«Atarfe en Granada» por Antonio Jara Andreu

«Atarfe en Granada» por Antonio Jara Andreu

ARTICULO PUBLICADO EN ATARFE EN PAPEL DE IDEAL EN LA PAGINA 257-258

En Granada parece ya definitivamente aceptado que la solución de nuestros viejos problemas, pasa, prioritariamente, por un mayor grado de integración social y por una mejor articulación de nuestro territorio. Sin cumplir estas dos condiciones será muy difícil nuestro desarrollo económico y nuestro progreso social.

Las centralidades históricas, definidas generalmente por ciudades grandes o medianas, se han visto desbordadas, perdiendo funcionalidad y deteriorándose en términos de calidad de vida. El fenómeno de la creciente concentración urbana nos obliga a todos a pensar más allá de un localismo miope, administratívista y rígido. Tenemos que ser capaces de, sin renunciar ni abandonar nuestros pueblos, ver por encima y más allá de nuestros pueblos.

Si Granada ya no puede entenderse sin los pueblos, los pueblos tienen que ser capaces de verse en Granada. Por eso Atarfe, un pueblo históricamente significado y puntero en los grandes proyectos de desarrollo de Granada, debe implicarse ahora, plena y firmemente,
en la configuración y en el desarrollo de una Granada metropolitana. Su proyecto de futuro, como pueblo, consiste en ser cada día más Granada, sin dejar nunca de ser Atarfe, Los límites del término municipal no pueden ser frontera para nada ni para nadie, porque la idea de “cercanía” no viene definida ya por una delimitación administrativa. El afán por tener trabajo aquí no debe ser incompatible con lograr tenerlo un poco más allá. El centro cultural, que siempre ha estado más allá, puede ahora ubicarse más acá. Las comunicaciones, que casí
siempre son “para ir allí”, ahora deben servir “para venir aquí”. En la Granada metropolitana, territorio en el que Atarfe es un pueblo influyente e influido, la amplia oferta comercial de un territorio puede ser complementada e intercambiada con la pujanza industrial de otro, y ésta con la mayor calidad ambiental y paisajística de un tercero.

En cualquier caso, no hay que olvidar nunca que un pueblo es algo más que un lugar para habitar, dormir, trabajar o comerciar. Un pueblo es una comunidad de valores. Por eso, para tener una vida rica no basta con disponer de bienes materiales para la satisfacción de los propios intereses; supone vivir con dignidad plena, disfrutar de riqueza intelectual y, en sentido amplio, de un espacio moral satisfactorio. De ahí, que sea muy importante favorecer una historia propia y un sentimiento compartido de identidad. Por eso es muy importante que Atarfe siga siendo Atarfe. Con clara conciencia de que nuestra vida gana en calidad a medida que progresa su dimensión social y comunitaria. Se vive mejor en comunicación con los otros y la sensación deseguridad se amplía con la práctica de la cooperación y
la solidaridad. El acercamiento, no hay duda, será bueno y beneficioso para todos.

La preocupación por las comunicaciones, por ejemplo,nace de la necesidad de favorecer la movilidad y acentuar el sentimiento de cercanía. La movilidad es necesaria para romper el aislamiento y, por tanto, es un requisito imprescindible del desarrollo, material e intelectual. En
este comienzo de siglo, un pueblo que quiere ser rico debe impulsar un “crecimiento inteligente”, diseñar un espacio urbano de calidad, que favorezca el bienestar de sus ciudadanos y su autoestima como pueblo, y cuidar de su propia identidad histórica colectiva como comunidad.

Más en concreto, Atarfe debe aprovechar el “desbordamiento intelectual” que supone la circulación de información, ideas y pensamiento, dentro de la gran aglomeración urbana de Granada.

Para este programa hace falta el concurso de todas y todos. En una democracia de calidad, los ciudadanos no son simples consumidores pasivos de servicios públicos; son sujetos activos y capaces de encarar, juntos, la solución de sus propios problemas. Son muchos los
que tienen que hablar de muchas cosas y durante mucho tiempo. ¿Cómo casamos desarrollo económico y protección del medio ambiente? ¿Cómo progresamos en el camino de la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Cómo hacemos real y efectivo el igual derecho de todos a la educación? ¿Cómo distribuimos entre todos los bienes de la cultura? ¿Cómo ponemos al alcance de todos el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación? Las respuestas son cosa de todos y, por eso, la participación de todos es imprescindible.

Es verdad que tenemos problemas. No es menos verdad que salir de ellos no será cosa fácil. Pero podemos estar seguros de que las ideas claras, cuando las mueve una voluntad colectiva, acaban abriéndose paso. Aclaremos las ideas, pongamos de acuerdo nuestras voluntades y
aceleremos el paso. Los padres se lo deben a sus hijos, los jóvenes se lo deben a los viejos y el Atarfe de hoy se lo debe al Atarfe de mañana.

 

Vista aérea de la calle
Real hacia 1954