«DESDE PALMA CON NOSTALGIA  (EL ATARFE DEL AYER)» por F.L Rajoy Varela

«DESDE PALMA CON NOSTALGIA (EL ATARFE DEL AYER)» por F.L Rajoy Varela

Antes de empezar con mis relatos de estampas atarfeñas, me van a permitir una pequeña introducción que nos sitúe cronológicamente en el tiempo. Abarca desde finales de los años 50 del siglo pasado, toda la década de 1960 y principios de los70, concretamente hasta 1973 cuando me vine a vivir a Palma. Pero como diría Rudyard Kipling, eso es otra historia.

En ningún caso y bajo ningún concepto, voy a sucumbir a la tentación de emitir juicios de valor u opiniones sobre gente ya fallecida, mi más profundo respeto a su memoria. De igual forma, el mismo tratamiento a instituciones públicas o privadas. Me limitaré a relatar lo que viví y sentí, siendo niño y adolescente. En esas etapas de la vida, ocupan y preocupan otras cuestiones.

Estos relatos están dedicados a la memoria de padres, familiares y amigos que ya no están entre nosotros y a los cuales debemos agradecer su esfuerzo, ejemplo y enseñanza ya que fueron un referente de todo lo que somos y tanto debemos. Comparto también estos relatos con la gente de mi generación que vivieron y sintieron los mismos juegos, sueños e ilusiones. Y tampoco me quiero olvidar de esa generación de atarfeños jóvenes que han venido detrás nuestro y a través de este viaje a través del tiempo, conocerán un Atarfe que no han vivido.

Hecha esta breve pero necesaria introducción, diré que aquel Atarfe, no era ni mejor ni peor que este de hoy, sencillamente era distinto, muy diferente al actual, ya que la realidad política y social, para nada, tenía que ver con la de hoy día. Aunque también no es menos cierto, que con el paso de los años, uno llega a la conclusión de que en el teatro cotidiano de la vida, va cambiando el decorado y el vestuario y se adaptan a los tiempos, pero el papel que interpretan los personajes tiene el mismo trasfondo: la maldad en todas sus variantes y la imbecilidad, como algo patológico y crónicamente enfermizo.

Como decía, el Atarfe de entonces y según el padrón municipal, estaban censadas unas 8.500 personas frente a las casi 20.000 que hay actualmente. Es significativo este hecho, ¿por qué? Sencillamente, y lo digo por la experiencia de vivir en una gran ciudad, a mayor número de gente las relaciones humanas son más impersonales. Me fundamento en el hecho de que las últimas veces que he venido al pueblo, he tenido la oportunidad de percibirlo. Aquella cordialidad y amabilidad han desaparecido, o al menos así me lo han parecido. El Atarfe de ayer con sus vicios y virtudes, era mucho más entrañable, generalmente todos nos conocíamos, si ocurría alguna desgracia hacíamos piña con la familia afectada. Un ejemplo que puede ilustrarlo mejor es cuando fallecía alguien, se velaba al difunto toda la noche en su casa. Era un relevo continuo de gente, así hasta la celebración del funeral de cuerpo presente en la Iglesia. Recuerdo el recinto lleno y la gente que no cabía esperando con respeto y silencio en las afueras. Al finalizar el funeral, se acompañaba al féretro calle Nueva hacia arriba hasta la Cruz de los Muertos. Impresionaba el silencio y el respeto de la muchedumbre. Allí se despedía el duelo con el pésame a familiares. Nada que ver con el acto protocolario en la frialdad de un tanatorio.

En cuanto a la geografía o espacio físico del pueblo, si nos situamos en la Plaza del Ayuntamiento mirando hacia la Ermita y establecemos dirección Norte, subiendo por la calle Cedazos, al final de la misma, salíamos a las Eras rodeadas de olivares. A nuestras espaldas, orientación Sur y trazando una línea desde la casa de las Marquesas, las Casas Nuevas y un poco más allá del final de la calle la Noria, terminaba el pueblo, lo demás eran hazas y campo. A la derecha en el Este, trazamos otra línea que iba desde el final de la Tasquiba hasta el Instituto desde donde se iniciaba la carretera hasta Albolote, al igual que en el Sur, predominaban hazas y campos, y por último, en el Oeste, trazamos otra línea que comprendía desde el final de la Cañada, final de la calle del Barquillo hasta la casa de los Alcántara. Toda aquella zona al igual que las Eras, rodeadas de olivares.

ERAS Y OLIVOS

Eras rodeadas de olivos,

Alfombras de mies

A los pies de Sierra.

Allá en lo alto, la Ermita

Vuestra belleza contempla.

Eras en época de trilla.

Un mulo arrastra la trilladora,

Con sus esquilas, a las moscas espantan.

Más allá, un rebaño de ovejas pastan.

Sobre este amplio océano de tierra,

Las trilladoras, barcas parecen.

Océanos de frutos de la tierra

Arrancados con sudor y esfuerzo.

Sobre la trilladora, un hombre

Sentado con sombrero de paja

Efigie labrada de calor, sudor y polvo.

En una mano, las riendas, en la otra,

El látigo al mulo la ruta marca.

Sombras de polvo, abrazan

Al hombre y la bestia.

Otras sombras de polvo lanzan,

Unas con rastrillo, otras con criba,

El grano y la paja se paran.

Sobre una lona, mazorcas de maíz

Prestas a ser desgranadas.

Eras como multicolores paletas,

en ellas el genio del hombre

pinta un cuadro de singular belleza

con su pincel de esfuerzo

y de sudor hecho su lienzo.

Eras y Olivos, mudos testigos

De amaneceres de niebla y escarcha,

De tardes de juegos con los amigos,

De noches con sombras de amantes furtivos.

Eras y Olivos, mudos testigos

De una feliz infancia

Que desapareció por vuestros caminos.

Aún os siente mi cansada alma.

Eras y Olivos,

¡callados y confidentes como viejos amigos!

F.L Rajoy Varela

Palma Marzo 2020

FOTO: SACADA DE GACETILLA Y CURIOSIDADES ELVIRENSES