ASTERIX Y OBELIX  por Juan Alfredo Bellón

ASTERIX Y OBELIX por Juan Alfredo Bellón

ASTERIX Y OBELIX por Juan Alfredo Bellón.  DESDE EL MIRADOR Nº68 para el domingo nº 27-09-2015

Esta mañana, cuando regresé a casa de hacer las cuatro compras matinales, me enontré a mi Encarna (la asistente entrañable de quien hablaremos otro día) hecha un lío por una pérdida de agua abundante y ruidosa en la cisterna del cuarto de baño nº2, sito entre el dormitorio de nuestro hijo y su cuarto de estudio -eso es un poner- justo frente del dormitorio de sus progenitores y nuestro correspondiente humedal y aquí podía agregar una disgresión socioeconómica informando a quien me lea de que aún hay un 3º entre la entrada de la vivienda y la cocina para proveer de alivio excretor y su correspondiente aseo higiénico a la entrada, para las visitas del primer despacho y los trabajos auxiliares de la cocina adjunta. Con esto, la vivienda se completa con el pasillo repartidor iniciado en un pequeño zulo-alacena y un relativamente amplio salón-estar-comedor y biblioteca con mesa de trabajo (intelectual) tres huecos a la calle y un escueto balcón colgado y varios armarios para las viandas, las cosas de aseo, los zapatos y las ropas.

Así, además de comenzar a hablar del problema de fontanería que me aqueja -como todos los de pediatría y otras urgencias, casi siempre surgidos en viernes- detallo para los lectores la forma y estructura de nuestra (y su) vivienda que lo es de clase media-alta por estar frente a la Alhambra y en el Albaycín Bajo y a cinco minutos de Plaza Nueva y Gran Vía, pero en el punto de mira de las más aviesas intenciones de la Muncipalidad actual, lo que, aunque nos permite vivir en pleno centro del cielo y de lo que Ganivet llamó Granada la Bella, nos obliga a entrar y salir por las mismísimas puertas del Infierno y hacerlo con la peor de las desconsiderazciones de nuestro ayuntamiento granadino que, desde mi modesta aunque fundamentada opinión, se ensaña con los habitantes del barrio Patrimonio de la Humanidad con peor condición que el vinagre de higos y del bicho (aquel tan malo) que le picó al tren hasta hacerlo descarrilar.

Fíjense ustedes con qué donosura, puesto que yo ya no tengo abuela, he evitado hablar del episodio separatistsa catalán que hoy nos concierne, refiriéndome no obstante a la gracia y el humor con que en Asterix se tratan cuestiones no muy diferentes a las que abren en canal en estos tiempos a la sociedad catalana, a la andaluza, a la española, a la europea y a la internacional. En una pequeña aldea global gala y catalana se ha establecido una pugna humorística por autodeterminarse y autogobernarse pero con salero; hasta Julio (Rajoy) César lo tiene y no digamos Cleoplatra, Obiols-elix, los romanos de a pie y del Ministerio del Interior, el pretor Jorge, ese tan triste que heredó de su antecesor celta Fragius, que Júpiter confunda gritando «Catalonia es mía!».Todos ellos aprenden faefullas «las fueasycuerposeseguridadelestao». Y luego la rapiña generalizada de las serias hordas germánicas (casi tres millones de cuádrigas Ww trucadas); los mejores equipos de fútbol robados y robando (pan y fútbol); y mucho chorizo, y mucha bitifarra y más caloret. Total, la Hostia Santa del Papa de Roma reclamando en La Habana Tierra, Techo y Trabajo (y Libertad ¿qué?) y en Washinton la vuelta completa de la tortilla y control sobre los organismos financieros internacionales y luego, lo de los refugiados de Ucrania, Siria, Jerusalem y paz en la tierra a las personas de buena voluntad y abajo las bombas y los arsenales nucleares.

Bueno, no se puede ser más simples ni menos perspicaces, ni más del Alcoyano, que tiraban los coners desde la esquina (como es preceptivo) y el mismo judador petendía rematarlos de cabeza y gritar Viva el Barça y el Betis manque pierdan, y Marco Antonio, César y Cleopatra, y todas las personas de buena voluntad, aunque sean ministros de Rajoy. Pero este no, ni Pujol, que engañó al mismo Barça por persona interpuesta. Ni al Banco Andorrano que es una sucursal para el alzamiento de bienes ajenos covertidos en propios, ni a los siete hijos de Zebedeo, a cual más chorizo y a cual más feo, cuyo famoso padre también provenía de la Banca. Lo dicho: no hay quinto malo, ni banco bueno y menos el del Vaticano y a ver cómo nos acordamos de nuestros orígenes sureños el domingo 27-S al votar. Difícil lo tenemos pero más difícil lo tienen ellos.