{"id":4502,"date":"2015-11-16T08:50:57","date_gmt":"2015-11-16T07:50:57","guid":{"rendered":"http:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=4502"},"modified":"2020-06-26T13:18:45","modified_gmt":"2020-06-26T11:18:45","slug":"despedida-de-soltero-por-alberto-granados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=4502","title":{"rendered":"\u00abDespedida de soltero\u00bb por Alberto Granados"},"content":{"rendered":"<div id=\"container\">\n<div id=\"content\">\n<div class=\"hfeed\">\n<div id=\"post-578\" class=\"post-578 post type-post status-publish format-standard hentry category-relatos-mucho-cuento tag-alberto-granados-palacios tag-bajada-a-los-infiernos tag-despedida-de-soltero tag-indigentes tag-ritos\">\n<div class=\"entry-content\">\n<p>Ricardo, el inefable Richard, fue quien empez\u00f3 a organizarlo todo, unos meses antes. Con esa capacidad suya para enredar, contact\u00f3 con los amigos de toda la vida, les dijo que me casaba, que iba a ser una despedida de soltero sonada, a lo salvaje, como de pel\u00edcula americana\u2026 y, a lo que parece, los dem\u00e1s aceptaron (aceptamos) las propuestas de Ricardito, siempre un poco majara, siempre un inmaduro\u2026 al que seguimos ciegamente, como borregos. Y yo, siempre tan equilibrado y responsable, esta vez, no s\u00e9 por qu\u00e9, me dej\u00e9 llevar a esta demencia.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Richard, tan eficaz \u00e9l, fue sumando participantes, programando las cosas m\u00e1s descabelladas, consiguiendo las complicidades de todos ellos, hasta la de Asun, mi novia, que jam\u00e1s debi\u00f3 de\u00a0pensar que las cosas iban a alcanzar tales proporciones.<\/p>\n<p>-\u00a1Sorpresa! Que te diviertas, cari\u00f1o. Besos, Asun. \u2013dec\u00eda la nota pegada a mi maleta, una maleta que necesariamente hab\u00eda preparado ella, al parecer c\u00f3mplice de todos aquellos amigotes. Mi equipaje apareci\u00f3 cuando llegamos al aparcamiento del aeropuerto. Yo deb\u00ed poner cara de perplejidad y los dem\u00e1s se part\u00edan de risa.<\/p>\n<p>-Pero\u2026 \u00bfEsto qu\u00e9 es? \u00bfD\u00f3nde me llev\u00e1is? \u2013y ellos se re\u00edan mientras Juanjo cortaba unas rayas de coca encima de su agenda.<\/p>\n<p>Aquel viernes fueron a recogerme a la oficina. Mis jefes y compa\u00f1eros hab\u00edan estado muy afectuosos conmigo y los dej\u00e9 esperando volver a verlos en la boda, el domingo. Yo esperaba una juerga descomunal, pues ya hab\u00eda precedentes, pero nunca pude suponer que iba a llegar a tanto.<\/p>\n<p>Facturamos nuestros equipajes, ya un poco puestos con la coca, y embarcamos en un avi\u00f3n que yo ni siquiera sab\u00eda hacia d\u00f3nde se dispon\u00eda a volar. S\u00f3lo s\u00e9 que me encontr\u00e9 en una ciudad llena de azules de mar y con una temperatura deliciosa y excitante, invitadora e incitadora a mil locuras, as\u00ed que\u00a0empezamos la enloquecedora juerga, una infernal ceremonia que nos fue llevando poco a poco hacia el delirio, una aut\u00e9ntica locura, un sinsentido prolongado en una inexplicable espiral del absurdo.