ENTREGAR LA CUCHARA por JUAN ALFREDO BELLÓN

ENTREGAR LA CUCHARA por JUAN ALFREDO BELLÓN

ENTREGAR LA CUCHARA por JUAN ALFREDO BELLÓN para EL MIRADOR DE ATARFE del domingo 15-12-2019

    Ya es prácticamente Navidad. La gente anda ajetreada con sus compras rituales y parece como si, en aras a la indefinición, to er mundo fuera güeno y todos los amigos se hubieran vuelto invisibles.

La mula relincha, el buey muge y María saca la bota de su impedimenta no se sabe si para celebrar el sorprendente y recién logrado embarazo y su consiguiente parto extramatrimonial o para emplazar en el olvido las tremendas dificultades para cumplir la orden de Herodes de viajar a Belén, con estos fríos, Señor, del invierno palestino, y así obedecer la orden imperial de empadronamiento de la población sometida al poder romano en el extremo oriental del Mare Nostrum.

Por no tener no han tenido ni dónde guarecerse y, al final, han pernoctado en una chabola cochambrosa, medio lugar para refugiarse los pastores en las noches de tormenta y medio corralón para preservar al ganado de las alimañas y del frío invernales.

    Total, ha sido un parto heroico y épico, por no llamarlo bíblico, pero había confianza en la fortaleza propia y en la del vástago para salir airosos del trance y además se contó con la ayuda de algunos agentes externos en forma de pastores y arcángeles lorquianos que facilitaron las cosas más de lo que se hubiera podido esperar, incluidos regalos para el infante de abrigo y alimento y, para la madre, de asistencia al parto y a su nueva función y, en cuanto al padre putativo, poco se le podía ayudar más si no fuera en punto a fortalecer su autoestima, dada la discreción y fortaleza de las que, por otra parte, siempre hizo gala.

    Y  poco más falta decir, si no es que la región y sus habitantes ha seguido su vida  convulsa hasta el mismo borde de nuestros días, hasta el punto de que pareciera una maldición lo que persigue al pueblo palestino y, por extensión, al cristiano, en nombre de cuyos personajes se ha hablado y escrito más que sobre cualesquiera otro de cualquier rincón del planeta.

Y lo curioso es que de esa maldición participamos también quienes de una u otra forma inscribimos nuestras actividades, luchas y aspiraciones en la estela del universo  cristiano que coincide además con el ámbito geográfico del Mediterráneo y de los territorios, como los de América, troncalmente relacionados con él.   

Y ahora paso a la tercera parte en la que comento una vivencia personal que ha tenido que ver con mi actitud claramente combativa e inconformista con aquellos procesos o situaciones contra los que he solido posicionarme activa, entusiasta y combativamente hasta un punto extremo, intentando transformar hasta donde me ha sido posible esa realidad.

Pues bien, el otro día, una persona cercana a mí y a esos procesos de lucha y rebeldía creyó verme decaer y desmayar por lo inabarcable de la tarea y lo difícil del empeño y me dijo que por qué yo, normalmente luchador incansable que no arrojaba nunca la toalla o no entregaba la cuchara con facilidad, parecía últimamente tan decaído y proclive a hacerlo, a lo que le contesté y le contesto no sin antes reconocer la agudeza de la observación hecha desde el respeto y agradeciéndole la crítica y la agudeza -cariñosa- que  hace: acepto esa crítica que me insinúa y prometo que intentaré morir, cuando me llegue el tiempo, agarrado a la toalla y empuñando la cuchara para no dejar escapar ni un solo impulso de los necesarios, que son todos los que pueda… humanamente… exhalar hasta ese ultimo momento.

foto: https://hayderecho.expansion.com/2016/12/31/carmena-y-el-concepto-de-belen-en-un-estado-laico/