{"id":15140,"date":"2017-03-27T11:30:13","date_gmt":"2017-03-27T09:30:13","guid":{"rendered":"http:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=15140"},"modified":"2017-03-27T10:44:03","modified_gmt":"2017-03-27T08:44:03","slug":"casa-cerrada-publicado-por-alberto-granados-en-relatos-mucho-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=15140","title":{"rendered":"\u00abCasa cerrada\u00bb Publicado por Alberto Granados en Relatos (Mucho cuento)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Julia aparca en la plaza, justo enfrente de la casa. Estira la columna despu\u00e9s de tantos kil\u00f3metros, coge su bolso y sale del coche. Un momento despu\u00e9s asoman sus hermanos In\u00e9s y Paco. Sus cu\u00f1ados Emilio y Lola est\u00e1n desayunando y la esperan en la cafeter\u00eda. Se besan y comentan las incidencias del viaje. Julia enciende un cigarrillo al que le da golosas chupadas con cierto nerviosismo. <!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tres entran y la reci\u00e9n llegada saluda a los cu\u00f1ados con evidente desgana. Necesita urgentemente un caf\u00e9. Sali\u00f3 de Madrid a las seis de la ma\u00f1ana. Ve las tostadas y casi siente una arcada, pues tiene mal cuerpo y peor \u00e1nimo. Est\u00e1 preocupada con el resultado de sus pruebas m\u00e9dicas. Por eso no la ha acompa\u00f1ado Antonio, que se ha quedado en el Hospital pendiente de recoger el resultado, de pedir un diagn\u00f3stico de urgencia al onc\u00f3logo y comunic\u00e1rselo. Mira el m\u00f3vil, pero no hay mensajes. Se tranquiliza pensando que es temprano. A sus hermanos y cu\u00f1ados no ha querido decirles nada de lo que sospecha y teme. \u00bfPara qu\u00e9 anticipar preocupaciones? Si hay un tumor ya habr\u00e1 tiempo de decirlo.<br \/>\nHablan de generalidades, de los hijos, del tiempo que hace que no se ve\u00edan. Le preguntan por Antonio y ella les miente: ten\u00eda guardia y no ha podido cambiarla. Un rato despu\u00e9s, Emilio, el menos indicado, introduce en la conversaci\u00f3n el fantasma de la prisa:<br \/>\n-Si vamos a entrar a la casa, hay que apresurarse. A la una ten\u00e9is cita con el notario.<br \/>\nPaco paga los desayunos con evidente desagrado de Lola, siempre mezquina en las cosas del dinero. A Julia le gusta ver que su hermano asume el papel de hombre de la casa. Piensa que, en cierto modo, ella tambi\u00e9n se siente como una prolongaci\u00f3n de su madre respecto a sus hermanos. Son todos adultos, pero alguien tiene que perpetuar a los muertos y seguir su estela. Le gustar\u00eda ser m\u00e1s eficaz y mantener con m\u00e1s intensidad ese v\u00ednculo, ya irreparable, que se rompi\u00f3 cuando cada uno de ellos se fue de la casa, se cas\u00f3, cre\u00f3 su propia familia, sus nuevos lazos. \u00a1El tiempo rompe tantas cosas!<br \/>\nSe levantan y cruzan la plaza. Julia lleva en su bolso la enorme llave del art\u00edstico port\u00f3n de madera noble, claveteado y con bellos herrajes y un vistoso llamador de bronce. Tambi\u00e9n la llave de la cerradura peque\u00f1a, que se puso para darle algo de seguridad a la casa, abandonada desde que hace siete a\u00f1os se llev\u00f3 a su madre a Madrid porque la edad ya no le permit\u00eda seguir sola. Le doli\u00f3 alejarla tanto de sus ra\u00edces, pero fue la \u00fanica que se neg\u00f3 a ingresar a la anciana en una residencia. A veces piensa que ni sus cu\u00f1ados ni sus propios hermanos le han perdonado que tomara esa decisi\u00f3n, una medida que los dej\u00f3 a ellos en evidencia y que supuso afrontar nuevos problemas con su marido y sus hijos, afortunadamente superados inmediatamente. Cree que hizo lo que ten\u00eda que hacer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/dscn5230.