{"id":68953,"date":"2024-05-10T11:39:56","date_gmt":"2024-05-10T09:39:56","guid":{"rendered":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=68953"},"modified":"2024-05-09T19:06:49","modified_gmt":"2024-05-09T17:06:49","slug":"el-campesino-y-el-poeta-dos-gobernadores-de-ilbira-por-antonio-rodriguez-gomez-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/?p=68953","title":{"rendered":"\u00abEl campesino y el poeta. Dos gobernadores de Ilbira\u00bb por Antonio Rodr\u00edguez G\u00f3mez"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #800000;\">Sauwar al-Muharibi y Said ibn Yud\u00ed<\/span> fueron los dos gobernadores de Medina Ilbira con m\u00e1s relevancia a lo largo de los casi tres siglos en que la ciudad fue capital de la provincia o cora de Ilbira, entre los a\u00f1os 864 y 1010.<\/h3>\n<p>Bajo su gobierno la ciudad de Medina Ilbira disfrut\u00f3 de pr\u00e1ctica independencia.<\/p>\n<p>Muhammad I, el emir cordob\u00e9s de todos los \u00e1rabes, decidi\u00f3 trasladar la capital de la cora lejos de Granada. Porque los enfrentamientos de los cristianos y los jud\u00edos (que eran mayoritarios) con los invasores musulmanes eran cada vez m\u00e1s frecuentes y encarnizados. Levantaron la nueva capital sobre una aldea llamada Qastiliya, en una colina de tierras volc\u00e1nicas y est\u00e9riles, con buenas\u00a0 defensas naturales y que estar\u00eda poblada exclusivamente por la guarnici\u00f3n \u00e1rabe, los funcionarios cortesanos y sus familias.<\/p>\n<p>El 6 de diciembre del a\u00f1o 864 acudi\u00f3 a inaugurar solemnemente la muralla y la gran mezquita, y esta ciudad en adelante se llam\u00f3 Medina Ilbira.<\/p>\n<p>El primer gobernador de la nueva capital fue Yahya ibn Suqala, que ya hab\u00eda destacado por su crueldad para imponer por todos los medios la nueva religi\u00f3n a sus vecinos, a quienes consideraba unos ciudadanos atrasados y palurdos. Encontr\u00f3 un buen apoyo en Samuel. Este hombre hab\u00eda sido obispo de la di\u00f3cesis de Granada y su comportamiento escandaloso lleg\u00f3 incluso a conocimiento del Papa, que lo amonest\u00f3 severamente por su actitud m\u00e1s amistosa con los musulmanes de lo tolerable y acab\u00f3 destituy\u00e9ndolo para evitar un cisma (en su denuncia consta que \u201cEra un hombre dominado terriblemente por todos los vicios\u201d). El obispo colg\u00f3 los h\u00e1bitos, se rasur\u00f3 la cabeza, se coloc\u00f3 un turbante y una chilaba y cambi\u00f3 de religi\u00f3n, convirti\u00e9ndose en lugarteniente del aguerrido Yahya.<\/p>\n<p>Los dos, al mando del ej\u00e9rcito, limpiaban peri\u00f3dicamente la provincia de infieles. Pero en Montej\u00edcar encontraron m\u00e1s resistencia de la que el tama\u00f1o de la aldea permit\u00eda suponer; fueron repelidos y una avalancha de perseguidores enfurecidos arroj\u00f3 contra ellos una tormenta de flechas, lanzas y piedras.<\/p>\n<p>A duras penas Yahya y Samuel se salvaron y pudieron ocultarse en las monta\u00f1as pr\u00f3ximas, donde fueron dados por muertos. Los dos fugitivos intentaban ganar Medina Ilbira disfrazados de harapientos mendigos, pero fueron descubiertos, sus nombres pregonados y degollados por la multitud. Era la primavera del 887.