<\/p>\n<p>El tiempo, en estas circunstancias, tiene una dimensi\u00f3n diferente al tiempo cotidiano de los relojes, pues casi sin transici\u00f3n est\u00e1bamos en un restaurante donde cenamos. Era uno de esos locales especializados en despedidas de soltero, donde todo tiene un significado cargado de erotismo. Las servilletas estaban plegadas en forma de falo, los bollitos de pan simulaban unas voraces vulvas, las pajitas terminaban en unos prepucios y los platos del men\u00fa exhib\u00edan un descarado cat\u00e1logo de nombres de perversas pr\u00e1cticas sexuales.<\/p>\n<p>Nunca me han gustado estas exhibiciones de estupidez, pero todo aquello era para halagarme, as\u00ed que llegu\u00e9 a sentirme satisfecho, incluso agradecido a mis amigos, por haber preparado y costeado todo aquel derroche de cosas que normalmente no van conmigo, y\u00a0me dispuse a dejarme llevar, sin muchas ganas de ser consecuente.<\/p>\n<p>En el restaurante, junto a nosotros, hab\u00eda otra cena, s\u00f3lo que de chicas, todas vestidas de diablesas, con escas\u00edsimas faldas, escotados y sugerentes tops y una especie de chupete en forma de pene que continuamente lam\u00edan de forma exagerada y provocadora. La noche estaba poni\u00e9ndose llena de posibilidades y, al fin\u00a0 y al cabo, era una despedida de mi libertad, de mi estado civil independiente y soltero. Asun estaba, al mismo tiempo, viviendo una situaci\u00f3n parecida y, aunque no lo hab\u00edamos hablado, se supon\u00eda que hab\u00eda que dejarse llevar por algo tan at\u00edpico como aquello.<\/p>\n<p>Tras los postres, las chicas gritaron excitadas al ver las contorsiones de un boy, un mulato bien formado, con miles de horas de vuelo en los gimnasios, la piel bru\u00f1ida en aceite corporal, brillante y musculoso como un alaz\u00e1n. El muchacho puso una m\u00fasica de ritmos sugerentes y bail\u00f3 su n\u00famero cl\u00e1sico, mientras se iba despojando de la ropa y quedaba embutido en un m\u00ednimo tanga granate fosforito, que hac\u00eda oscilar con movimientos sincopados, al tiempo que aquellas chicas, ahora convertidas en lobas exageradamente hist\u00e9ricas, gritaban y se frotaban contra \u00e9l. Nosotros mir\u00e1bamos divertidos y repetimos aquella extra\u00f1a liturgia cuando lleg\u00f3 nuestro turno: una chica bell\u00edsima y con un cuerpazo hizo lo propio mientras nosotros repet\u00edamos todos los t\u00f3picos del machismo casposo, plagado de alaridos, gestos obscenos y gui\u00f1os de macho alfa dirigidos a aquellas chicas.<\/p>\n<p>Terminamos con ellas sentadas en nuestros regazos, bes\u00e1ndonos, sob\u00e1ndonos y huyendo a los aseos para ir enton\u00e1ndonos en lo que ya se adivinaba una noche alocada, la \u00faltima locura antes de pasar por el aro del matrimonio convencional. Asun, tal vez estar\u00eda haciendo lo mismo. Pecadillos menores, de esos que le hac\u00edan gracia a Dios, como dec\u00eda mi abuelo cuando se pon\u00eda en plan golfo.<\/p>\n<p>Las dos pandillas terminamos recorriendo los garitos m\u00e1s infames de aquella ciudad, cada vez con m\u00e1s deserciones de las fugaces parejas que se iban al hotel con la excitaci\u00f3n urgente de lo que o es ahora o no ser\u00e1 nunca.