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-15141\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/dscn5230.jpg?resize=640%2C480&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/dscn5230.jpg?w=768&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/dscn5230.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/dscn5230.jpg?resize=600%2C450&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vista de Albanchez (Ja\u00e9n)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La llave grande ya ha abierto el mecanismo. La peque\u00f1a se atasca al principio. Siempre consider\u00f3 que aquella cerradura mostrenca era un verdadero oprobio para una puerta tan se\u00f1orial y hermosa. La hizo en los sesenta Manolo el herrero, amigo de su padre desde que ambos compartieron calabozo en los primeros d\u00edas de la postguerra, condenados a muerte por haber sido concejales socialistas. El buen hombre puso todo su empe\u00f1o y consigui\u00f3 una de esas puertas que har\u00edan las delicias de cualquier anticuario: elegante, s\u00f3lida, sobria, se\u00f1orial\u2026 Julia ha pactado con sus hermanos llev\u00e1rsela a su chal\u00e9 de la sierra madrile\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al abrir la casa huele a polvo, a humedad, a moho\u2026 y a recuerdos. Todos enmudecen y Julia piensa que cada uno se est\u00e1 sumergiendo en sus propias evocaciones. Imagina c\u00f3mo enfocan ese momento tan lleno de emoci\u00f3n. Emilio, al que jam\u00e1s ha soportado, estar\u00e1 pensando que ya era hora de que la dichosa casa se vendiera. Paco recordar\u00e1 los mimos de su madre, lleno de nostalgia. Es el menor, mucho m\u00e1s joven que sus dos hermanas y all\u00ed vivi\u00f3 en un limbo de ni\u00f1ez prolongada, dej\u00e1ndose querer por su madre, especialmente tras la muerte del padre. Adem\u00e1s, durante su adolescencia era el \u00fanico que quedaba all\u00ed, pues In\u00e9s y ella ya estaban en Granada estudiando la carrera. Su cu\u00f1ada nunca soport\u00f3 venir a la casa, ni siquiera en verano o por navidad, a darle unos d\u00edas de compa\u00f1\u00eda a su suegra. Para ella, venderla ser\u00e1 una absoluta liberaci\u00f3n, el entierro definitivo de una situaci\u00f3n y una familia que siempre detest\u00f3. En cambio In\u00e9s sufrir\u00e1, pues es consciente de que casarse con Emilio fue un gigantesco error y tal vez volver de cuando en cuando a su \u00cdtaca familiar le serv\u00eda de lenitivo a su soledad. Julia se limita a recordar a sus padres, siempre tiernos y honestos con los suyos, siempre dialogantes y cercanos, pero discretos en todo momento con hijos, yernos y nuera. Siente un nudo en la garganta y recuerda que est\u00e1 pendiente de levantar el pie en este campo de minas que es tener sesenta y un a\u00f1os y estar pendiente de un diagn\u00f3stico. Mira de nuevo el m\u00f3vil. No hay mensaje alguno.<br \/>\nRecorren la casa: alguna cucaracha muerta, una gruesa capa de polvo, algunos muebles viejos, aunque de gran belleza, unos libros polvorientos que nadie quiso en su momento y ahora Julia desear\u00eda llevarse, aunque no sabe si sus cu\u00f1ados lo ver\u00e1n procedente. Se queda un momento mirando un triple arco cegado que hay sobre las ventanas. Es la portadora de un secreto que desvelar\u00e1 tras pasar por la notar\u00eda y comer juntos. Se siente como una ni\u00f1a traviesa que sabe lo que ignoran los dem\u00e1s. Goza por un momento esa sensaci\u00f3n perversa aunque intuye que habr\u00e1 problemas con la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se asoman a los dormitorios donde los hermanos secreteaban tras la cena, donde estudiaban y se contaban sus amor\u00edos y ligues, donde se proteg\u00edan unos a otros\u2026 De eso, le parece, han pasado miles de a\u00f1os. Ahora muestran un inabarcable vac\u00edo. Los grifos del ba\u00f1o s\u00f3lo echan un agua turbia a borbotones. En las c\u00e1maras est\u00e1n los viejos aperos de