<\/p>\n<p>El emir de C\u00f3rdoba nombr\u00f3 sucesor a Sauwar al\u0002 Muharibi, un soldado hijo de un campesino de Maracena. Dur\u00f3 tres a\u00f1os, que, para Ilbira, fueron como tres siglos por su fren\u00e9tica actividad. Ya era viejo y estaba dominado por una \u00faltima pasi\u00f3n, vengar a Yahya.<\/p>\n<p>No vacil\u00f3 en acometer su primera decisi\u00f3n: destruir Montej\u00edcar. Le acompa\u00f1aba su lugarteniente, el noble Said ibn Yud\u00ed, m\u00e1s joven y con distinto temperamento. De hecho le atribu\u00edan las diez cualidades que, seg\u00fan los musulmanes, deb\u00edan adornar a un buen caballero: caridad, valor, belleza, fuerza, talento po\u00e9tico, conocimientos ecuestres, cumplimiento de la ley de Dios, destreza en la construcci\u00f3n de armas y habilidad en el lanzamiento de la lanza y del arco. Todas estas cualidades las reun\u00eda Said.<\/p>\n<p>Era el m\u00e1s valeroso de todos los caballeros del ej\u00e9rcito ilbiritano y tambi\u00e9n el m\u00e1s cort\u00e9s y seductor. Es el gran poeta del siglo IX y sus poes\u00edas tratan de las dos pasiones que le arrastraban: la guerra y el amor.<\/p>\n<p>Cuando Sauwar lleg\u00f3 con su ej\u00e9rcito a Montej\u00edcar, se encontr\u00f3 con que la ciudad hab\u00eda recibido ayuda de seis mil mercenarios de Umar ibn Hafsun. Este rebelde se hab\u00eda declarado independiente del emir en Ronda y andaba prestando ayuda a todos los descontentos que lo solicitaban para ganarse adeptos. Pero sus tropas no pudieron contener a Sauwar y, como si hubiera sido derribada por una ola incontenible, la ciudad fue arrasada y los soldados y los civiles fueron pasados a cuchillo. Luego, el gobernador campesino se dirigi\u00f3 sin demora a Granada y continu\u00f3 asesinando cristianos.<\/p>\n<p>Said ibn Yud\u00ed, lleno de j\u00fabilo y de veneraci\u00f3n hacia su l\u00edder, dedic\u00f3 a estas matanzas un poema:<\/p>\n<p><i>Ap\u00f3statas e incr\u00e9dulos, que hasta la \u00faltima hora declar\u00e1is falsa la <\/i><\/p>\n<p><i>verdadera religi\u00f3n; <\/i><\/p>\n<p><i>Os hemos matado, porque ten\u00edamos que vengar a nuestro Yahya. <\/i><\/p>\n<p><i>Dios lo ha querido! <\/i><\/p>\n<p><i>Hijos de esclavas, hab\u00e9is imprudentemente irritado a los valientes <\/i><\/p>\n<p><i>que no han olvidado nunca vengar a los suyos. <\/i><\/p>\n<p><i>Acostumbraos a sufrir su furia y a recibir en vuestras espaldas sus <\/i><\/p>\n<p><i>espadas flam\u00edgeras. <\/i><\/p>\n<p><i>A la cabeza de sus guerreros, que no sufren insulto, ha marchado <\/i><\/p>\n<p><i>un jeque ilustre. <\/i><\/p>\n<p><i>Su fama excede la de todos los jeques, ha heredado la generosidad <\/i><\/p>\n<p><i>de incomparables abuelos. <\/i><\/p>\n<p><i>Es un le\u00f3n nacido de la m\u00e1s pura sangre de Nizar, es el sost\u00e9n <\/i><\/p>\n<p><i>de su tribu.<\/i><\/p>\n<p><i>Millares de vosotros hemos matado, pero la muerte de multitud de <\/i><\/p>\n<p><i>esclavos no vale la de un noble. <\/i><\/p>\n<p><i>S\u00ed, han asesinado a nuestro Yahya cuando era su hu\u00e9sped!. Lo han <\/i><\/p>\n<p><i>degollado esos esclavos despreciables! (&#8230;) <\/i><\/p>\n<p>Los cristianos granadinos volvieron a suplicar la ayuda del sult\u00e1n Abd Allah Muhammad I, que se encontr\u00f3 ante un dif\u00edcil dilema. El partido al que no prestara apoyo se echar\u00eda en brazos de Umar ibn Hafsun, su enemigo m\u00e1s peligroso. As\u00ed que procur\u00f3 contentar a los dos bandos, \u00e1rabes