«LA HISTORIA SIN NOMBRE»  por Fuencisla Moreno Rueda

«LA HISTORIA SIN NOMBRE» por Fuencisla Moreno Rueda

Es difícil pasearse por la historia local sin hacer referencia a su Archivo Municipal y a los documentos que él encierra. A través de ellos conocemos no sólo su historia, sus habitantes o su economía, también sus documentos nos acercan a su cultura y a ese conjunto de pequeñas cosas que día tras día han ido configurando su perfil y su diferenciador modo de vida.

Atarfe guarda su historia en 28 metros cuadrados cargados de estanterías y de legajos que de manera constante, cada vez que nos lo proponemos, nos intentan acercar al pasado. Desde 1600 aproximadamente, retazos de la historia local se han ido acumulando entre sus
paredes y ahora, aunque los testimonios escritos nos lo demuestren, a todos nos resulta difícil imaginarnos cual era la sociedad de nuestro pueblo en 1752 cuando en el Catastro del Marqués de Ensenada, se definía el Lugar de Atarfe cómo: “Perteneciente a la provincia de Granada.

De Levante a Poniente ocupa 5/4 de legua, de Norte a Sur media legua poco más o menos y de circunferencia tres leguas. Limita por  evante con el lugar de Maracena, por Poniente con el de Pinos Puente, por el Norte con la Villa de Albolote y por el sur con el Rio Genil”.

Sin embargo, con poco que te interese lo que ocurre a tu alrededor y prestes un poco de atención a la curiosidad que todos tenemos, se pueden ir hilvanando trozos de historia y recomponer así, parte de nuestro pasado.

Haciendo un recorrido por el archivo, me llama la atención y me detengo en un conjunto d expedientes donde se guardan los documentos relativos a actividades lúdicas: fiestas, verbenas y espectáculos en general componen este apartado. Sin embargo donde curioseo de manera más minuciosa es en una pequeña carpeta azul que contiene unos veinte folios y en la que se lee:
“Homenajes”.

A lo largo de este siglo, el Ayuntamiento de Atarfe ha honrado a sus personalidades más notables. Fueron figuras destacadas de las ciencias, maestros, curas, monjas, alcaldes, médicos y unos cuantos nombres más conocidos por todos los atarfeños y atarfeñas.

Sin embargo ni en ese expediente ni en ningún otro documento del archivo, se ha mencionado jamás los nombres de muchos vecinos y vecinas de Atarfe. Son personajes carismáticos pero sin nombre y por tanto, condenados a desaparecer de la vida del pueblo, cuando
desaparezcamos los que aún los tenemos en la memoria.

Sus nombres, sus anhelos, sus frustraciones, sus ilusiones y sus miserias jamás aparecieron en ningún archivo y pese a haber formado parte de la fisonomía del pueblo y haber dejado su huella en casi todos los rincones de él, nunca de manera oficial fueron tenidos en cuenta.

Muchos recordamos la figura personalísima de una señora enlutada que para tramitar su paso al cielo, recorría el pueblo ofreciendo plegarias a cuantas imágenes religiosas encontraba a su paso. De igual manera, algunos recuerdan aquel hombre que un buen día decidió crear una banda de música en el pueblo o aquellos que desafiando la prohibición gubernativa, se lanzaron a la calle a celebrar el carnaval, disfrazados de sueños y cantando: “..Vamos a hacer un casamiento con de los Rios y Azaña, nos parece un buen injerto para redimir a
España….La niña irá vestida de una cosa nunca vista: la mantilla federal y su gorro socialista.”

 

También recordamos a los que se fueron buscando un lugar donde poder vivir, a los que en una madrugada les fue arrebatada la vida en las tapias del cementerio o a los que cargados de ilusión un día del mes de abril, volvieron a ser libres.

Muchos de ellos aún siguen con nosotros. Cada día los encontramos en algún lugar cercano, cuando vamos a desayunar, cuando paseamos o cuando vamos a la compra. La mayoría de las veces no reparamos en ellos, pero están ahí: unos asumiendo el papel de alcalde, otros
de cura, otros de reporteros, informando de la realidad que viven o de la que ellos mismos inventan, otros lanzando cohetes cada vez que creen que con su voto han contribuido a hacer la revolución que en su juventud le prohibieron hacer y otros, la mayoría, caminado por
sus calles y mirando el mismo cielo.

Yo he pasado algunas horas de mi vida en el archivo de Atarfe. He experimentado el placer de sentir el tacto de los libros y de recuperar, de algún modo, fragmentos de mi vida y de la vida de mis antepasados, pero también he sentido en la mayoría de los casos, la necesidad
de que aquellos papeles cuidadosamente ordenados y catalogados reflejaran no sólo lo que aparece en los libros de historia, sino también la realidad de mis vecinos, de todas las personas sin nombre que viven en mi pueblo.

Atarfe no solo es un municipio más de la provincia de Granada. Atarfe es el pueblo en el que vivo.

FUENCISLA MORENO RUEDA

Artículo editado por Corporación de Medios de Andalucía y el Ayuntamiento de Atarfe, coordinado por José Enrique Granados y tiene por nombre «Atarfe en el papel».

FOTO PORTADA

Archivo Paco Vigueras
La escuela republicana formaba a los alumnos en los valores de justicia social y solidaridad