<\/p>\n<p>Yo segu\u00ed bebiendo y recuerdo el sabor de la lengua c\u00e1lida de aquella preciosa chica rubia, con la que empec\u00e9 a coquetear nada m\u00e1s iniciarse\u00a0la cena. Despu\u00e9s\u2026 apenas recuerdo nada, s\u00f3lo que me despert\u00e9 junto a ella\u2026 pero hab\u00eda\u00a0un orificio de bala en su sien. Un escalofr\u00edo, una punzada de dolor en la cabeza y un preguntarme d\u00f3nde, c\u00f3mo, cu\u00e1ndo, por qu\u00e9 y, sobre todo, qui\u00e9n: \u00bftal vez yo mismo? Junto a la cama, mi m\u00f3vil pisoteado. Y restos de coca\u00edna. No est\u00e1bamos en mi hotel, tal vez en un apartamento que deb\u00eda de ser de la chica. No ten\u00eda otra explicaci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Mi cansancio y mi resaca desaparecieron s\u00fabitamente. Me levant\u00e9 de un salto al comprender la exacta situaci\u00f3n: alguien, tal vez yo mismo, hab\u00eda disparado sobre aquella chica en un escenario de cine negro, s\u00f3lo que todo era real. No se trataba de una escena de un gui\u00f3n cinematogr\u00e1fico, ni de un siniestro <em>casting<\/em>, sino de que yo, Andr\u00e9s Garc\u00eda Garc\u00eda, un economista de treinta y cuatro a\u00f1os, bien situado y con grandes posibilidades en mi empresa, estaba metido hasta el cuello en un asunto extra\u00f1o y peligroso porque en la cama hab\u00eda una chica muerta.<\/p>\n<p>Imagin\u00e9 miles de rastros m\u00edos por la habitaci\u00f3n y en el propio cad\u00e1ver. Me vest\u00ed y mir\u00e9 el reloj.\u00a0Supuse que mis amigos deb\u00edan de\u00a0estar ya en el avi\u00f3n de regreso, mientras yo, el contrayente, estaba metido en una situaci\u00f3n que me escalofriaba. A\u00fan tuve la sangre fr\u00eda para coger la tarjeta de mi tel\u00e9fono m\u00f3vil. Era compatible con el de la chica, as\u00ed que llam\u00e9 a Ricardo. Su tel\u00e9fono sonaba extra\u00f1amente cerca. Mir\u00e9 en la cocina del apartamento y all\u00ed estaba Ricardo, maniatado, con una bolsa de pl\u00e1stico alrededor de su cara y lleno de heridas. Alguien lo hab\u00eda torturado salvajemente antes de asfixiarlo. Sent\u00ed pena por aquel amigo tan especial, siempre tan fr\u00edvolo y tan espont\u00e1neo. Y por m\u00ed, que estaba metido en el asunto m\u00e1s turbio de mi vida.<\/p>\n<p>En ese momento son\u00f3 el m\u00f3vil en que hab\u00eda metido mi tarjeta. Era mi padre. Me reconvino m\u00e1s o menos amablemente por no haber dado se\u00f1ales de vida y me pregunt\u00f3 que si quer\u00eda que fuera a recogerme al aeropuerto, donde supon\u00eda que yo ten\u00eda que aterrizar en un rato. Se hab\u00eda llegado a preocupar con mi silencio, me dijo.<\/p>\n<p>Le colgu\u00e9 sin m\u00e1s contemplaciones y trat\u00e9 de usar el raciocinio y la frialdad, tan eficaces siempre en mi trabajo y ahora tan ausentes. Yo ten\u00eda que estar de vuelta en mi ciudad para casarme a la ma\u00f1ana siguiente, pero estaba no se sab\u00eda d\u00f3nde, con dos cad\u00e1veres, sin una explicaci\u00f3n razonable para la polic\u00eda\u2026 \u00a0lo cual pod\u00eda involucrarme en algo muy gordo. La chica tendr\u00eda miles de restos de mi ADN; el apartamento, cientos de huellas\u2026 \u00a0\u00bfQu\u00e9 ten\u00eda que hacer? Lo vi muy claro. S\u00f3lo pod\u00eda huir. La boda, mi trabajo, mi alto nivel\u2026 todo se hab\u00eda ido al garete.<\/p>\n<p>No soy un moralista, as\u00ed que no se me ocurri\u00f3 pensar en que aquello fuera un castigo por mi mala cabeza, sino un cabo suelto del azar, una mala jugada de la vida, que a veces gasta faenas de ese tipo. Yo ten\u00eda que salir por pies de all\u00ed y ocultarme hasta que todo se aclarara. Casarme con Asun\u2026 eso ya iba a ser m\u00e1s dif\u00edcil, pero lo urgente era escapar.