{"id":45727,"date":"2021-03-16T10:00:50","date_gmt":"2021-03-16T09:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=45727"},"modified":"2021-03-14T21:09:14","modified_gmt":"2021-03-14T20:09:14","slug":"sabe-si-sufre-el-sindrome-de-solomon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=45727","title":{"rendered":"\u00bfSabe si sufre el s\u00edndrome de Solomon?"},"content":{"rendered":"<div class=\"voc-detail voc-detail-grid\" data-voc-share-selection=\"\">\n<div class=\"voc-detail-header\">\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Sus v\u00edctimas se autolimitan para no destacar y evitar la envidida, un sentimiento da\u00f1ino que se siente y, adem\u00e1s, se padece<\/h2>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dec\u00eda el psiquiatra espa\u00f1ol Carlos Castilla del Pino (C\u00e1diz, 1922-C\u00f3rdoba-2009) sobre una emoci\u00f3n tan da\u00f1ina como la envidia, que de la sana no existe. \u00abEs una expresi\u00f3n propia del habla coloquial -puntualizaba- que define la admiraci\u00f3n. Pero eso no es envidia\u00bb. La de verdad entristece, solivianta, hace da\u00f1o, recordaba el especialista, quiz\u00e1 el que m\u00e1s haya reflexionado sobre esta expresi\u00f3n en las relaciones humanas en la publicaci\u00f3n de art\u00edculos y ensayos cient\u00edficos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero corroe no solo a quien la tiene; la envidia es un acto que requiere de un sujeto y un objeto de forma indefectible. As\u00ed, <strong>quienes la padecen tambi\u00e9n necesitan herramientas <\/strong>para reconocer este sentimiento tan destructivo y, a la vez, tan t\u00edpico del comportamiento grupal. Pero no siempre es f\u00e1cil, y uno de los riesgos que existen, para las v\u00edctimas, es el desarrollo del denominado<strong> &#8216;s\u00edndrome de Solomon&#8217;.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nombre a este comportamiento que se desarrolla por el miedo a la inquina ajena lleva el nombre del psic\u00f3logo que lo acu\u00f1\u00f3 en la d\u00e9cada de los cincuenta, Solomon Asch. A pesar del tiempo transcurrido, sus experimentos en torno al asunto no han perdido vigencia. Sobre todo los dos principios b\u00e1sicos que demuestra. Uno, que <strong>el entorno condiciona la libertad individual m\u00e1s de lo que pensamos<\/strong>, incluso hasta llegar a lastrarla. Y el m\u00e1s sorprendente, que somos capaces de cualquier cosa antes de ser rechazados por el entorno cercano, incluso de autoboicotearnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El experimento fue realizado en un colegio, al que aparentemente Asch acud\u00eda a realizar una prueba de visi\u00f3n entre los estudiantes. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 voluntarios que participaron -sin saberlo- en su investigaci\u00f3n, que realmente trataba sobre la conducta humana en un entorno social. A la caza del discordante<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este era muy simple: en una clase de un colegio se junt\u00f3 a un grupo de siete alumnos, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo entraba en la sala creyendo que el resto participaba en el mismo test de visi\u00f3n que \u00e9l. A todos se les mostraron tres l\u00edneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta l\u00ednea que era igual a una de las anteriores -se ve\u00eda claramente-. Entonces, se les ped\u00eda que dijesen en voz alta a cu\u00e1l era id\u00e9ntica esa cuarta. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que hac\u00eda de cobaya del experimento siempre respondiera en \u00faltimo lugar para que escuchase la opini\u00f3n del resto antes. La respuesta era tan obvia que no cab\u00eda error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados respond\u00edan de forma incorrecta. Para disimular un poco, se pon\u00edan de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestaci\u00f3n, tambi\u00e9n err\u00f3nea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La prueba fue repetida 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro l\u00edneas verticales, puestas en distinto orden. <strong>Solo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les preguntaron<\/strong>; el resto se dej\u00f3 influir por la visi\u00f3n de los dem\u00e1s. Los alumnos cobayas respondieron incorrectamente tres cuartas partes de las veces para no ir en contra de la mayor\u00eda. Acabado el experimento, los 123 alumnos voluntarios reconocieron