e infieles. A Sauwar le exigi\u00f3 que dejara en paz a los infieles a cambio de un mayor poder de intervenci\u00f3n sobre la cora; le otorgaba plenos poderes, que en la pr\u00e1ctica supon\u00eda la plena independencia administrativa y militar. Sauwar no tard\u00f3 en emplearla y atac\u00f3 a unas tropas de Hafsun que estaban destacadas en la cuesta de Velillos, con la excusa de que eran una amenaza para la reci\u00e9n estrenada libertad de los ilbiritanos. Es posible que el renegado hubiera contemplado la posibilidad de extender su peque\u00f1o reino por la provincia de Granada, cuya poblaci\u00f3n insist\u00eda en no claudicar ante los \u00e1rabes; pero es tambi\u00e9n posible que s\u00f3lo fuera una paranoia de un l\u00edder fogoso. Lo que hizo fue provocar la ira de Hafsun. <\/p>\n<p>El poderoso general en persona se lanz\u00f3 velozmente hacia Medina Ilbira a la cabeza de diez mil hombres, antes de que pudiera movilizarse Muhammad. Al invasor se le unieron los numerosos descontentos granadinos y, entre todos, sumaron unas fuerzas de veinte mil hombres sitiando Medina Ilbira.<\/p>\n<p>Sauwar reaccion\u00f3 audazmente. Sac\u00f3 de la ciudad lo mejor de su ej\u00e9rcito y atac\u00f3 por sorpresa al ala mejor pertrechada del enemigo, la que estaba situada en lo alto de la sierra. La facci\u00f3n del ej\u00e9rcito que estaba en el llano, formada por los granadinos contrarios a Sauwar, al ver c\u00f3mo era derrotada la divisi\u00f3n de la colina, pens\u00f3 que hab\u00edan acudido refuerzos \u00e1rabes, y se apresuraron a dispersarse por la vega, hasta donde fueron perseguidos.<\/p>\n<p>La carnicer\u00eda fue terrible en los alrededores de Medina Ilbira. Seg\u00fan unos, los \u00e1rabes mataron doce mil; seg\u00fan otros, diecisiete mil. Hafsun pudo huir a tiempo llevando consigo un buen n\u00famero de prisioneros. Entre ellos iba Said ibn Yud\u00ed, que tambi\u00e9n poetiz\u00f3 esta batalla:<\/p>\n<p><i>\u201cLos hijos de las blancas hab\u00edan dicho: Cuando nuestro ej\u00e9rcito <\/i><\/p>\n<p><i>vuele, os caer\u00e1 encima como un hurac\u00e1n, No podr\u00e9is resistirlo, <\/i><\/p>\n<p><i>temblar\u00e9is de miedo, y ni el m\u00e1s fuerte castillo os servir\u00e1 de asilo. <\/i><\/p>\n<p><i>Pero nosotros hemos ahuyentado a ese ej\u00e9rcito como se ahuyentan <\/i><\/p>\n<p><i>las moscas alrededor de la sopa. Es verdad que el hurac\u00e1n ha <\/i><\/p>\n<p><i>sido terrible, la lluvia ca\u00eda a c\u00e1ntaros, el trueno retumbaba y el <\/i><\/p>\n<p><i>rel\u00e1mpago surcaba las nubes; pero no era sobre nosotros, sino <\/i><\/p>\n<p><i>sobre vosotros, sobre los que ca\u00eda la tormenta. Vuestros batallones <\/i><\/p>\n<p><i>ca\u00edan ante nuestras afiladas espadas, como caen las espigas bajo <\/i><\/p>\n<p><i>la hoz del segador (&#8230;) Y el gran Sauwar bland\u00eda aquel d\u00eda una <\/i><\/p>\n<p><i>ardiente espada, con la que cortaba cabezas con hoja de buen <\/i><\/p>\n<p><i>temple. Dios se serv\u00eda de su brazo para matar a los sectarios de <\/i><\/p>\n<p><i>la falsa religi\u00f3n. <\/i><\/p>\n<p><i>Cuando lleg\u00f3 el momento fatal para los hijos de las blancas, <\/i><\/p>\n<p><i>nuestro jeque estaba a la cabeza de fieros guerreros, cuya firmeza <\/i><\/p>\n<p><i>es la de una monta\u00f1a, y cuyo n\u00famero es tan grande que la tierra <\/i><\/p>\n<p><i>parec\u00eda estrecha para ellos. <\/i><\/p>\n<p><i>Todos estos valientes corr\u00edan a rienda suelta, mientras que <\/i><\/p>\n<p><i>relinchaban sus corceles. <\/i><\/p>\n<p><i>Vosotros declarasteis la guerra y la guerra ha sido funesta para <\/i><\/p>\n<p><i>vosotros y os ha hecho desaparecer repentinamente. <\/i><\/p>\n<p>Sobre las desventuras de la prisi\u00f3n escribi\u00f3 un gallardo<\/p>\n<p>poema de aliento a sus correligionarios que empieza:<\/p>\n<p><i>\u201cValor, esperanza, amigos m\u00edos! Estad seguros de que a la <\/i><\/p>\n<p><i>tristeza suceder\u00e1 la alegr\u00eda , <\/i><\/p>\n<p><i>y que cambi\u00e1ndose en dicha la desgracia, vosotros saldr\u00e9is de aqu\u00ed. <\/i><\/p>\n<p><i>Otros antes que vosotros han pasado a\u00f1os en este calabozo y ahora <\/i><\/p>\n<p><i>corren por los campos a pleno d\u00ed! <\/i><\/p>\n<p><i>Acaso a m\u00ed me hagan perecer aqu\u00ed y despu\u00e9s me enterrar\u00e1n, <\/i><\/p>\n<p><i>Un bravo como yo desea mejor haber ca\u00eddo con gloria en el campo <\/i><\/p>\n<p><i>de batalla y servir de pasto a los buitres! <\/i><\/p>\n<p>Sauwar fue asesinado y despedazado alevosamente en el 890 y Hafsun firm\u00f3 una tregua con su prisionero, al que liber\u00f3 para que se hiciera cargo del gobierno de Ilbira, que Said detent\u00f3 durante siete a\u00f1os. Durante ellos se mostr\u00f3 lo contrario de su antecesor, y fue un visir conciliador, tolerante y pac\u00edfico, aunque tuvo que intervenir en una acci\u00f3n b\u00e9lica desafortunada en Pechina, cerca de Almer\u00eda. Engrandeci\u00f3 la ciudad y favoreci\u00f3 la escuela de la mezquita invitando a intelectuales y poetas de todo el pa\u00eds, como el sabio Muhammad ibn Futays al-Ilbir\u00ed, y consigui\u00f3 mantener los privilegios y libertades que Muhammad I concedi\u00f3 a Sauwar (en un poema desafiante desprecia al emir de C\u00f3rdoba:<\/p>\n<p><i>\u201cDecidle <\/i><i>a Abd Allah que huya. Ya apareci\u00f3 el rebelde en el valle de los <\/i><\/p>\n<p><i>ca\u00f1averales. Dejad nuestro reino, hijos de Marwan. Porque el <\/i><\/p>\n<p><i>reino es de los hijos de los \u00e1rabes. Acercad mi corcel enjaezado de <\/i><\/p>\n<p><i>oro y ensillado, porque nuestra estrella triunfar\u00e1\u201d<\/i>.<\/p>\n<p>Said tambi\u00e9n compuso en la c\u00e1rcel poemas desesperados sobre la a\u00f1oranza de la mujer a la que amaba, la bell\u00edsima Djehane. A la felicidad de los momentos pasados con Djehane le dedica este poema:<\/p>\n<p><i>\u201cCuando entre alegres amigos los vasos circulan llenos, <\/i><\/p>\n<p><i>Y miran las muchachas amorosas a los mancebos, <\/i><\/p>\n<p><i>El mayor bien de la tierra es ce\u00f1ir su talle esbelto, <\/i><\/p>\n<p><i>Con nuestra amada re\u00f1ir, para hacer las paces luego. <\/i><\/p>\n<p><i>Por la senda del deleite, como caballo sin freno, <\/i><\/p>\n<p><i>Me arrojo, salvando montes, hasta alcanzar mi deseo. <\/i><\/p>\n<p><i>Nunca temblar\u00e9 en las batallas, la voz de la muerte oyendo, <\/i><\/p>\n<p><i>Pero a la voz del amor, todo me turbo y conmuevo. <\/i><\/p>\n<p>La poes\u00eda amorosa de Said es frecuentemente er\u00f3tica, por eso, los copistas \u00e1rabes antiguos dejan bajo su firma la anotaci\u00f3n piadosa, Dios le perdone.