QUIEN CALLA OTORGA  por Juan Alfredo Bellón

QUIEN CALLA OTORGA por Juan Alfredo Bellón

QUIEN CALLA OTORGA

por Juan Alfredo Bellón para  EL MIRADOR DE ATARFE del domingo 14-05-2017

Acabo de leer este titular en primera de EL PAÍS de hoy jueves, 11 de mayo: El Congreso aprueba sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos con la abstención del PP y mis huesos se conmueven como si yo estuviera también ya sellado y bien sellado en el granito de Cuelgamuros y mi descanso eterno solo dependiera de que mis compatriotas y sus dirigentes políticos acataran mi testamento y mis últimos deseos. ¡Y encima con la aquiesciencia abstencionista del Partido Popular! No somos nadie y encima ni aquí, por lo que se ve, encontrará uno el descanso eterno, después de haber contribuido a proporcionárselo a tantos y tantos españoles.

Ni que decir tiene que los herederos directos de los míos, la gente de orden, ha perdido la totalidad de la vergüenza torera, no sé si por el anuncio de esa manifestación, antitaurina, a puerta de la plaza de las Ventas del Espíritu Santo, uno de estos días, que a fuerza de intentar demostrar que todo es negociable para mantenerse en el poder, este gallego de ahora y sus huestes pintureras son capaces de vender su alma al diablo tomándose en serio lo que en el caso de Aznar nunca pasó de la cuchufleta de afirmar, sin jamás creérselo ni pretender ser creído, que hablaba catalán en la intimidad, sabiendo como sabía que los catalanes son un pueblo trufado del más acendrado conservadurismo y que, en el fondo, bebían los vientos por sellar un pacto de legislatura con aquel sobrino nieto del Cid Campeador.

Y es que, de hecho, no me puedo explicar que ahora se le achaque al PSOE y a su gestora haber obligado a sus parlamentarios a sustituir el NO por la ABSTENCIÓN para desatascar la legislatura y se nos critique a las fuerzas de orden la condescendencia con el destino de mis restos mortales en una posición tan pragmática y un guiño hacia la izquierda que nadie podrá tachar de claudicación en toda regla otorgando con su silencio cobarde la mayor: que mis restos cárnicos y óseos interrumpen la prolongación sine die del culo de Rajoy en la potrona del poder efectivo, ahora que ya sabe correr y marchar con donosura envidiable gracias al ímprobo trabajo de su entrenador personal.

Menos mal que ya se han muerto Girón de Velasco y Utrera Molina y casi no quedan alféreces provisionales en el solar patrio para boicotear operaciones especulativas como esta de Cuelgamuros que puede contribuir al reciclaje del turismo nacional ahora que nuestro déficit nacional cumple con las exigencias de Bruselas y El Valle puede convertirse en un símbolo mortuorio europeo por encima de los símbolos fascistas que perdieron la II Guerra Mundial, conflagración fratricida en la que España tuvo la sagacidad de no entrar gracias a mi reconocido caudillaje en política exterior.

No sé como este Mariano va a lograr permitir sacar adelante la proposición no de ley del esforzado parlamentario granadino Gregorio Cámara Villar y volver a detrás el cumplimiento material de su contenido sin por eso tener que ceder en la unidad de destino en lo universal que representa El Valle, la filosofía arquitectónica que lo anima y el espíritu resolutivo de la Guerra Civil Española que ahora el Partido Popular y su presidente parece que vitalicio están logrando disolver y hasta desactivar.

Quién me iba a mí a contar cosas como estas, tan de meigas, solo posibles de ser atribuidas literariamente a este país de los milagros susceptible de ser novelado por el hiperirrealismo humorístico de Eduardo Mendoza. Por eso, la diputada del PP por Canarias Celia Rivero, que confiesa haber nacido en 1977 y “no tener ningún aprecio ni desprecio por nadie”, declaró que, aunque suele estar centrada, esta vez no prestó atención a la señal de abstención y votó contra la propuesta de mi exhilio siendo la única contraria a las indicaciones del PP que terminó convirtiéndose en anécdota por aquello de a quien la urna convoca, se equivoca. No todo va a acabar siendo un Tamayazo.