¿Merece la pena el cambio de hora?

El pasado domingo “viajamos al pasado”, de las 3.00 a las 2:00, y eso nos metió de lleno en el horario de invierno, que además de descolocar un poco los primeros días, afecta a quienes tienen contratada una tarifa con Discriminación Horaria.

 Como os dijimos, tanto este cambio de hora como el de marzo tienen como objetivo ahorrar en la factura de electricidad aprovechando la luz natural pero ¿hasta qué punto merece la pena? Te explicamos pros y contras y te pedimos que te mojes 😉

Opiniones a favor

La principal opinión a favor del cambio de hora de octubre es que se gana en luz natural por la mañana, adelantando la actividad laboral y partiendo de que en la mayoría de casos una gran porcentaje de esa actividad se concentra en las primeras horas de la jornada.

Aunque los expertos en eficiencia reconocen que el ahorro energético derivado de los cambios de hora es pequeño (aproximadamente un 5% de ahorro en iluminación según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía –IDAE- ), muchos coinciden en que es un pequeño gran gesto para concienciar sobre el ahorro de electricidad. Pero claro, toda historia tiene dos caras.

Opiniones en contra

Los de la otra cara, los detractores, le quitan valor a este pequeño ahorro apuntando que además de ser pequeño, afecta solo a la iluminación. Sostienen que quizá tenía más sentido hace años, cuando la iluminación suponía la mayor parte del consumo eléctrico, pero teniendo en cuenta que ahora vivimos rodeados de aparatos eléctricos, consideran que la propuesta ha perdido valor.

Es más, hay quien opina que no ahorramos nada o que en incluso en algunos casos, sobre todo el en ámbito doméstico, al pasar al horario de invierno podemos llegar a usar más electricidad. Argumentan que, aunque ganamos horas de luz solar por la mañana, la noche llega antes y esto puede provocar que adelantemos, por ejemplo, el uso de la calefacción eléctrica.

Por otro lado, se dice que el cambio horario afecta al sueño y al estado de ánimo, sobre todo de niños y personas mayores, que en algunos casos tardan días en adaptarse.