que \u00abdistingu\u00edan perfectamente qu\u00e9 l\u00ednea era la correcta, pero que no lo hab\u00edan dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al rid\u00edculo o a ser el elemento discordante del grupo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ra\u00edz de este comportamiento est\u00e1 el miedo a ser v\u00edctima del ataque del envidioso, algo de lo que se puede salir muy mal parado, \u00abincluso sin ser consciente de ello\u00bb, apuntaba el citado estudioso psiquiatra espa\u00f1ol. As\u00ed, esta autolimitaci\u00f3n, ese adaptarse a la corriente general, se lleva a cabo en la mayor\u00eda de los casos <strong>sin un planteamiento previo consciente<\/strong>, pero, por ejemplo, est\u00e1 en el fondo de miedos tan singulares como <strong>el p\u00e1nico a hablar en p\u00fablico<\/strong> o, en la etapa escolar, a levantar la mano para dar la respuesta correcta aunque se sepa con seguridad.<\/p>\n<section class=\"voc-ficha-detail\">\n<h4>C\u00f3mo reconocer a un envidioso<\/h4>\n<dl>\n<dt>Hablan de lo privado.<\/dt>\n<dd>El envidioso utiliza en su estrategia para dilapidar la buena fama de la persona objeto de su ataque aspectos dif\u00edcilmente comprobables de la privacidad del envidiado. Suelen hacer circular chismes sobre estas personas que prosperan en un grupo que le da mayor credibilidad al envidioso. Esto sucede porque \u00e9ste se ha ocupado previamente de venderse como quien maneja m\u00e1s informaci\u00f3n.<\/dd>\n<dt>Copia, no crea.<\/dt>\n<dd>El envidioso es un sujeto frustrado al no lograr lo que anhela. Tambi\u00e9n es torpe para la creaci\u00f3n y se mueve en la imitaci\u00f3n, ya que ha construido su personalidad en la comparaci\u00f3n. Castilla del Pino lo define como una persona suspicaz y desconfiada. Esto \u00faltimo es especialmente relevante porque toda relaci\u00f3n productiva se basa en la buena fe y la confianza. Cuando esta falta, se abre la puerta a hacer (y que te hagan) da\u00f1o.<\/dd>\n<dt>Discurso monocorde y obsesivo.<\/dt>\n<dd>El discurso del envidioso es monocorde y compulsivo sobre el envidiado, vuelve una y otra vez al \u00abtema\u00bb -el sujeto envidiado y el bien que ostenta sin a su juicio merecerlo- y, sin quererlo, concluye identific\u00e1ndose, es decir, \u00abdistingui\u00e9ndose\u00bb \u00e9l mismo por aquello de que carece. La carencia de algo es un signo diferencial; y la identidad del envidioso est\u00e1, precisamente, en su carencia.<\/dd>\n<\/dl>\n<\/section>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esto, lo que evitan a toda costa las personas que sufren el citado s\u00edndrome es cultivar buena fama. No en vano, reflexiona Castilla, la destrucci\u00f3n que busca el envidioso <strong>no es tanto del sujeto o de su presencia, sino de su imagen<\/strong>. \u00abEl verdadero objeto de la envidia es la fama por su buen hacer, y de ah\u00ed que su actuaci\u00f3n principal para destruir sea la difamaci\u00f3n\u00bb, a\u00f1ade el psiquiatra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los m\u00e9todos para lograr este descr\u00e9dito en el que pueden caer las v\u00edctimas de envidiosos consumados son dif\u00edciles de prever y manejar. Pero, para hacerles frente si llegara el caso, lo primero que se necesita es conocerlos. En primer lugar, \u00abel envidioso elige <strong>aspectos dif\u00edcilmente comprobables de la privacidad <\/strong>del envidiado, que contribuir\u00edan, de aceptarse por el grupo, a dilapidar esa imagen positiva de la que goza frente a los dem\u00e1s\u00bb, se\u00f1ala Castilla. Y sigue: \u00abEl envidioso a menudo <strong>se hace pasar por el mejor informado<\/strong>. As\u00ed, tambi\u00e9n logra que los dem\u00e1s conf\u00eden en \u00e9l y construyan su imagen de la v\u00edctima con bases equivocadas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El discurso del difamador no necesariamente suele aludir a un aspecto concreto del que tiene prestigio. \u00abAl contrario, tiende a socavar la buena fama global del sujeto en cuesti\u00f3n\u00bb. Para ello utiliza circunstancias, errores o &#8216;debes&#8217; de la persona a la que pretende destruir que, a veces, pueden incluso ser verdad. Pero el problema es que el envidioso pretende convertir \u00abesta parte de verdad\u00bb en la definici\u00f3n global del otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta din\u00e1mica, otro de los m\u00e9todos cl\u00e1sicos de quien se consume en esta pasi\u00f3n tan destructiva es el denominado<strong> &#8216;hipercriticismo&#8217;; es decir, el hacer notar constantemente lo mal que se desenvuelve en una u otra destreza la persona envidiada<\/strong>. En este rasgo tan distintivo, la excesiva cr\u00edtica, se encuentra, a la vez, una de las mejores armas para quienes se tengan que defender porque es muy delatora. Cuando se encuentra a una persona que cae en esta actitud de forma muy evidente, es mejor pensar que en cualquier momento te puede tocar a ti.