Un artista LGTBI+ por cada color de la bandera del Orgullo

Un artista LGTBI+ por cada color de la bandera del Orgullo

Cada una de las franjas de las bandera multicolor tiene un significado. Seleccionamos un artista LGTBI+ por cada una de ellas

 

La bandera arcoíris es el símbolo más identificativo del colectivo LGBTI+, además de una herramienta clave y representativa en su lucha por la libertad de ser y amar. La idea surgió en 1978 en San Francisco de la mano de Harvey Milk, activista que más tarde se convirtió en el primer político abiertamente homosexual. Este encarga crear un símbolo de orgullo para los homosexuales y es Gilbert Baker, activista y diseñador, quien se ocupa del diseño. Tenía ocho colores, cada uno de ellos asociado con un concepto: el rojo para la vida, el rosa para el sexo, el verde para la naturaleza… Con motivo del día del Orgullo recuperamos el significado de esos ocho colores originales –que posteriormente se redujeron a seis–, representado cada uno de ellos con una figura relevante de de la historia el arte perteneciente al colectivo.

Rosa: sexualidad

Irreverente y rompedor. Así se podría describir a Robert Mapplethorpe (1946 – 1989), fotógrafo americano conocido por sus controvertida forma de entender la sexualidad, que mostraba de forma explícita en sus instantáneas. Tres décadas después de su muerte –en 1989 y con 42 años, enfermo de sida–,  sus imágenes siguen provocando polémicas en museos y exposiciones. Han despertado tanto rechazo como alabanzas por su increíble dominio técnico y sus composiciones influidas por la escultura clásica.

Robert Mapplethorpe, Leather Crotch (1980). Puede verse en el MoMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Su crianza en un entorno rígido y católico no impidió que desarrollará un marcado interés por la sexualidad. Tras salir con la cantante Patti Smith, que después se convertiría en su amiga y que aparece en muchas de sus fotografías, decidió explorar su intereses homosexuales frecuentando los espacios más underground del Nueva York de los 70. Allí, en la exploración de su propia sexualidad, encontraría la escena sadomasoquista neoyorkina, mundo del que él mismo formó parte y que comienza a fotografiar con una impactante sensibilidad que no hace más que reafirmar la posición de la fotografía como arte.

Aunque sus retratos a celebridades y artistas como Andy Warhol o Louise Bourgeois son de una calidad excepcional –puedes ver muchos de ellos en la página del Tate, el museo británico de arte moderno– lo que verdaderamente ha hecho que Mapplethorpe pase a la posteridad es que nadie mejor que él supo capturar la sexualidad en la experimentación de la suya propia. Y, por si no fuera suficiente, trató los límites de la identidad de género, experimentando con los roles y las identidades no binarias.

Rojo: vida

Lili Elbe, nacida en 1882, es una de las primeras mujer trans de la que se tiene constancia histórica. Tal vez su nombre no le suene a muchos, aunque esto suele cambiar al mencionar el título de la película basada en su vida: La chica danesa.

Nacida bajo el rol masculino, Elbe contrajo matrimonio con la ilustradora erótica y de estilo Art Decó Gerda Wegener, para la que posó en multitud de ocasiones. La conoció durante sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes danesa. Además de posar para ella como modelo, Lili también era artista, aunque ella se decantaba por paisajes cercanos al postimpresionismo y de paleta más suave.

A la izquierda, ‘Queen of Hearts’ (1928) de Gerda Wegener, una de las obras de la pintora en la que Lili Elbe hace de modelo. A la derecha, Notre Dame d’Arcachon (1918), pintado por Lili Elbe.

Tal y como recuerda la biografía Man into woman, publicada en 1933 –dos años después de su muerte– y que recoge cartas y textos de la propia Elbe y sus allegados, la artista llegó a tener un pasaporte oficial como mujer y se sometió a numerosas operaciones de reasignación de sexo, que acabarían por costarle la vida. Rescatada su historia, hoy se ha convertido en todo un referente por no tener miedo a vivir su vida de la forma en la que sentía.

