La red ya no tiene edad

La red ya no tiene edad

Leonor, Juan José y Concha llegaron a la tecnología en su edad adulta. Hoy le sacan el máximo partido y rompen los estereotipos del paso del tiempo

eonor triunfa en Instagram con su estilo y es la primera en marcarse un TikTok. Juan José es el abuelo youtuber, un coleccionista de nietos virtuales que reparte sabiduría y sentido del humor. Concha comparte su pasión, el estudio sobre un envejecimiento activo y diferente, a través de su web y su cuenta de Twitter. A pesar de que entre estas tres personas median 24 años, Leonor, Juan José y Concha accedieron a la tecnología entrada ya la edad adulta. Pero llegaron para quedarse. En las redes sociales han descubierto, dicen, un espacio estimulante y lleno de posibilidades. Aquí hacen, básicamente, lo que quieren cuando quieren, alejados de los estereotipos del paso del tiempo. Han hallado, además, una herramienta para conectar con personas y generaciones totalmente inesperadas. Estas son sus historias.

Leonor Olabarría 59 años nstagram

Siempre quiero aprender más. Para mí eso es un síntoma de juventud

con_buena_facha

1.493 publicaciones 24.8k seguidores 768 seguidos

Cuando se compró su primer portátil para empezar con un blog de moda, allá por 2012, Leonor Olabarría, de 59 años, recuerda que recurrió a la ayuda de un amigo de su hijo adolescente. «Tenía la misma idea de internet que de alemán: ninguna», afirma. Ocho años después es una de las instagrammers de cierta edad más exitosas en el campo de la moda. Bilbaína, funcionaria de Justicia e influencer, si se quiere, Olabarría entró a la vida digital con entusiasmo, preguntando y aprendiendo de usuarias veinteañeras. Ahora su cuenta, @con_buena_facha, acumula miles de seguidores que aprecian su sentido estético y su cercanía. «Se sorprenden cuando siempre les contesto», afirma.

«Bastó que la gente me dijera que no, que no tenía edad para hacer eso, que no dominaba las tecnologías, que llegaba tarde», explica Olabarría. «Tarde sería si llegara mañana». Cuando sus publicaciones comenzaron a tener cierta repercusión («Mamá, esto funciona», le advirtió su hijo), le pidió a su hija que le llevara las redes sociales. Su reacción fue la de muchos chavales ante las incursiones digitales de sus progenitores: «Dijo que no, que no quería por nada del mundo que yo estuviera en internet», ríe.

Leonor Olabarría.
Leonor Olabarría.

Pero hoy es ella la que les dice a sus hijos dónde encontrar un sonido en TikTok, red que causa furor entre los más jóvenes y a la que también se ha unido. «Mis amigas no tienen redes y me dicen que no haga el tonto. ¡No hago ni una cuarta parte de lo que me gustaría!», exclama.

Generaciones como la de Olabarría están muy familiarizadas con un uso tecnológico básico: WhatsApp, Facebook, Internet. Como la bilbaína, alrededor del 85% de los españoles de entre 55 y 64 años usaron la red al menos una vez en los últimos tres meses, según un informe del CSIC a partir de datos del INE de 2019. Más que la alfabetización digital de los más mayores, es la incorporación de estos ciudadanos a la vida online la que está reduciendo la brecha entre ellos y los jóvenes. En 2007 mediaban 78,6 puntos porcentuales entre el segmento más conectado (16-24 años) y el menos (65-74 años). En 2019, tan solo 35,5. «Son personas cada vez más formadas que hacen cosas con las que están muy comprometidas», explica Mayte Sancho, psicóloga y experta en edad adulta. Un dominio de las redes sociales como el de Olabarría, eso sí, sigue siendo cosa infrecuente en su franja de edad.

Leonor Olabarría.
Leonor Olabarría.

Olabarría hace moda sin pretenderlo. «Sé distinguir lo que me gusta de lo que no, pero no soy profesional», explica. «Me gusta hablar con la gente. Muchos seguidores creen que no les voy a contestar, pero siempre lo hago y se sorprenden». Califica su aventura digital de «tabla de salvación». Está en contacto con instagrammers jóvenes y adultas que valoran y admiran su trabajo. «Yo siempre quiero aprender e investigar más. Creo que eso es síntoma de juventud», termina.