labranza, muchos ba\u00fales donde tal vez haya miles de recuerdos, un mont\u00f3n de botes de cristal que su madre us\u00f3 siempre para las conservas de la fruta, un viejo sof\u00e1 desvencijado, una radio Telefunken que tal vez a\u00fan funcione, viejos muebles arrumbados, las tinajas del aceite, de un acero bru\u00f1ido en que se miraban deformados por la curvatura y se re\u00edan de ni\u00f1os. Recuerda cuando en los setenta, siendo ella una adolescente, desaparecieron los mulos y las cuadras pasaron a ser un saloncito y un cuarto de ba\u00f1o completo. Parece percibir el olor de las cuadras. Sabe que durante la jornada m\u00e1s de una magdalena proustiana va a irrumpir en sus conciencias. Les cuesta trabajo abrir la puerta del patio posterior, donde pasaron tantas tardes de su ni\u00f1ez rezando el aburrido rosario con su madre y tomando el fresquito en los meses de verano, recostados en unas hamacas que nadie sabe d\u00f3nde fueron a parar. El pozo, la huerta, los frutales resecos, un nido de gorriones en la higuera que daba aquellos higos tan dulces, la fuente que pon\u00eda su m\u00fasica mon\u00f3tona como fondo a aquellas tardes de tedio y tranquilidad\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De nuevo es Emilio quien rompe el hechizo:<br \/>\n-Chicos, la hora del notario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, es hora de cruzar la plaza y firmar las escrituras. Despu\u00e9s recoger\u00e1n las cuatro cosas que a\u00fan quedan y ma\u00f1ana vendr\u00e1 un alba\u00f1il a descolgar el port\u00f3n y las rejas art\u00edsticas de las ventanas de la planta baja. Con la inmobiliaria han pactado que entregar\u00e1n la casa vac\u00eda, as\u00ed que lo que nadie desee se tirar\u00e1 a la basura, lo que deja un poso de tristeza en el \u00e1nimo de Julia, que se lo llevar\u00eda todo a su piso, aunque es consciente de que no puede hacerlo: la vida no es precisamente una dulce arcadia ni permite recuperar la ni\u00f1ez.<br \/>\nEmilio se va al bar, muy gustoso por cierto, a acentuar su alcoholismo. Lola se ir\u00eda con \u00e9l, pero le cae tan mal que prefiere esperar a su marido y a las cu\u00f1adas en la misma notar\u00eda. All\u00ed se intercambian los saludos entre el notario, el comprador y los tres hermanos. Veinte minutos despu\u00e9s la casa ha dejado de pertenecerles. La casa y el c\u00e1lido pasado que encerr\u00f3 entre sus muros. Afectos, recuerdos, sue\u00f1os, un tiempo irrecuperable\u2026 aunque si se trata de tiempo, a Julia le preocupa m\u00e1s el que le queda por delante, por si resulta ser m\u00e1s escaso de lo previsible.<br \/>\nA\u00fan no hay noticias de Antonio y eso empieza a preocuparle. Se imagina mil posibilidades, todas malas. Entran al restaurante donde tantas veces fueron a comer. Saludos, cervezas y un almuerzo bastante triste. Al desaparecer la casa, disminuir\u00e1n las posibilidades de volver a reunirse. Sus hermanos, a fin de cuentas, est\u00e1n en la ciudad, a ochenta kil\u00f3metros escasos, pero ella vive en Madrid. Por el momento, piensa, y vuelve a mirar disimuladamente el m\u00f3vil. La conversaci\u00f3n se anima y surgen recuerdos y an\u00e9cdotas que tienen un especial halo de nostalgia. Cuando vuelve de la calle, tras fumar otro cigarrillo, les desvela su secreto, que acaba de anunciarles, creando un ambiente de expectaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Mirad, cuando mam\u00e1 vino a vivir conmigo no hac\u00eda m\u00e1s que pensar en el pueblo y en su para\u00edso perdido. Durante muchas tardes, me cont\u00f3 toda su vida, me habl\u00f3 de pap\u00e1, de su relaci\u00f3n\u2026 Poco a poco fue mezclando recuerdos y enso\u00f1aciones seniles. Me cont\u00f3 muchas cosas demasiado \u00edntimas y un d\u00eda me hizo una revelaci\u00f3n. En 1936, cuando estall\u00f3 la guerra, pap\u00e1, que siempre fue