MAITINES  Por Juan Alfredo Bellón

MAITINES Por Juan Alfredo Bellón

MAITINES  Por Juan Alfredo Bellón DESDE EL MIRADOR nº45 para el domingo 29-03-2015

                 Sabidas son desde antaño las concomitancias ente el vocabulario del fútbol y el del sexo (casarse de penalty) o el de a vida cotidiana (entrar hasta la cocina, robarle la cartera) pero hoy traigo a cuento las cercanías también evidentes entre la política y otros muchos ámbitos deportivos, culturales, militares y otras muchas facetas de la sociedad. Así, un determinado jugador supo leer el partido; una buena defensa levantó una barrera infranqueable o un buen ataque justificó la táctica o la estrategia ofensiva de un equipo (scuadra en italiano) donde militan los miembros de la plantilla integrada por defensores, atacantes, arietes, medias puntas, guardametas, medios ofensivos y defensivos, diestros, siniestros y centrales avanzados o rezagados, etc.

                El fenómeno es bien conocido por la lingüística y la sociolíngüística, donde los lenguajes sectoriales y especiales generan un vocabulario particular de la actividad en cuestión (fuera de juego, corner, golpe franco etc. que luego se traspasa y se intercambia con el léxico de otras actividades (chut, patada, plantillazo, punterazo, cola de vaca, control orientado, chilena, túnel, regatear, carrilero, carril derecho, etc.) prestándoles o recibiendo términos o frases originarios de ellas.

                Claro que últimamente esos intercambios han pasado al territorio de la Semiótica y de las habilidades manuales y corporales comunicativas pero no expresadas por signos propiamente lingüísticos, como ese gesto estentóreo con que Cristiano Ronaldo celebra sus goles simulando una penetración trasera de sus adversarios, como quien dijera al contrincante «te la metí; jódete» o pidiendo silencio al público asistente partidario del equipo jodido o dando gracias al cielo por un lace del juego favorable o comunicándose con un familiar cercano recién fallecido o, simplemente, dando gracias a la divinidad por su protección.

                Todo esto son cuestiones ya hoy archiconocidas por la gente que se mueve alrededor del fútbol como el hecho de que técnicos y futbolistas se tapen la boca papablemente para que nadie (y menos un posible especialista en lectura de labios) pueda saber el contenido de las comunicaciones entre unos y otros, o el lugar de la portería hacia donde pretende lanzar el delantero designado para ejecutarla. Hasta aquí todo normal. Lo que no lo es tanto es la mouriñización de la Ejecutiva del PP y el espectáculo que dieron ante los medios durante la mañana siguiente al escrutinio electoral de las elecciones andaluzas el pasado lunes 23 de los corrientes.

             Allí faltaron una docena de barones y baronesas que no daban crédito a la magnitud de la derrota y no se atrevían a dar la cara contra Mariano y, los que asistieron, se llevaban ostensiblemente las manos a la boca parara decir lo que pensaban inter se en lugar de hacerlo público y patente:

                —La Vin, qué hostia nos hemos pegao en Andalucía. Es que ni a caso hecho, coño. Este Mariano no tiene arreglo.

                —Ni Andalucía tampoco. Si a mí me dejaran…

                Claro que, en realidad, hay quien dice que uno de los futboleros, más inquieto y previsor que el mismísimo copón para los viajes, que es mi editor y amigo Manolo Codina, habiendo reservado un crucero de verano con escala en Túnez y habiéndolo sustituido (también por precaución) por una semana de turismo rural en una casita de los Alpes, por encima de Niza, tranquila de la muerte, que no se oyen ni los aviones, se aterminó a hablar en el auditorio de Atarfe, con las dos manos en la boca, no fueran a verlo y a interpretarlo las fuerzas del mal y se le chafaran las vacaciones, ahora que su Paqui ha cumplido los sesenta, aceptándolos, y con lo feliz y contenta que se halla consigo misma y con los demás, entre los que tiene la suerte de contarse el que esto escribe y toda su parentela. Y no digo más que felicidades porque ya casi se halla el Señor muerto y hay que mantener la compostura.