«El infarto de las elecciones» por  EMILIO ARNAO

«El infarto de las elecciones» por EMILIO ARNAO

Se aproximan las elecciones autonómicas y las municipales. Todos los partidos políticos han sacado su vikingada para acometer contra el pueblo con la intención de ver por dónde son capaces de engañarlos. Las elecciones o comicios son una ficción aseteada en una realidad española frecuentada por la indignación y la comedia. Los políticos pegan sus carteles como si pegaran los cromos del F. C Barcelona. Es la hora de la verdad, por eso son necesarios los gabinetes de los psicólogos.
En tiempo de elecciones la psiquiatría castellaniza el oremus a base de mazapanes y dialécticas profundas. Los partidos políticos nos tratan de convencer que su versión del panorama histórico nacional debe ser cuidadosamente regido por unos señores y unas señoras que dicen que creen en la democracia, cuando lo primero que se tendría que electoral es qué tipo de democracia queremos. La “demos” está herida por culpa de una Atenas por donde Sócrates dispersaba su fealdad y su preplatonismo. La democracia nació en Grecia y luego Roma la deformó con su “pan y circo” ampuloso y mayestático.

Eso es lo que está ocurriendo en este país de tiradores, es decir, lo que está aconteciendo en una España mal formateada de parlamentarismo y representación. El “No nos representan” del 15M vuelve a tomar vigor tras las pisadas en el hielo de nuestros políticos ecuménicos. Bien sea dicho que los partidos nuevos -Podemos y Ciudadanos- han recogido el grito de la calle y lo han hecho suyo; sin embargo, todavía nos tienen que convencer sobre esa lucha de titanes que surge tras unos comicios a la hora de verificar quién pacta con quién. El pacto Ciudadanos/PP se ve venir. Tienen el mismo carnet de identidad, aunque los intelectuales de Albert Rivera anuncien nuevas reformas no del todo desentonadas. De momento Ciudadanos es un partido limpio que ha buscado el centro para no escorarse demasiado hacia el neoconservadurismo.

Podemos, por su parte, trae la rosa sevillana que trajo Felipe González allá por el 82, donde se renunció al marxismo en Suresnes e ilusionó a la mayoría de los ciudadanos españoles. Podemos va en esa línea, esto es, intentar acaparar el voto de la ilusión para ocasionar el cambio que España necesita en estos momentos del Terremoto de Lisboa. Ayer vi por la tele a Pablo Iglesias y estuvo fino y locuaz, convincente y seguro de sus plegarias. Podemos puede ser la gran sorpresa de las autonómicas, a no ser que le saquen papeles sucios, como pasado por el tigre, por parte de los poderes fácticos de este país. A Podemos se le intenta recluir a base de noticias mínimas que hacen tanto daño como el caso Rato o como la cárcel de Bárcenas. Podemos debe infligir, con flechas de indios aborígenes, una sabia reflexión sobre lo que quieren hacer y si están preparados para hacerlo. Todo apunta a que existe una organización tras el partido de Iglesias bien orquestada y dispuesta a dar la batalla hasta ganar la guerra.

Por ahí está el PSOE de Pedro Sánchez, quien en poco tiempo también ha sido capaz de renovar la vieja guardia y surtir al espectáculo de turrones y navidades dulces de cara a su electorado. Estoy seguro que el PSOE va a sacar más votos que los que vaticinan las encuestas. Por ejemplo, veo a Carmona sentado en el ayuntamiento de Madrid ante las mentiras y la vejez de una Esperanza Aguirre que debía haber pasado una noche en el calabozo tras su comediografía del coche de la Gran Vía. La cosa está que arde y los políticos afinan sus castillos elásticos para que los españolitos de a pie elijamos el naipe ganador. Este as de la baraja no se lo va a llevar el Sóviet del Partido Popular, pues, si siguen saliendo Trillos y Pujaltes de aquí al 24, el tema de la corrupción va a posibilitar que los populancheros se vayan a Londres con Rita Barberá, una mujer no demasiado bella que define exactamente la estampa de lo que ha sido estos últimos años el generalato del Partido Popular. A mí me gusta Cospedal. Me la quiero echar de novia. Así pues, si fracasa el PP quiero a Lolita conmigo en una casa de campo que le tengo preparada con perro y todo.
 

publicado en : http://www.diarioprogresista.es/el-infarto-de-las-elecciones-63005.htm