previsor, hab\u00eda guardado libros, monedas, joyas y m\u00e1s de un objeto sagrado de la parroquia para que aquella locura no se lo llevara todo por delante. Mam\u00e1 me dijo que detr\u00e1s de un tabique. S\u00f3lo sacaron despu\u00e9s lo que era de la iglesia, pues ya sab\u00e9is que nuestro padre estaba en el punto de mira y prefiri\u00f3 que todo aquello siguiera escondido. En cierto modo, esa colaboraci\u00f3n con el cura le salv\u00f3 la vida cuando regres\u00f3 y estaba en busca y captura. Ese peque\u00f1o tesoro supongo que est\u00e1 en alg\u00fan punto de la casa, si es que realmente existe y no se trata de la demencia senil de mam\u00e1. Llevo tiempo intentando averiguar d\u00f3nde y creo que s\u00f3lo hay un sitio: en el arco cegado que hay sobre cada una de las ventanas del sal\u00f3n. Mirad esta foto. Es de antes de la guerra y en donde siempre hemos visto un tabique, hubo unas estanter\u00edas. Ahora vamos a dar unos martillazos, a ver qu\u00e9 encontramos. Lo que haya lo repartimos en tres lotes y ya est\u00e1.<br \/>\nSorprendidos y excitados, regresan a la casa. Julia saca de una bolsa un mazo de alba\u00f1il y Paco empieza a dar golpes. Aparecen, en efecto, tres cuerpos de baldas llenas de libros, una bolsa de seda con las joyas de la abuela, otra con amadeos, otras muchas monedas extranjeras de oro y de plata, las arras de los padres, un reloj, varios dijes y tres sujeta-corbatas de oro\u2026 Hay curiosas ediciones de libros prohibidos por la iglesia, de naturaleza galante o de doctrina socialista, primeras ediciones de grandes autores\u2026 Un verdadero tesoro, oculto tanto tiempo por miedo. Todos quedan mudos por la sorpresa y admiran con cierta codicia lo m\u00e1s valioso. Julia teme a la avidez de su cu\u00f1ada, que antes o despu\u00e9s meter\u00e1 la pata. Su cu\u00f1ado, en cambio, estar\u00e1 tasando mentalmente lo que puede valer la parte de In\u00e9s, tal vez estar\u00e1 haciendo el c\u00e1lculo en gint\u00f3nics, que parece ser su unidad de medida favorita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/img_7177.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-15142\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/img_7177.jpg?resize=640%2C480&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/img_7177.jpg?w=768&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/img_7177.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/img_7177.jpg?resize=600%2C450&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una plaza de Banagalb\u00f3n (M\u00e1laga)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es casi de noche, as\u00ed que se dan prisa en hacer los lotes y sus hermanos y cu\u00f1ados se despiden. Meten en los coches los \u00faltimos vestigios su infancia, que a \u00faltima hora han decidido llevarse. Se emociona al abrazar a In\u00e9s y a Paco. A diferencia de ellos, que hoy mismo volver\u00e1n a la ciudad, ella tiene reservada habitaci\u00f3n en el establecimiento de Paquita, amiga desde siempre de su madre y sobreviviente de su generaci\u00f3n. Los ve partir, mientras agita su mano y nota las l\u00e1grimas. Despu\u00e9s recoge del coche su peque\u00f1a bolsa de viaje y se dirige al hostal. Desea llamar a Antonio y darse una ducha. Se nota muy cansada s\u00fabitamente.