{"id":52544,"date":"2022-03-01T11:21:39","date_gmt":"2022-03-01T10:21:39","guid":{"rendered":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=52544"},"modified":"2022-02-24T12:00:47","modified_gmt":"2022-02-24T11:00:47","slug":"la-vela-de-la-virgen-por-alberto-granados-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=52544","title":{"rendered":"\u00abLA VEL\u00c1 DE LA VIRGEN\u00bb por Alberto Granados"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-area\">\n<article class=\"entry clearfix\">\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Al anochecer, el jardinero municipal a\u00fan est\u00e1 regando para que el polvo se asiente. Algunos chiquillos, a las puertas de la iglesia, cantan burlones:<\/h3>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">\u201cLa manga riega<br \/>\ny aqu\u00ed no glu-glu-glu\u2026\u201d<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre hace amago de mojarlos y los cr\u00edos corren divertidos entre las sillas, previsoramente dispuestas para la misa del alba. La explanada, a\u00fan casi desierta, est\u00e1 rodeada por una peque\u00f1a noria, unos puestos de turr\u00f3n y churros, la t\u00f3mbola parroquial y el templete de los m\u00fasicos, donde el encargado est\u00e1 disponiendo los atriles y las carpetas con las partituras que la banda interpretar\u00e1 hoy: \u201cEl Danubio Azul\u201d, \u201cLas bodas de Luis Alonso\u201d, \u201cAgua, azucarillos y aguardiente\u201d y otras piezas de zarzuela, as\u00ed como valses y pasodobles. En el momento de la consagraci\u00f3n sonar\u00e1 el himno nacional y la bandera se bajar\u00e1 casi hasta tocar el suelo, lo que provocar\u00e1 muchos nudos en la garganta, especialmente entre los emigrantes que vuelven por estos d\u00edas a pedirle a la Virgen que su sacrificio merezca la pena y, aunque sea a la larga, aunque cueste mil fatigas, el desarraigo se vea compensado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco a poco, la gente va llegando desde el pueblo. Muchos traen las tarteras con la cena fr\u00eda y alg\u00fan refresco. Algunos hombres llevan la bota de vino debajo de la chaqueta y echan un trago de cuando en cuando. Hay muchos saludos, ofrecimientos de tabaco para liar, preguntas sobre la familia y recuerdos para todos, un ritual que no cesar\u00e1 en toda la larga noche dedicada a velar a la Se\u00f1ora, como le dice el p\u00e1rroco, una vel\u00e1 que durar\u00e1 hasta la misa del alba, al aire libre, que la iglesia se queda peque\u00f1a para tanto fervor, seg\u00fan frase de la Presidenta de la cofrad\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para la medianoche, la explanada es ya un hervidero de gente. En la tribuna, el Alcalde y Jefe Local del Movimiento con su camisa azul, la maestra, el m\u00e9dico y el cura, que controla a todo el mundo, especialmente a las parejas de novios, en las que clava toda la ferocidad de su mirada admonitoria. Las beatas entran a la iglesia y encienden velas ante la imagen de la Patrona, a la que rezan largos rosarios bisbiseados. El sacrist\u00e1n ensaya al armonio el \u201cAve Mar\u00eda\u201d de Schubert, que va a cantar la se\u00f1orita Celia, una soltera virtuosa y de belleza a\u00f1eja que quiso ser soprano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo el mundo, especialmente las chicas, se ha endomingado y quienes tienen posibles estrenan un hato nuevo, comprado en la tienda de Rufino, que el dinero es para lucirlo y, si se puede, para provocar envidia, y esta fecha del quince de agosto es de las m\u00e1s propicias para eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mat\u00edas avanza por la alameda al lado de Ignacia, su novia formal, que \u00e9l ha dado la cara como debe hacer un hombre de veintid\u00f3s a\u00f1os y ha ido a pedir puerta a su padre antes de que \u00e9ste muera del c\u00e1ncer que lo est\u00e1 consumiendo. Son novios desde hace ya casi un a\u00f1o y tienen la suficiente confianza como para que \u00e9l se sienta cada vez m\u00e1s exigente en sus demandas. Ya no se conforma con cuatro caricias furtivas, sino que quiere\u2026 A ella le da verg\u00fcenza y miedo, un verdadero p\u00e1nico a un embarazo. O peor a\u00fan, a que \u00e9l la abandone despu\u00e9s de haberla conseguido. Todas las chicas que han pasado por eso se han quedado solteras, en casa de sus padres aguantando para siempre la enorme contradicci\u00f3n de o\u00edr a sus madres reprocharles no haber cedido en algo para retener al chico, como si poco antes no les hubieran exigido una absoluta decencia, para no andar en lenguas, por la honrilla de la familia y por otras mil consideraciones, tan abstractas como dif\u00edciles de observar a esas edades, cuando el cuerpo pide lo que pide.