<\/p>\n<p>Abr\u00ed la puerta de lo que result\u00f3 ser un apartamento en un motel de carretera, a las afueras de la ciudad. A esas horas, s\u00f3lo tres coches aparcados. A lo lejos, las luces urbanas. Enfrente, una parada de autob\u00fas, a la que me dirig\u00ed, con la intenci\u00f3n de volver a mi hotel y recoger mi equipaje. Cuando llegu\u00e9 al centro tom\u00e9 un taxi que me dej\u00f3 ante el hotel. El recepcionista, nada m\u00e1s verme, mir\u00f3 hacia un sof\u00e1 del vest\u00edbulo donde hab\u00eda dos hombres somnolientos que ten\u00edan aspecto de polic\u00edas. Sub\u00ed r\u00e1pido por la escalera y corr\u00ed por un pasillo para desaparecer por la cafeter\u00eda, que daba a la esquina.<\/p>\n<p>Esa noche fue la primera que dorm\u00ed en la calle. Durante un tiempo, a\u00fan pude comprarme ropa y comida utilizando mi tarjeta de cr\u00e9dito, usada siempre junto a una boca de metro, para alejarme f\u00e1cilmente. Despu\u00e9s alguien la bloque\u00f3. Comprend\u00ed que \u00a0volver a casa\u2026 En estos meses, he bajado definitivamente al infierno. Ahora no queda nada del brillante economista, ni de mi antigua forma de vestir, mis buenas maneras o de mi sentido escrupuloso de la higiene. Soy uno m\u00e1s de esos indigentes que pide para comer, recoge restos en los cubos de la basura de los supermercados y lee los peri\u00f3dicos que la gente tira en las papeleras. Me he acostumbrado a dormir al raso o en los vest\u00edbulos de los hospitales, estaciones o tanatorios. Mi dinero se acab\u00f3, la ropa que tengo jam\u00e1s habr\u00eda consentido pon\u00e9rmela hace s\u00f3lo unos meses, nunca me habr\u00eda juntado con los tipos con los que ahora mantengo algo vagamente parecido a la \u00a0amistad\u2026<\/p>\n<p>A principios de oto\u00f1o, volv\u00ed a mi ciudad en un cami\u00f3n que me recogi\u00f3 en la carretera. No s\u00e9 si hice bien, pero echaba de menos algo de lo que hab\u00eda sido m\u00edo, as\u00ed que volv\u00ed. A fin de cuentas, la calle es igual en una ciudad que en otra y el desarraigo tambi\u00e9n. Debo de estar irreconocible, pues algunas ma\u00f1anas, mis antiguos compa\u00f1eros pasan junto a m\u00ed y no me ven, ni son capaces de encontrar al antiguo amigo en el inmundo mendigo que les tiende la ro\u00f1osa palma de la mano suplicando en silencio una limosna. Tambi\u00e9n hice la prueba con Asun, que retir\u00f3 los ojos asqueada por mi cercan\u00eda.<\/p>\n<p>Pero lo peor, sin duda, fue\u00a0que mi madre, siempre tan comedida, pusiera aquel gesto de repugnancia al verme. Siempre me quedar\u00e1 la duda de si me reconoci\u00f3, que hay veces en que creo que s\u00ed\u2026<\/p>\n<p>(Imagen tomada de <a href=\"http:\/\/www.femeninas.com\">www.femeninas.com<\/a>)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/albertogranados.wordpress.com\/2010\/06\/29\/despedida-de-soltero\/\">https:\/\/albertogranados.wordpress.com\/2010\/06\/29\/despedida-de-soltero\/<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo, el inefable Richard, fue quien empez\u00f3 a organizarlo todo, unos meses antes. 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