Naranja: salud

Tanto la vida como la obra de Frida Kahlo (1907 – 1954) estuvieron marcadas por sus problemas de salud y las secuelas físicas que estos le provocaron, tanto la polio que pasó de pequeña como el accidente de tráfico que sufrió a los 18 años y que le hizo pasar por numerosas operaciones y dolores.

Frida Khalo, ‘Frieda y Diego Rivera’ (1931). Se puede visitar en el Museo de Arte Moderno de San Francisco (Estados Unidos).

Frida Kahlo Empezó a pintar a raíz de tener que estar postrada en la cama durante largos periodos de tiempo. La mayor parte de sus obras son autorretratos que capturan el padecimiento causado. No solo por el accidente, sino también por su tormentosa relación sentimental con el famoso muralista mexicano Diego Rivera, cuyas múltiples infidelidades le causaron una intensa agonía. No sin motivo llegó a afirmar: “No estoy enferma, estoy rota”.

Además de por su extraordinaria producción, Frida Kahlo fue abiertamente bisexual y ha pasado a la posteridad por su libertad para ser y amar.

Amarillo: luz del sol

Se podría decir que la biografía de Caravaggio (1571 – 1610), brillante pintor barroco, engancha más que las películas de domingo por la tarde. La violencia y la falta de autocontrol marcaron tanto su vida como su obra, en una montaña rusa de continuas peleas y juergas que acabaron por su huida lejos de Roma, ciudad a la que jamás pudo regresar. Pero lo que verdaderamente hizo que Michelangelo de Merisi da Caravaggio pasara a la posteridad fue la tenebrosidad de sus obras y su maestría en el uso de las luces y las sombras. Es la importancia de la luz en su pintura la que le ha hecho ocupar nuestro color amarillo.

Caravaggio, ‘Niño con cesto de frutas’ (1593). Situado en Galería Borghese (Roma, Italia).

La definición de la sexualidad de Caravaggio sigue siendo un tema controvertido aún a día de hoy. La teoría más extendida es la de Graham-Dixon, célebre historiador británico que englobó las preferencias del pintor tenebrista bajo el término “omnisexual” y señaló que mantuvo un marcado rechazo hacia el amor al tiempo que mantenía relaciones tanto con hombres como con mujeres.

Verde: naturaleza

Rosa Bonheur (1822 – 1899) se convirtió en noticia este 2019 después de que su obra El Cid, que estuvo 140 años oculta en los almacenes del Museo del Prado, pasara a formar parte de la exposición permanente del museo. Esta pintora francesa del siglo XIX fue capaz de convertir su pasión por la naturaleza, y más concretamente por los animales, en la protagonista de sus pinturas. El triunfo definitivo de sus estudios anatómicos y acercamientos constantes a los animales lo encontró en su obra El mercado de caballos, tras la cual viajó por Europa cosechando toda clase de éxitos.

Rosa Bonheur, ‘El mercado de caballos’ (1852-55). Se encuentra en el MET, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

No solo la temática de sus pinturas nos ha hecho decantarnos por Rosa Bonheur como representante del color de la naturaleza, sino también por la naturalidad con la que vivió su sexualidad. No contenta con ser abiertamente lesbiana y convivir con mujeres en pleno siglo XIX, a Bonheur le gustaba llevar el pelo corto, fumar puros y vestir con ropa típicamente masculina, para lo que tuvo que solicitar a las autoridades un “permiso de travestismo”, tal y como recuerda la página del Museo del Prado dedicada a El Cid. Fue tan famosa en su época que hasta tuvo una muñeca con su nombre. Puedes verla en este hilo de Cristina Domenech, historiadora y autora del libro sobre lesbianas en la historia Señoras que se empotraron hace mucho:

 

