A la escuela sin libro

A la escuela sin libro

Maestros en solitario y algunos colegios completos emprenden en Granada la aventura de revolucionar la enseñanza tradicional

Las vacaciones… muchos alumnos parecen respirar, pero otros no saben cuándo llegará el momento de empezar un nuevo curso porque en casa se aburren y en el colegio se divierten. Que la emoción es la base del aprendizaje es uno de los pilares de la neurociencia, disciplina de moda que ya defienden a machamartillo algunos colegios de Granada y así seguirán el curso que viene. En el Sierra Nevada de Güéjar Sierra, por ejemplo, los niños buscan y tallan fósiles de dinosaurios ‘encontrados’ en su huerto; a pocos kilómetros, el maestro José Manuel González de Molina, en Deifontes, tiene un rincón de lectura donde los alumnos se pueden tumbar. Cerca de Almanjáyar, en la escuela Padre Manjón, la biblioteca abre por la tarde y voluntarios y decenas de estudiantes hacen una cadena de favores para ayudarse con los deberes. En un silencioso reto personal, la ‘seño’ Raquel, en el Zaidín, acomete una revolucionaria manera de enseñar las matemáticas que pone en jaque el método tradicional.

 Centros granadinos al completo -y la mayoría de veces profesores en solitario- dan que hablar con sus metodologías. El colegio Atalaya, premio nacional de Educación 2016, y el Clara Campoamor, ambos de Atarfe, despuntan con las tecnologías y enseñando por proyectos. En general, todos huyen de los libros y de los exámenes confeccionados por las editoriales y creen en el trabajo cooperativo. Quieren transformar la escuela en un lugar menos centrado en los textos y más ocupado de las competencias que exige la ley (una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones). En su aventura todos suelen toparse con la resistencia de los padres y muchos compañeros.
 Cristina Agudo, asesora de formación del Centro de Enseñanza del Profesorado de Granada (CEP), conoce a los maestros ‘locos’ por innovar y dar respuestas a los niños actuales. «Suelen pasarse tardes enteras formándose en el CEP», dice. «La eficacia del trabajo cooperativo (pequeños grupos heterogéneos en el aula) y del Aprendizaje Basado en Proyectos (sin seguir libros y muy práctico) está demostrada. Dan saltos muy grandes en los aprendizajes. En una sociedad tan tecnológica, habría que centrarse en cómo aprenden los niños. La neurociencia ha demostrado que la concentración máxima dura sólo 20 minutos», describe con entusiasmo.
La profesora de maestros enumera entonces la gamificación (enseñar con juegos) y la ‘flipped class room’ (clase invertida en la que los niños leen y visionan materiales en casa y luego los debaten en clase) como dos tendencias sin consolidar. Mientras llega el futuro, ya hay algunos profesores insertos en el cambio.
Colegio Sierra Nevada – Güéjar Sierra «Un centro así de dinámico tiene mucho trabajo de tarde»

En Güéjar Sierra, mirando a las montañas, hay una pequeña escuela con metodologías innovadoras dentro del mapa nacional: el CEIP Sierra Nevada. Un claustro joven de 16 maestros ha cambiado la estampa de los alumnos sentados y en silencio por otra colorida y llena de alboroto, trufada de teatros, mercadillos, investigaciones en el huerto escolar, reciclaje y creación de compost, entre recreos con yoga, malabares, pintura de ‘mandalas’ o con sesudos desafíos matemáticos. Los libros se usan bien poco. Profesores como Antonio Mesa se ponen una nariz de goma mientras que los niños se manejan con unos zancos o cantan ante un auditorio. La ‘seño’ Mariló, de Tercero, impulsó un mercado escolar. «En el huerto hacemos muchas matemáticas», espeta Natalia, la directora.

