LA VIGILANTE DEL LOUVRE  pòr Lara Siscar

LA VIGILANTE DEL LOUVRE pòr Lara Siscar

La periodista de RTVE Lara Siscar presenta ‘La vigilante del Louvre’, una novela a tres voces sobre la idiosincrasia de ser mujer.

Una mujer lleva a su marido hasta el orgasmo pero ella no alcanza a sentir gran cosa; otra mujer posa desnuda en una clase de dibujo, tiene frío y hambre pero debe aguantar; la tercera encuentra un momento de alivio al descubrir los retratos de dos hermanas expuestos en el museo en el que trabaja. Son las tres primeras escenas de La vigilante del Louvre, la primera novela de la periodista de RTVE Lara Siscar (Plaza & Janés). En la portada, una mujer de espaldas, desnuda, tapa un lienzo que el lector podrá identificar como El origen del mundo, de Gustave Courbet.

O sea que… O sea que esto debe de ir sobre la relación de las mujeres con su propio cuerpo llena de matices que los hombres apenas podemos intuir: el placer y el descubrimiento de la capacidad de despertar deseo, la vanidad y la culpa, la estupefacción ante el juicio ajeno e impertinente, la maternidad y el extrañamiento, la tristeza por la edad y el deterioro… ¿Es así? «El libro habla de eso, pero no sólo de eso», responde Siscar. «El cuerpo es aquí una manera de expresar algo más, la vivencia de las mujeres en su día a día. El cuerpo está dentro de esa experiencia, claro, está en el centro mismo. Parte de nuestra idiosincrasia consiste en que, como mujeres, no podemos desligarnos nunca de cómo se nos ve. Ni aunque queramos ser invisibles podemos conseguirlo, y eso es algo que no le ocurre a los hombres. Aquí el cuerpo me sirve para expresar algo más interno».

El problema, entonces, es más abstracto, más brumoso y más sencillo: Diana, Isabelle y Claudette, las tres protagonistas de Siscar, son infelices. Alrededor de Diana todo es mediocre. Alrededor de Claudette todo es tedioso. Y alrededor de Isabelle todo es vil. Pero a las tres les queda una pizca de consuelo en el cuadro de Courbet (se ha tomado la licencia literaria de hacerle abandonar el Museo d’Orsay en favor del Louvre) y en la Victoria de Samotracia. Por allí habrán de cruzarse sus vidas.

Casi no hay hombres en La vigilante del Louvre y los que aparecen llevan su coraza. Lo más probable es que tampoco ellos sean felices, pero no indagan mucho en eso. En cambio, van a prostíbulos, juegan a la pornografía y al chantaje, ganan dinero… «No hay un motivo explícito para que los hombres estén en segundo plano. Simplemente, no los necesitaba para expresar el tema que me interesaba».

¿Y por qué el Louvre? Hay una pantalla de frialdad en la novela que tiene que ver con ese paisaje parisino, más bien sórdido: turistas de día y prostitutas por la noche. «Habría podido llevarme el cuadro de Courbet al Museo del Prado. Lo pensé. Pero había algo a lo que no podía renunciar que era la aparición de La Victoria de Samotracia, que también tiene su presencia icónica en la novela. Era el cimiento de toda esta historia».

La novela de Siscar está llena de marcas así, de citas a los libros que sus protagonistas leen, a la música que escuchan, a las obras de arte que van buscando cuando entran en el museo. «¿Sabe qué pasa? Soy una escritora que empieza. A veces soy consciente de que tomo imágenes e ideas de libros que leo y siento que lo más honesto es nombrarlos».

No es una anécdota. Siscar dice que La vigilante del Louvre responde a sus años de lectora obsesiva. «No sé si soy buena escritora, pero sé que soy buena lectora. He leído indiscriminada y compulsivamente desde que tengo uso de razón y, casi sin querer, he desarrollado un criterio. Leo novelas, veo cosas, me fijo y pienso: aquí hay un nivel de complejidad que creo que puedo asumir». Continúa: «He sido feliz con lo que escribo cuando he sido capaz de no conformarme con las primeras imágenes, que normalmente venían de otras lecturas». Y termina: «Es mi forma de ser. He intentado alejarme de lo previsible, de lo sabido, de lo convencional».