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mat\u00edas ve en la larga noche de vel\u00e1 una magn\u00edfica ocasi\u00f3n para conseguir que Ignacia se le entregue. Lo llevan hablando desde tiempo atr\u00e1s y ella siempre se pone seria y le dice que se siente agobiada, a lo que \u00e9l le responde que si no lo hace es porque no lo quiere lo suficiente. La chica termina siempre llorando. El muchacho va a pedirle que lo acompa\u00f1e a la huerta de su familia, muy cerca de la ermita. Se trata de una exigua parcela de tierra donde su padre y \u00e9l cultivan hortalizas y frutales, con una caseta donde est\u00e1n el pozo, los aperos de labranza, los cacharros de la matanza y aun sobra un breve espacio para una chimenea de le\u00f1a, un par de catres y una mesa. \u00c9l lleva la llave en el bolsillo, por si hay suerte y la Ignacia accede a ser suya.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace un calor pegajoso y las escasas r\u00e1fagas de aire que se levantan parecen traer mil presagios del infierno, pues es un aire denso, enervante y sofocador. Mat\u00edas lo siente en la cara y se electriza. La Ignacia est\u00e1 guap\u00edsima con el vestido blanco y los tacones. \u00c9l adivina sus pechos, la tersura de sus pezones, el sabor de su lengua, la humedad de su sexo. La mirada que descubre en su novio hace avergonzarse a la muchacha, cuya sonrisa se apaga en una s\u00faplica:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-No, Mat\u00edas. No quiero. No me lo pidas m\u00e1s, que no me siento preparada. Espera el momento, por favor\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una nueva mirada, esta vez de reproche, la deja callada. La chica nota como se le saltan las l\u00e1grimas y, tras un titubeo, ofrece, t\u00edmida:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Bueno, si es tan importante para ti\u2026 Pero no me rompas. Lo que quieras, pero no me desflores\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mat\u00edas cree que el coraz\u00f3n se le sale por la boca y disimuladamente empiezan a alejarse de la explanada. Se detienen junto a uno de los estanques porque se les acerca otra pareja. Disimulan y entablan una conversaci\u00f3n absurda, que a Ignacia le sabe a tabla de salvaci\u00f3n, mientras que a Mat\u00edas lo vuelve hura\u00f1o y parco en palabras. Al fin, los otros dos se van, \u00e9l la coge del brazo y tira de ella hacia la vereda festoneada de abedules que conduce a su huerta. Ah\u00ed acaba el territorio civilizado del pueblo. Ah\u00ed empieza una negra oscuridad s\u00f3lo disimulada por miles de estrellas. Avanzan veloces por el camino y en un par de minutos ha dejado de o\u00edrse el bullicio de la vel\u00e1. Entonces \u00e9l se detiene y besa apasionadamente a su novia. Es un beso lleno de urgente violencia, pero Ignacia lo encuentra delicioso y lo devuelve, empezando a encenderse. Nota c\u00f3mo \u00e9l le acaricia los pechos y c\u00f3mo reaccionan sus pezones. Ahora ella est\u00e1 tan deseosa como \u00e9l, pero se da cuenta y lo frena en seco:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Recu\u00e9rdalo, Mat\u00edas: todo lo que quieras, menos desflorarme. Me lo has prometido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y reinician el camino, acompa\u00f1ados por una sinfon\u00eda de ladridos de los perros de todas las huertas vecinas, de grillos, lechuzas y cigarras. Con torpe mano llena de temblores consigue abrir el candado y acaricia a la perrilla que ha acudido al olerlo y que le lame las manos. Vuelve a cerrar la puerta y se encaminan a la caseta del pozo. All\u00ed, Mat\u00edas desnuda con vehemencia a Ignacia, que se deja hacer d\u00f3cilmente. Es la primera vez que la ve desnuda. El muchacho tiembla deslumbrado. Parece que el cuerpo de Ignacia reluce en esa noche llena de estrellas. Observa su cintura, sus pechos, ahora libres, sus nalgas, su m\u00e1gico pubis\u2026 Mat\u00edas siente un estertor y una oleada de placer le recorre la espalda. Ella se tumba junto a \u00e9l en uno de los catres, lo acaricia y se deja acariciar. Lenguas, manos, dedos, labios\u2026 aprenden r\u00e1pidamente y ahora es ella quien siente, por primera vez en sus diecinueve a\u00f1os, la fuerza torrencial del placer. Recuperada en parte la serenidad, se prometen amarse siempre, se dicen las viejas palabras de amor que el tiempo nunca conseguir\u00e1 desgastar y los deleites amatorios comienzan otra vez. Ahora es ella la que le pide, d\u00e1ndole mordiscos en el l\u00f3bulo, que termine lo