«EXCAVACIONES EN ATARFE DE 1842» por José Enrique Granados

«EXCAVACIONES EN ATARFE DE 1842» por José Enrique Granados

“La primera idea, el primer deseo que excita la vista de monumentos como los que acaban de descubrirse en las inmediaciones de Atarfe, es el de investigar su origen; y la mente no descansa hasta que logra fijar, a lo menos, la probabilidad, ya que tan difícil sea conseguir la evidencia en tales materias.

¿Son de los romanos los sepulcros encontrados en el pago de Marugán? y en el caso de serlo ¿a que época de su dominación pertenecen? Para resolver estas cuestiones creo conveniente examinar primero el conjunto de los descubrimientos, y fijada en lo posible la opinión sobre ellos, descender a analizar en particular los diferentes objetos encontrados. Un anfiteatro formado por colinas áridas, sin vegetación, sin vida; un suelo estéril sembrado de losas toscamente trazadas, infinidad de losas abiertas y junto a ellas montones de tierra mezclada de fragmentos de cráneos y huesos humanos; este es el cuadro que a primera vista presenta al observador el teatro de los nuevos descubrimientos.

El sitio donde estas excavaciones se verifican forma una hoya o planicie entre los barrancos y cerros de la sierra de Elvira: hay en él todavía vegetación y tiene por horizonte natural un círculo de rocas y colinas.
Acto continuo se reconoció un acueducto antiguo de piedra que de orden de varios particulares del pueblo de Atarfe se está descubriendo como a cuanta varas de distancia de dicho cementerio; y desde este sitio se bajó al pago que nombran de los Tejoletes, perteneciente al cortijo llamado de las Monjas de la Encarnación, donde, no muy lejos de los mismos sepulcros y por bajo de dicho pago de Marugán, se encuentran superficial y subterráneamente ladrillos, tejas, pedazos de mezcla de cal y arena, y muchos pozos secos, al parecer, y de considerable profundidad.”

En la fotografía, restos del cortijo Pichelas, en el piedemonte elvirense, junto al barranco del Peñón, epicentro descrito en el texto arriba reseñado y publicado en la revista Alhambra en 1842.

Curiosidades elvirenses.