de cuando se representaba, para los Santos, Don Juan Tenorio (¡Änimas del Purgatorio! ¡Los muertos se filtran por las paredes!) Ah, y se me olvidaban, los estupendos caramelos caseros de malvavisco,,, -¡Dominus vobiscum! -Et cum spiritu tuo. Amen.

No seré yo quien adopte ni promueva los Jallowines célticos, ni las conversaciones y quedadas por Internet, ni las caravanas infantiles de pedigüeños (¡truco o trato!) disfrazadas al estilo de los hermanos Grim. Muy al contrario, me ocuparé de difundir las fiestas de otoño, el sentimentalismo otoñal del reinicio del ciclo anual, con la caída de la hoja, incluyendo los pámpanos y la siembra de las calabazas escolares y de sus parientes de familia, las otras cucurbitáceas, que habrán crecido para final del curso académico: Por el mes era de mayo / cuando aprieta la calor, / cuando los trigos encañan / y suspende el profesor.

Pues todo eso comienza en otoño, cuando yo reiniciaba el trabajo docente, que era mi razón de ser y que daba sentido a mi existencia, hasta que me jubilaron. Y por eso, este título melancólico y doliente: Otoño de mis otoños, / otoño de mis desvelos, / ¡Quién estuviera en otoño, / cerca del suelo y del cielo !/ Otoño de mis otoños / tristes y alegres / señuelo de quien quiere acomodarse / a lo que obliga el pañuelo , con los cuatro picadores / -¡los cuatro!- y Reverte en medio.

Y en el ámbito electoral, parece que los principales líderes políticos, como si le vieran la orejas al lobo, se están poniendo de acuerdo en las reglas comunes del juego para los debates electorales lo cual parece ser positivo de cara a la normalidad de la campaña electoral y de los resultados correspondientes aunque, con to y con eso, ya están los barandas de la derechona madrileña sacudiendo el cotarro para adquirir notoriedad a fuerza de recordar errores del pasado como la quema de las iglesias previa a la Guerra Civil, a lo que ellos llaman (y no sé por qué les han subido el rango) “quema de las parroquias“ tratando de conectar la sensación de zenit del deterioro melancólico negativo del otoño actual con la del pasado repubcano con un ejercicio super demagógico, y con los sobresaltos sobrevenidos hoy, 03 de octubre, en que nos hemos levantado con la noticia de una vuelta brutal de tuerca al alza en los aranceles norteamericanos a los productos agropecuarios españoles y andaluces susceptibles de exportación.

Dichas exportaciones (aceite de oliva, vino, aceituna de mesa, vino, queso, otros lácteos y jamón) sufrirán un incremento arancelario del 25% que lastrará nuestras exportaciones y descompensará la balanza de pagos española con USA por la iniciativa del Presidente Trump, ese mismo tipo que propuso el otro día a sus asesores cavar un foso líquido al pie del Muro Sur que lo separa de México y llenarlo de caimanes y otras fieras anfibias, como en los castillos y murallas medievales, para evitar que los emigrantes ilegales ibero-americanos alcancen e invadan la frontera USA.

Cosas veredes en el mundo actual acordes con la cooperación socio-política y comercial internacional propia del rearme arancelario norteamericano que ya ha provocado un colapso de las bolsas europeas y suma y sigue con los resultados armamentísticos comerciales que afilan las espadas como labios en el concierto internacional de las naciones, flanqueado en Europa por el brexit británico y en los confines asiáticos y africanos por la inestabilidad en las relaciones comerciales y en las turbulencias de las mismas que solo sirven para desdibujar la estabilidad en los intercambios y la paz en las relaciones entre los pueblos del mundo.

El Señor nos coja confesados cuando esta situación se afiance y evolucione a mayores, como es de esperar, y nos agarre desprotegidos, sin ayuda de nuestro proteccionismo tramposo y sin defensa alguna. Entonces se verá quién se defiende y nos defiende del capitalismo inmisericorde internacional.

FOTO: MCV