La UCI de Trauma se humaniza y será un servicio de puertas abiertas a los familiares

La UCI de Trauma se humaniza y será un servicio de puertas abiertas a los familiares

El objetivo es eliminar los horarios fijos de visitas y permitir que la familia esté con el paciente cuando quiera y por el tiempo que desee, siempre cumpliendo unas normas.En la UCI de Traumatología trabajan una decena de facultativos entre plantilla y residentes, 28 enfermeros y 18 auxiliares.

Las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) son tradicionalmente un espacio cerrado, hermético a las visitas -reguladas con un estricto orden y horario- y centrado en la atención intensiva al paciente crítico en un espacio extremadamente controlado, medicalizado, mecanizado y casi ajeno a lo que pasa fuera. Pero ese ‘búnker’ parece tener los días contados. Una filosofía más humanizada sobre todo con los familiares tiende a abrir las puertas de los servicios. La máxima: «no hay nada que esconder».

La UCI del hospital de Traumatología trabaja ya por implantar el proyecto de Humanización de Cuidados Intensivos HU-CI. El plan, creado por el intensivista madrileño Gabriel Heras, ha sido acogido por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, que decidió potenciarlo para que se implantara en los servicios sanitarios. El jefe de sección de la UCI del hospital de Traumatología, Enrique Fernández Mondéjar, es un gran defensor de este cambio -aunque incide en que esto no significa que ahora estén deshumanizadas, sino que hay margen de mejora- y el impulsor de su adaptación al servicio granadino. Será de los pocos hospitales en tenerlo. El gran cambio será eliminar los horarios fijos de visita y que la familia elija cuándo entrar y cuánto tiempo.

Fernández Mondéjar asegura que «no hay nada que esconder» dentro de las unidades de cuidados intensivos y que, con un control lógico y unas normas por la situación en la que están los pacientes, que no es la misma que si estuvieran en planta en una habitación, la presencia de un familiar transmite muchas cosas positivas al enfermo, al propio acompañante y también pueden ser aliados de los profesionales.

Lo que se pretende es tratar no solo al paciente sino a la familia, «que muchas veces tenemos en segundo plano porque nuestro objetivo es el paciente. Pero cuando hablamos con pacientes que han salido de la unidad comentan que sólo tenían un momento de felicidad cuando entraba en la visita su familia, o alguna enfermera le tocaba o hablaba. Y la familia puede ayudar mucho cuando el paciente mejora y hay que luchar por él al 100% y cuando no hay que luchar porque no hay salida y hay que dar el cuidado al final de la vida. En los dos aspectos la familia tiene papel fundamental», argumenta el jefe de sección de la UCI. La supervisora de Enfermería, Isabel Leyva, confirma que el acercamiento del familiar al paciente es «fundamental».

El proyecto supone un cambio en la mentalidad de los profesionales y en la forma de trabajo. También incluye medidas estructurales, como tener todas las habitaciones individuales, pero la intención es ir implantándolo poco a poco. «No tiene que ser solo una cosa del jefe sino la idea de toda la unidad. Y Enfermería tiene un papel trascendental porque ellos están todo el día con los pacientes. Esto es un proceso evolutivo que cada día tenemos que ir a más», asegura.

Una evolución similar a la sufrida hace años por los propios hospitales. Fernández Mondéjar recuerda cómo hace más de 30 años entrar al hospital era casi imposible. Se exigía un pase y nadie que no lo tuviera podía pasar. Pero los tiempos cambian y así como el hospital se abrió, en los cuidados intensivos «va a pasar lo mismo. Y ya estamos tardando».

Cualquier duda sobre cómo compaginar la asistencia médica tan específica y a veces agresiva por salvar o mantener a pacientes críticos con la presencia de familiares dentro de la sala, es rebatida con contundencia por el facultativo. «No hay nada de lo que hagamos que no pueda ser visto por su familia. Nada de lo que hacemos al paciente hay que ocultarlo. Eso sí, la familia tiene que elegir si quiere estar presente o no, pero tienen que poder elegir». Todo, claro está, según el casos. «Hay que compaginar con el estado del paciente pero se puede hacer y si quiere la familia, se puede estar». «Todo tiene pros y contras pero no podemos siempre, por evitar un problema, limitar el derecho de la familia a estar presente», incidió el doctor.

La idea es desterrar los horarios fijos de apertura a las visitas, que ahora en esta unidad son cuatro al día (08:00, 13:00, 17:30 y 20:30) y que un familiar (siempre sería familia muy cercana, con límites de personas y siguiendo las recomendaciones del personal) pueda entrar y estar junto al paciente cuando quiera y por el tiempo que quiera. Que el familiar sea el que decida la hora de visita. «No se puede limitar el derecho de la familia y cada uno se puede adaptar a sus necesidades», insiste. Porque muchas veces ese horario de visitas interfiere con el horario laboral.

Además, esto serviría de apoyo a la familia para que confíen en que quienes cuidan al paciente lo hacen con todas las garantías. Y para el paciente también tiene sus beneficios, transmitidos por los hospitales que ya lo tienen implantado como el de Torrejón de Madrid (que fue el pionero) o el General de Oviedo. Por ejemplo, en enfermos neurológicos la familia puede ser la primera en darse cuenta de si responde a estímulos. Y el paciente se da cuenta, aunque esté sedado, de que tiene a un familiar al lado y reconoce su voz, que la del médico o la enfermera le es ajena.