«LA RELIGIÓN EN ATARFE» por José Enrique Granados

«LA RELIGIÓN EN ATARFE» por José Enrique Granados

EL JUEVES SANTO Y OTRAS CEREMONIAS RELIGIOSAS

Hoy Jueves Santo traemos a la Gacetilla una fotografía datada de mediados del siglo pasado, cortesía de María Victoria Correa, en donde podemos contemplar a Nuestro Padre Jesús Nazareno en sus andas procesionales, antes de iniciarse la procesión por las calles de nuestro pueblo. Delante de él vemos a cinco personas, tres mujeres de mantilla al centro, escoltadas a ambos lados por dos varones. Reconozco tan solo a Emilio Marín y su mujer Lola “La Pistola”.

En la Semana Santa se juntan tradición, respeto y creencia. Por eso queremos aprovechar la ocasión para describir algunas reglas de protocolo para estos días (ABC, 19 abril 2014). Las mantillas negras se usan como señal de luto por la pasión y muerte de Jesucristo, por lo tanto la persona que la viste ha de conservar la compostura mientras la lleva.

La mantilla puede ser de blonda (para las señoras de más edad), o de chantilly (para las más jóvenes). Las más económicas son de tul, bien labrado o bien imitación de encaje de Bruselas. El Jueves Santo la mantilla se viste dejando descubiertos cara y pelo. Sin embargo, el Viernes Santo, conmemoración de la muerte de Cristo, la mantilla se coloca cubriendo la frente con la blonda sobre la misma unos 2 o 3 centímetros. Siempre se coloca a la altura de las manos y, por detrás, no debe sobrepasar el largo del vestido.

Como hemos dicho, se tiene que ir de luto riguroso y en el caso de los hombres, deben vestir con un traje oscuro con corbata también de esta tonalidad.

El vestido ha de ser negro de terciopelo o de crepé, de manga larga o semilarga, por las rodillas y escote barco o a la caja. El escote en pico está permitido siempre que no deje ver el «canalillo». Debe evitarse un vestido demasiado ceñido y nunca entero de guipur (encaje). El pelo debe de ir recogido en moño bajo, donde se sujetará la peina y el maquillaje ha de ser suave, nada recargado y los labios sólo con un discreto brillo o nude.
Un accesorio importantísimo es el broche que sujeta la mantilla o la peina por detrás, en la nuca. El broche tiene que ser de plata o de oro blanco. Los pendientes son siempre largos, de plata o con brillantes. También están los llamados «de Virgen», de circonitas. Se admiten pendientes de perlas, pero siempre largos.

Jamás se llevan flores en el pelo ni en la solapa vistiendo mantilla. Se puede llevar un colgante de plata en el cuello, o bien una cadenita con una cruz. También se puede llevar collar de perlas en señoras de más edad.

Nuestro Padre Jesús Nazareno es una imagen que tiene uno de sus brazos articulados y cando se procesionaba, separando el brazo de la Cruz, bendecía a todos los asistentes en medio de un gran silencio y fervor.

Curiosidades elvirenses.

AT

Hasta hace pocos años la religión y la Iglesia Católica eran ejes fundamentales de la sociedad española “oficialista”. Históricamente, éstas han ejercido una fuerte influencia en nuestro país. En la Restauración (1874-1931) la burguesía conservadora en el poder favoreció el desarrollo de las principales vías de intervención social en la Iglesia (educación y beneficencia), y la implantación de órdenes religiosas en todo el país.

Aunque durante la II República se intento secularizar la sociedad, la guerra civil y posterior dictadura supuso una vuelta al orden de las cosas. A cambio del apoyo político que ofreció el clero al franquismo, el régimen concedió a la Iglesia amplios privilegios. Es el llamado nacional-catolicismo. Las ceremonias religiosas, muchas de ellas de un gran significado político, forman parte del ambicioso proyecto de recristianización de la sociedad emprendido por la Iglesia en la postguerra. El calendario litúrgico se componía de innumerables ritos: novenas, triduos, rosarios de la aurora, ejercicios espirituales en Semana Santa, etc. Los principales actos religiosos eran los bautizos, las primeras comuniones, los matrimonios y los entierros. Prácticamente todos los españoles cumplían con estos preceptos, con los sacramentos.

Y mayo, era (sigue siendo) el mes de las primeras comuniones. Todos los niños y niñas en la edad preceptiva (ha ido cambiando en estos últimos años) ese día eran los protagonistas de un evento importante en sus vidas, hasta entonces el día más feliz de la vida, porque todo giraba en torno a la trascendencia y significado religioso del hecho: ¡recibir a Dios por vez primera!

Ellos, con traje de marinero, guantes blancos, crucifijo plateado, dorado o de nácar, pendiente de un cordón con borla. Como complementos habituales, misal con portadas nacaradas, devocionario y rosario de plata, nácar o cristal. Ellas, con traje de princesitas parecido a las galas nupciales, muy habitualmente de organdí, de largo variable según la moda del momento, con tocado de flores y tules en blanco representando la pureza; con guantes, limosnera, misal, rosario, recordatorios y cadenita al cuello.

Bodas, alguna fiesta o conmemoración especial y primeras comuniones, eran las ocasiones señaladas y reservadas en aquellos años para las fotografías. Las individuales, con un solemne decorado. Las colectivas, como ésta, cortesía de Fuencisla Moreno Rueda, fechada en 1966 y realizada en el cancel de la plaza de la Iglesia. En esta ocasión son las alumnas de la escuela de la Señorita Anita Pozo, quienes posan tras haber comulgado por primera vez.

Curiosidades elvirenses.

COMUN