<br \/>\nPaquito, que ya es un adulto y es ahora quien lleva el negocio, le dice que su marido la ha estado llamando toda la tarde. Le ha dejado un recado: que no se preocupe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respira aliviada y el muchacho, al verla mirar el m\u00f3vil, le explica que en el pueblo s\u00f3lo tienen cobertura un par de operadoras, ninguna de ellas la que Julia tiene contratada. Le explica que basta con subir la cuesta hasta la salida a la carretera general y recibir\u00e1 la se\u00f1al con toda intensidad. Al verla preocupada, llama a su hijo y le dice que saque el coche y la lleve. Ella reh\u00fasa, pero al final acaba en la parte alta del pueblo y comprueba que hay un mont\u00f3n de mensajes tranquilizadores de su marido, as\u00ed como varias llamadas perdidas. Regresa con otro \u00e1nimo. Pide una cerveza, unas tapas y, tras saludar a la anciana abuela, se lleva la cena a su dormitorio. Sue\u00f1a con las zapatillas y necesita hablar con Antonio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El marido le da una de cal y otra de arena: los resultados no determinan nada, as\u00ed que hay que hacer nuevas pruebas para estar seguros\u2026 No termina de cre\u00e9rselo y trata de disimular la preocupaci\u00f3n. Cambia el tercio y le cuenta sus impresiones sobre la jornada, c\u00f3mo ha encontrado a sus hermanos y cu\u00f1ados, la sorpresa del tesoro oculto\u2026 Despu\u00e9s se acuesta. Apenas lee unas p\u00e1ginas de su libro y estas sin demasiada concentraci\u00f3n, pues el viaje, la preocupaci\u00f3n y las emociones del d\u00eda le han producido un cansancio del que s\u00f3lo ahora es consciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente, muy temprano, se ve con el alba\u00f1il, que ya ha empezado a quitar las rejas. Lo m\u00e1s dif\u00edcil ser\u00e1 eliminar el port\u00f3n con su marco, pero es muy h\u00e1bil y lo hace todo con una enorme pulcritud. Para mediod\u00eda todo est\u00e1 convenientemente embalado y protegido en el interior de la furgoneta que en unos d\u00edas transportar\u00e1 todo aquello hasta el chal\u00e9 de Madrid. Mientras montan una nueva puerta provisional, ella recoge algunos recuerdos que mete en uno de los ba\u00fales: trajes de \u00e9poca, sombrillas de seda, libros, un parag\u00fcero, fotos\u2026 Para las dos de la tarde est\u00e1 todo cargado, ha liquidado la cuenta del alba\u00f1il y pasa por el hostal, donde tiene preparados unos bocadillos y un termo con caf\u00e9. Se despide de aquella afectuosa familia y vuelve a su vieja casa familiar, que en dos o tres semanas ser\u00e1 demolida con la mayor frialdad, como si entre sus paredes no hubieran existido la pasi\u00f3n, el placer, el amor, el dolor, la p\u00e9rdida de seres queridos, la infancia, los sue\u00f1os, las ma\u00f1anas del d\u00eda de Reyes, las bromas y enfados\u2026, la vida, simplemente.<br \/>\nJulia se despide del alba\u00f1il. El hombre la mira con un aire trascendente, sabiendo que no volver\u00e1 a verla m\u00e1s en el pueblo, comprendiendo la dimensi\u00f3n de lo que ella est\u00e1 dejando atr\u00e1s. Al ver las l\u00e1grimas, le pone una afectuosa mano sobre el brazo:<br \/>\n-A ver, se\u00f1ora, estas son las cosas de la vida\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lentamente se dirige al coche. Tras poner un m\u00fasica alegre para animarse, lentamente, con un nudo en la garganta, arranca y da marcha atr\u00e1s. El hombre trata de cerrar la puerta, pero hay un pegote de yeso que lo impide. Julia oye el sonido chirriante del palustre con que el operario raspa el m\u00ednimo obst\u00e1culo. Es como si le limaran el alma. Mientras Julia maniobra, echa una \u00faltima mirada en el momento en que \u00e9l da un en\u00e9rgico tir\u00f3n. El vac\u00edo interior hace que el portazo produzca un extra\u00f1o eco que ella identifica con el que deben de o\u00edr los muertos cuando se les echan las primeras paletadas de tierra encima del ata\u00fad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alberto Granados<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/albertogranados.wordpress.com\/2016\/02\/27\/casa-cerrada\/#comment-4957\">https:\/\/albertogranados.wordpress.com\/2016\/02\/27\/casa-cerrada\/#comment-4957<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Julia aparca en la plaza, justo enfrente de la casa. 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