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido, recuerda Castilla, la envidia crece en un sujeto que no se quiere a s\u00ed mismo, que no se reconoce, que se compara y que, en definitiva, se odia por c\u00f3mo es. Y esto es una constante en la vida, lo que llevar\u00e1 a tener, no una sola v\u00edctima, sino muchas. \u00abNo dejar\u00e1 t\u00edtere con cabeza en su entorno\u00bb, se suele decir de ellos. Muchas veces, incluso intentar\u00e1 racionalizar ese sentimiento, present\u00e1ndolo como un signo de generosidad con frases del tipo: \u00abDigo esto por tu bien\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si detecta este comportamiento de forma muy acentuada en alguien de su entorno, ya sabe para lo que debe estar preparado. Y esto no se limita a defenderse, o como sucede con el citado s\u00edndrome, autolimitarse; sino que el sujeto deber\u00e1 ser consciente de la realidad que le rodea y realizar <strong>un trabajo inteligente con el grupo para neutralizar, con acercamiento y buena comunicaci\u00f3n, el discurso del envidioso<\/strong>. Y, sobre todo, no ceder. En la base de esta resistencia est\u00e1 -de nuevo- una s\u00f3lida autoestima. A la vez, \u00abel comprender la futilidad de la opini\u00f3n ajena\u00bb, recuerda el citado especialista. El mismo Nelson Mandela, en uno de sus escritos m\u00e1s famosos, lo advert\u00eda: \u00abNo hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras junto a ti\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La psic\u00f3loga Mercedes Valcarce, doctora por la Universidad de Deusto, estudiosa de esta expresi\u00f3n de la emoci\u00f3n humana a la que dedic\u00f3 su tesis, analiza c\u00f3mo a lo largo de la Historia, la naturaleza de este sentimiento devastador ha sido objeto de controversia. \u00bfEs algo innato al hombre, en tanto en cuanto compite por su posici\u00f3n desde que nace? Al respecto, reflexiona Valcarce, no hay religi\u00f3n, \u00e9tica o filosof\u00eda que no proh\u00edba la envidia e intente reconducirla. \u00abY todo lo que se veta severamente es porque constituye una tendencia profunda del coraz\u00f3n humano; no habr\u00eda necesidad de prohibir lo que nadie querr\u00eda realizar\u00bb, sostiene. As\u00ed, resulta l\u00edcito pensar que <strong>es del todo com\u00fan ser por desgracia objeto de este impulso tan nefasto<\/strong>, pero tan humano.<\/p>\n<p><a class=\"voc-author\" title=\"ROC\u00cdO MENDOZA\" href=\"https:\/\/www.ideal.es\/autor\/rocio-mendoza-146.html\">ROC\u00cdO MENDOZA<\/a><time><\/time><\/p>\n<p>https:\/\/www.ideal.es\/vivir\/relaciones-humanas\/envidiosos-defenderse-identificarlos-20210302151459-ntrc.html<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sus v\u00edctimas se autolimitan para no destacar y evitar la envidida, un sentimiento da\u00f1ino que&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":45728,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"enabled":false},"version":2}},"categories":[1161,44,6937,15,10],"tags":[8125,3769,5701],"class_list":["post-45727","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciudadania","category-noticias-de-hoy","category-sociedad","category-ultimas-noticias","category-salud","tag-difamar","tag-envidia","tag-sindrome"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Envidiosos-kki-U130694530634rnE-624x385%40RC.jpg?fit=624%2C385&ssl=1","jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45727","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=45727"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45727\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":45729,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45727\/revisions\/45729"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/45728"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=45727"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=45727"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=45727"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}