Celeste: magia y arte

En los orígenes de la fotografía, la posibilidad de fijar una imagen directa y prácticamente instantánea de la realidad era tan asombrosa que, en muchas ocasiones, se atribuía a la magia o a las artes ocultas. Nuestro siglo y parte del anterior han traído una realidad muy diferente. La fotografía está tan presente en nuestro día a día que se nos olvida que a veces puede ir mucho más allá de la simple congelación de un momento concreto. Duane Michals (nacido en 1932 en Estados Unidos) da buena cuenta de ello: sus imágenes son el claro ejemplo de que la fotografía puede ir mucho más allá de la captación de la realidad. La imaginación, la magia y los sueños son los auténticos protagonistas de sus instantáneas, que recurren a toda clase de recursos expresivos como la doble exposición, la pintura e incluso el texto.

Bailarina vestida para el ballet ‘Bulgaku’ del coreógrafo ruso George Balanchine. Duane Michals (Getty)

Conocido por sus retratos a celebridades y por ser el autor de la imagen de la mítica portada de Synchronicity de The Police, su fotografía comercial es la base económica que le permite desarrollar su obra personal con total libertad. Y allí es donde está la magia. Además, al ser abiertamente gay, muchas de sus instantáneas tienen como protagonistas temáticas y situaciones propias del colectivo. Es el caso de su fotografía El hombre desafortunado, obra que relata la historia de un hombre condenado a no poder tocar a la persona a la que ama.

Azul: serenidad

Romaine Brooks (1874 – 1970) es una de esas artistas que se escapan a su tiempo. Su infancia difícil y en la más absoluta de las pobrezas cambió radicalmente cuando, tal y como cuenta su biografía publicada en la página del Museo Smithsoniano de Arte Americano, recibió una herencia millonaria de su familia. Esto le permitió desarrollar su arte de forma totalmente independiente a los movimientos y vanguardias que se estaban desarrollando en el fervor del siglo XX. Cultivó el género del retrato, inmortalizando a su círculo de amigos, integrado mayoritariamente por artistas, literatos y homosexuales. Su paleta tenue de tonos grisáceos no hace más que intensificar la aptitud de serenidad de los protagonistas de sus pinturas, convirtiendo su estilo en único.

Romaine Brooks, ‘Autorretrato’ (1923). Se puede visitar en el Museo Smithsoniano de Arte Americano, situado en Washington D.C.

La tranquilidad que transmiten su obras ni de lejos se refleja en su biografía. En lo sentimental, es difícil seguirle el hilo: además de mantener relaciones tanto con hombres como con mujeres (aunque se decantaría por estas últimas), eligió vivir el amor sin la exclusividad monógama. La relación más duradera fue la que tuvo con Natalie Clifford Barney, que las mantuvo unidas por más de cincuenta años.

Morado: espíritu

Francis Bacon (1909 – 1992) no tuvo una vida fácil y su obra, tenebrosa y turbulenta, es fiel reflejo de ello. Sus pinturas representan el espíritu más oscuro y perturbador del ser humano, la tragedia de su existencia expresada mediante torsiones, figuras desmembradas y mutilaciones. Es la representación más pura de la agonía que sentía y que le acompañó hasta el día de su muerte.

Francis Bacon, ‘Dos figuras’ (1953).

En lo referido a su sexualidad, sufrió el cruel rechazo de su padre, quién al enterarse de su homosexualidad lo expulsó de casa, con solo 16 años. Sin embargo, esto no evitó que Bacon expusiera públicamente su orientación sexual, siendo los protagonistas de muchas de sus obras sus propios amantes. Sus relaciones sentimentales no ayudaron a frenar su agonía: su relación con Peter Lacy estuvo llena de violencia y maltrato y la que mantuvo con George Dyer, al que conoció cuando entraba a robar a su casa, acabó con el suicidio del amante el mismo día de la inauguración de la exposición que lo catapultaría a definitivamente a la fama.

 

Clara González Freyre

FOTO: Anabel Bueno

https://verne.elpais.com/verne/2020/06/26/articulo/1593164788_064220.html