que han empezado y es \u00e9l el que le recuerda que ella se negaba a llegar hasta el final. La chica sonr\u00ede y dice:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Ya lo s\u00e9, pero como no soy r\u00edo, pues me vuelvo atr\u00e1s. H\u00e1zmelo, por favor, y no me abandones nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y Mat\u00edas despliega una extra\u00f1a sabidur\u00eda y hace lo que su novia le pide, agradecido por la entrega, conmovido por su belleza, emocionado por tanta ternura, extasiado por tanto placer. Y ambos aprenden que la vida y el deseo son como son, al margen de las convenciones sociales y los preceptos de la moral. Y que el placer es dulce como no pod\u00edan imaginar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando la claridad del alba empieza a notarse, \u00e9l saca un cubo de agua del pozo y se quitan, uno al otro, el sudor que recubre sus cuerpos. Se visten y vuelven de la mano hacia la vel\u00e1. Ella le pregunta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00bfY ahora? \u00bfMe seguir\u00e1s queriendo o piensas que soy una cualquiera? Quiero que sepas que si lo he hecho es porque te quiero y\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l no la deja terminar, pues tapa su boca con otro largo beso y le promete quererla siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Empiezan los cohetes, lo que significa que la breve procesi\u00f3n est\u00e1 a punto de comenzar. Al final de la vereda se oye a la gente que canta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Salve, Regina,<br \/>\nMater misericordiae\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos metros m\u00e1s y la pareja sale con aire distra\u00eddo a la explanada. Ella saca del bolso su vela, la enciende y se pone en la fila de la procesi\u00f3n, coreada de miles de vivas a la Patrona. La imagen llega inmediatamente al altar mayor y empieza la misa. Ignacia se sienta en el lado izquierdo con el resto de mujeres, mientras que Mat\u00edas se mantiene de pie en el pasillo del lado derecho, que corresponde a los hombres. La chica mira hacia el altar mayor y sigue la ceremonia, cuyas respuestas pronuncia en un lat\u00edn extra\u00f1o y lleno de inexactitudes. No se atreve a mirar al novio, as\u00ed que finge un recogimiento que no siente, pues no puede olvidar todo lo sucedido. Hay un momento en que se da cuenta de que est\u00e1 oyendo misa y soltando latinajos sin sentido mientras est\u00e1 de nuevo excitad\u00edsima. La situaci\u00f3n le produce una hilaridad que ella disimula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La homil\u00eda trata de la virginidad. Ella se estremece, con la mirada baja, sabi\u00e9ndose observada por Mat\u00edas. Por fin llega el \u201cIte, missa est\u201d y la multitud se dispersa, fundamentalmente hacia el tenderete de los churros. Con los primeros fulgores del alba, la pareja inicia, uno al lado de la otra con la mayor formalidad, el camino de regreso al pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar a las primeras casas se vuelven y ven la nube de polvo que rodea el cerro de la ermita. Mat\u00edas dice, lleno de malicia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00a1Cu\u00e1nto polvo! \u2013a lo que Ignacia responde con cierto pudor, con una t\u00edmida sonrisa, pues sabe que ante los hombres hay que guardar un decoro o pueden tomar a las mujeres por lo que no son.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegan a la casa de la chica y entran al patio, lleno de flores y cubierto por una parra. La madre de Ignacia ya est\u00e1 levantada y ha atendido a las gallinas y los conejos, mientras que el padre se consume hirviendo de fiebre. La madre besa a su hija y ofrece un caf\u00e9 al chico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00bfC\u00f3mo ha estado este a\u00f1o la vel\u00e1, ni\u00f1a? \u2013pregunta la madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Muy bien, madre. Mejor que nunca \u2013al decirlo, sofoca la carcajada que quiere sal\u00edrsele de la garganta y le saca a Mat\u00edas la lengua en un gesto lleno de picard\u00eda y complicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Alberto Granados, \u201cCabos sueltos\u201d)<\/p>\n<p>http:\/\/antoniomu\u00f1ozmolina.es\/2013\/07\/la-vela-de-la-virgen-por-alberto-granados\/<\/p>\n<p>FOTO: https:\/\/lajuderiadesevilla.com\/el-origen-de-la-vela-de-santa-ana\/<\/p>\n<\/article>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al anochecer, el jardinero municipal a\u00fan est\u00e1 regando para que el polvo se asiente. 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