Juan José Cañas 83 años youtube

He encontrado un pozo sin fin de opiniones diferentes, edades diferentes y alegría. Me divierto

atrapatuabuelo

51.6K suscriptores 1.671.131 visualizaciones

A sus 83 años, Juan José Cañas se enorgullece de atrapar nuevos nietos cada día. Tiene 15 biológicos pero miles virtuales. Desde su canal de YouTube, Atrapatuabuelo, sube vídeos sobre su vida y aficiones, que son muchas: filatelia, aviación, vinos, viajes… Casi siempre ayudado por su nieta Esther, youtuber de 22 años, Cañas, residente en Torremolinos (Málaga), se siente como pez en el agua sentado frente al ordenador. Lleva casi cuatro años con el canal y hoy le reconocen por la calle. El encierro le ha afectado algo menos. «Como llevo haciéndolo un tiempo me encuentro en mi salsa. No tengo problema», afirma.

La cosa comenzó hace unos cuatro años. Cañas estaba de viaje por Vietnam con sus nietos y los amigos de estos desde España reclamaban que fuera el abuelo el que describiera el viaje. «‘Que hable tu abuelo, que nos parece muy interesante cómo cuenta las cosas’, decían», recuerda Cañas. De la narración salíó un vídeo. De los viajes siguientes (Venecia, Lisboa), otros tantos más. El canal estaba en marcha.

Juan José Cañas.
Juan José Cañas.

«Las ideas surgen de la vida diaria, que es lo más rico. O de conversaciones con los amigos, que alucinan un poco con lo que hago», explica. Sus vídeos oscilan entre el costumbrismo y el humor tierno, pero con el lenguaje y la estética de Youtube, obra de la edición de su nieta Esther. En ellos se puede ver el momento en el que Cañas acude a un salón de belleza, la charla con su nieta para desmentir los mitos del malware o el día que se perdió por seguir a un gato. O el que se tatúa la paloma de Picasso, recuerdo a su mujer fallecida. La miniatura del vídeo Descubrí unas cuevas en Cádiz es un montaje de Cañas como Indiana Jones. Cualquier vídeo te lo puede rematar con un «dame un lique» (que no un «laik», como él dice).

«La gente mayor está entendiendo que la tecnología les potencia: les acerca a sus nietos, les acerca entre ellos, les facilita hablar con personas diversas», expone Enrique Varela, presidente de Funteso, una fundación que trabaja para que la tecnología sea accesible a todo el mundo. La asociación organiza grupos de estudio con fabricantes para que orienten el diseño y la funcionalidad de sus nuevos productos al usuario e imparte talleres para que personas con alguna discapacidad se familiaricen con ellos. «Si hay una buena pedagogía, si se explica bien, la gente se acerca y hace un uso maravilloso de ella».

Si las iniciativas de Funteso te han hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

 

Juan José dice ser mayor pero no viejo. Vive con arreglo a lo que se le permite, dice. Le gusta comer bien. Tiene una gran colección de sellos y unas cuantas botellas de vino. Planea continuar con su canal y seguir coleccionando nietos. «Considero que los mayores deberían abrirse a estos cauces y participar», argumenta. «Yo he encontrado una fuente de opiniones diferentes y una fórmula para conectar con gente que no hubiera pensado».

El presidente de Funteso refrenda ese intercambio de conocimientos y medios que Cañas ha experimentado con el público joven. Varela habla de talleres organizados por su fundación en el centro cultural Medialab Prado (Madrid) en los que torneros o fresadores, jubilados con oficios extraños para los nativos digitales, les explican a estos mismos por qué, por ejemplo, «la columna griega que están dibujando en Autocad tiene un punto de equilibrio determinado».

«Mi madre no enciende un ordenador, pero habla con Alexa todos los días y le pide cosas. Y no es que ella sea menos inteligente que yo o que una persona de 15 años que ya nació con el Facebook hecho. Es una cuestión del medio en el que crecemos», dice Varela. La tecnología tiene que ser fácil para todo el mundo, algo que requiere un diseño personalizado y no estandarizado. «La industria ha decidido que la lavadora tiene que estar abajo y ser de carga frontal; prenda a prenda y de rodillas. Es un ejemplo», señala. «Pero no todos los usuarios son personas jóvenes y sanas. La tecnología no es más que una herramienta, por eso hay que adaptarla a la gente».

