LA HORA DEL MUNDO  por Juan Alfredo Bellón

LA HORA DEL MUNDO por Juan Alfredo Bellón

LA HORA DEL MUNDO por Juan Alfredo Bellón para EL MIRADOR DE ATARFE  del domingo 11-06-2017

Qué gracia tienen las cosas y cómo cambiamos la perspectiva para enjuiciarlas con el paso del tiempo. Así, la Unión Europea fue un banderín de enganche para los países que convalecían tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la economía, la desigualdad y la injusticia dividían a los europeos y los echaban en brazos de las aspiraciones de la social-democracia. Cuando el club de Adanauer se fue hinchando y acabó acogiendo a las naciones geográficamente europeas e incluso dejando a Turquía a las puertas. crecieron las dificultades de encaje político y comenzó a hablarse de la Europa de las dos velocidades para no reconocer que era imposible aunar tantas y tan diferentes voluntades. Entonces empezaron a crecer los desajustes y la crisis económica acabó partiendo la unidad flamante europea en mil añicos con la ayuda inestimable de Rusia, USA, Israel, los Paises Islámicos y los del Lejano Oriente e instalando en París, Londres, Bruselas y Berlín los prolegómenos de una Guerra Global sin tregua ni cuartel que empezó con la caída de las Torres Gemelas y luego pasó a Madrid y a las capitales antes mencionadas.

El carácter estratégico y anticipativo que Madrid asumió en los prolegómenos de la Segunda conflagración Mundial llevó a los intelectuales antifascistas a titular una revista literaria de la época LA HORA DE ESPAÑA, donde escribieron, Machado, Alberti, Neruda, etc. resaltando en la rotundidad del título la importancia de la coyuntura, lo que me lleva a parangonar la importancia de la época y a titular este artículo LA HORA DE EUROPA y, si se me apura, LA HORA DEL MUNDO, para referirme a la gravedad de los tiempos que atravesamos y a la trascendencia de los conflictos que ahora se nos presentan no siendo el menor el modo como nos enfrentemos al reto de nuestra unidad.

Quien esto lea comprenderá lo que digo solo viendo los acontecimientos de la última semana, incluyendo los contenidos programáticos de las votaciones en el Reino Unido, las polémicas protagonizadas por el inquilino megalómano de la Casa Blanca y las turbulencias económicas de la Banca española representadas por la desaparición del Banco Popular, de sus accionistas y bonistas.

Y aún así habrá que reconocer que estas y otras convulsiones forman parte de un cuadro mundial complejo y crítico cuyas consecuencias nos tocan como ciudad, como nación y como grupo internacional (europeo) que se encuadra en una crisis mundial de la que de nuevo nos ha llegado la hora. Si España fue un escenario avanzado y antesala de la 2ª Guerra Mundial, ahora de nuevo vuelve a serlo y un ciudadano español, emigrado en Londres, paga con su vida el haber defendido quijotescamente la de otras víctimas del Isis, no a golpe de lanza sino a mandoble de patineta o monopatín (con los zapatos puestos tengo que morir, que decía Rafael Alberti en su Elegía Cívica).

Y así como Picasso nos enseñó a ver la pintura rompiéndole las reglas en el Gernica y en Las Señoritas de Avignon y fundando una nueva gramática de las attes plásticas y extrayendo del dolor humano la lección de humanidad que se precisaba, así también ahora los héroes y heroinas anónimos nos señalan el camino para estar a la altura de los tiempos que nos han tocado vivir.

Por cierto que, junto a mi casa granadina, en la calle de San Juan de los Reyes, persiste un lupanar de resistencia que expende amor agropecuario cuyas pupilas, angulosas y maquilladísimas, parecen salidas del cuadro que Picasso inmortalizó. Cuando nos cruzamos por la calle, procuro saludarlas lo más respetuosamente posible para devolverles la estima y la visibilidad que esta jodida sociedad ha terminado por arrebatarles en esta HORA DE NADIE cuyo desenlace somos incapaces de imaginar. Vaya por ellas lo que de intención moralizante pueda tener esta columna.