<\/p>\n<p>En cuanto a Djehane, Said no pudo disfrutar de su amor, porque cuando regres\u00f3 de su cautiverio, ella se hab\u00eda casado con otro hombre. Busc\u00f3 por todas partes una mujer parecida a Djehane hasta que encontr\u00f3 a una esclava hermos\u00edsima a la que puso el nombre de su amada, aunque no consigui\u00f3 olvidarla en su breve existencia, como se trasluce en un ansioso poema, cuyo final recuerda a B\u00e9cquer:<\/p>\n<p><i>\u201cOh Djehane, objeto de todos mis anhelos: s\u00e9 buena y compasiva <\/i><\/p>\n<p><i>para esa alma que me ha abandonado para volar a ti! <\/i><\/p>\n<p><i>Yo invoco tu nombre querido con los ojos ba\u00f1ados en l\u00e1grimas, <\/i><\/p>\n<p><i>con la devoci\u00f3n y el fervor del monje que invoca el nombre de un <\/i><\/p>\n<p><i>santo, arrodillado ante su imagen!. <\/i><\/p>\n<p>Seg\u00fan otros, en realidad nunca conoci\u00f3 realmente a Djehane, sino que, paseando por C\u00f3rdoba, oy\u00f3 su voz y vio fugazmente su mano a trav\u00e9s del visillo de una ventana, lo que le bast\u00f3 para enamorse de ella, pero era una extranjera y no le fue posible averiguar su paradero<\/p>\n<p>(<i>El dulce canto que he escuchado me ha dejado una tristeza que <\/i><\/p>\n<p><i>me consume lentamente. A Djehane, de la que guardar\u00e9 eterno <\/i><\/p>\n<p><i>recuerdo, le he dado mi coraz\u00f3n, aunque nunca nos hemos visto<\/i>),<\/p>\n<p>por lo que busc\u00f3 denodadamente una esclava con aquella voz y con la belleza que \u00e9l le atribu\u00eda, en lo que coinciden ambas versiones. Said muri\u00f3 joven, en diciembre del 897, en una emboscada que le tendi\u00f3 el marido resentido de una amante jud\u00eda, en Noalejo. Le sucedi\u00f3 en el gobierno de Ilbira Muhammad ibn Adha, y la ciudad perdi\u00f3 su independencia.<\/p>\n<h3>Art\u00edc<strong>ulo editado por Corporaci\u00f3n de Medios de Andaluc\u00eda<\/strong> y el Ayuntamiento de Atarfe, coordinado por Jos\u00e9 Enrique Granados y tiene por nombre \u00abAtarfe\u00a0en\u00a0el\u00a0papel\u00bb<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sauwar al-Muharibi y Said ibn Yud\u00ed fueron los dos gobernadores de Medina Ilbira con m\u00e1s&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":68954,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"enabled":false},"version":2}},"categories":[7537,5359,10431,44],"tags":[],"class_list":["post-68953","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-atarfe-en-papel-de-ideal","category-madinat-ilbira","category-medina-elvira-2","category-noticias-de-hoy"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/miradordeatarfe.es\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Captura20240424114625.png?fit=680%2C379&ssl=1","jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/68953","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=68953"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/68953\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":69238,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/68953\/revisions\/69238"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/68954"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=68953"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=68953"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/miradordeatarfe.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=68953"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}