La rebelión de siete abuelas

Las Lideresas de Villaverde.
Las Lideresas de Villaverde. SOMOS 5

Amigas, combativas e inesperadas. Son las Lideresas de Villaverde (Madrid), un grupo de siete jubiladas madrileñas que decidieron rebelarse contra las etiquetas impuestas por la sociedad y defender, bien alto y claro, una madurez activa y un feminismo pragmático, atrevido y con humor: «Nuestro objetivo es representar a las mujeres mayores para que se den cuenta de que una persona, por ser mayor, no tiene que quedarse en su casa, aburrida, esperando a que le llegue la muerte», reivindican. Ya sea desde Con mayor voz, el programa de radio que graban desde una emisora comunitaria, recitando su rap o impulsando iniciativas vecinales, la historia de las Lideresas encarna un ejemplo del activismo más cercano: «La generosidad para hacer ciudadanía es fundamental. Esa es nuestra filosofía y nuestros principios», afirman.

La historia de estas mujeres forma parte de Pienso, Luego Actúo, la plataforma de Yoigo que da voz a personas que están cambiando el mundo a mejor y que ha colaborado en la divulgación de su tarea.

Concha Aparicio 67 años twitter y web

Las redes son ventanas al mundo y es bueno mirar por ellas

concha_ea

569 siguiendo 582 seguidores

El caso de Concha Aparicio, enfermera jubilada de 67 años, es doblemente significativo. Tras trabajar gran parte de su vida laboral en la Concejalía de Salud de Alcalá de Henares (Madrid), Aparicio decidió embarcarse en el estudio de las personas mayores y el envejecimiento, un campo que le fascinaba y en el que presentó una tesis cum laude en 2013 de la que se enorgullece. Hoy comparte sus conocimientos sobre envejecimiento activo en una página web y publica frecuentemente en su cuenta de Twitter. En este caso, teoría y acción coinciden y se retroalimentan.

«Quise transmitir lo fundamental de mi tesis doctoral, que es dar una imagen distinta de lo que supone la vejez, pero adaptando el formato a internet», explica. Admite que editar su web le lleva su tiempo. «¿Esta semana qué cuento? Hay cierta responsabilidad. Además, los destinatarios de mi página no son los principales usuarios de internet y las redes sociales. Esto es como una carrera de fondo, pero no tengo prisa», detalla.

Concha Aparicio.
Concha Aparicio.

Como el de Aparicio, estos acercamientos tras el fin de la vida laboral a las cosas que a uno siempre le han interesado conforman una aproximación lógica a lo que debería ser la madurez. «Se forman grupos de aficiones compartidas. Es la esencia de lo que llamamos actividades con sentido», interviene la psicóloga Mayte Sancho. Tanto ella como Aparicio coinciden en que lo que no se puede hacer es ofrecer actividades por el mero hecho de moverse. La excursión por la excursión entra dentro de los estereotipos que Aparicio trata de alejar. «Hay que identificar qué cosas tienen sentido para las personas, no para el grupo de mayores, porque es más diverso que cualquier otro grupo de población», añade Sancho.

«Estar en la red es una ventana a otras cosas y una motivación diaria», retoma Concha. «A mí me encanta. He conocido a personas que hubiera sido imposible si me hubiera quedado en casa haciendo punto, ese envejecimiento más clásico», ríe.

Captura de la página web de Concha Aparicio.
Captura de la página web de Concha Aparicio.
 

Paradójicamente, el número de personas mayores que hace ganchillo disminuye. Las knitters son cada vez más nietas que abuelas y las redes, con personas como Leonor, Juan José o la propia Concha, un terreno más variado. Ella misma termina citando al médico brasileño Alexandre Kalache, exdirector de la agenda de envejecimiento de la OMS y experto en longevidad que, ante el incremento de la esperanza de vida, sentenció: «Si vivimos 30 años más no nos los podemos pasar tejiendo».