 «Aprendemos todos de todos. Trabajamos muchas tardes. La víspera del circo escolar abrimos hasta las 12 de la noche. Las familias también se disfrazaron. Somos una escuela viva, dinámica, diferente, para mejorar», describe con ímpetu Antonio Mesa, responsable de las artes escénicas, vertebradoras de la escuela. Igual recrean el año 1920 para abundar en la época del tranvía y conocer la historia del pueblo que montan el musical ‘Charlie y la fábrica de chocolate’.
 «El colegio es ‘comunidades’ y hacemos aprendizaje basado en proyectos, pese al quebradero de cabeza», explica la directora. Eso significa que promueven una transformación social y cultural de su entorno, para mejorar los resultados escolares y de la convivencia.
 Escuelas abiertas

El Sierra Nevada de Güéjar, igual que el Padre Manjón de Almanjáyar y otros tantos colegios de la provincia son escuelas abiertas a las familias, asociaciones y voluntariado, tanto en la gestión como en el aprendizaje del alumnado. «Tenemos comisiones mixtas: los martes, la de artes escénicas. Los miércoles, el huerto. El jueves, la fase del sueño. Además de hacer tertulias literarias, las hacemos musicales, artísticas y deportivas todas las semanas. Nuestros niños eligen el proyecto que les interesa investigar, luego se hace un mapa conceptual y se parte de lo que saben hacia lo que quieren saber. A partir de ahí, el tutor elabora unas tareas que se trabajan en grupos interactivos con voluntariado», describe Natalia.

 -¿Y hay exámenes o no?
 -De vez en cuando, pero muchas veces porque los piden los padres, por nuestra cuenta no habría. Subimos muy pocos suspensos a la plataforma de la Consejería de Educación porque todo el mundo aprende algo en su medida. Cada trimestre damos un informe personalizado a cada alumno empoderándolo. Con esos informes lloran hasta los padres.
 -¿Y aprenden los niños, los evalúan?
 -Nuestros padres se quejan mucho de que sin libro no trabajan la memoria, pero tenemos a niños de Tercero de Primaria echando unos discursos tremendos. ¡Eso es memoria! Hoy en día hay muchas maneras de evaluar, no nos hace falta un examen clásico. Elaboramos muchísimas estrategias para evaluar las competencias.
 «Esto sin un equipo dispuesto a trabajar no se saca adelante. El centro de formación del profesorado (CEP) es nuestra segunda casa. Convencer de esto a un pueblo pequeño como Güéjar ha costado mucho, incluso lágrimas y a veces ganas de abandonar», resume la directora rodeada de niños.
José M. González – Deifontes «Aprendo de ellos tanto como ellos de mí»

En la clase de 5º del colegio San Isidoro de Deifontes, los niños ha aprendido a hacer el alfabeto con signos para comunicarse y cooperar con J., un alumno con dificultad para oír. La clase se divide en grupos multinivel porque el maestro José cree que la mejor manera de aprender es todos juntos. Usan los juegos de cifras y letras y no explican el libro al dedillo, sino que el ‘profe’ invita a los pequeños a que saquen sus conclusiones. También hay un espacio habilitado para pensar, «para que ellos resuelvan sus conflictos reflexionando sobre qué ha pasado, dando soluciones y castigos. Así aprenden a autorregularse». «En el club de los valientes, para prevenir el ‘bulling’, se estimula a los testigos y tenemos que ir vistiendo a súper héroes», describe José Manuel, quien se considera un maestro cuya vida ha cambiado gracias a sus alumnos. «Yo aprendo de ellos tanto o más que ellos de mí. Mi misión no es formarlos desde mis conocimientos y experiencias sino que son las suyas las que se constituyen como bases para yo ser un guía».

Raquel Moreno – Colegio Alcazaba Una manera revolucionaria de enseñar las matemáticas

Raquel Moreno trabaja en el colegio Alcazaba de la capital. Su tutoría está llena de palillos, de tapones, de garbanzos, … para que los niños entiendan y vivan desde muy pequeños el concepto de cantidad. Hace dos años esta maestra y pedagoga empezó a emplear el revolucionario método ABN (Algoritmos basados en números). Lo había aprendido en el CEP y en cursos por su cuenta. Apenas había precedentes. Esa metodología, usada apenas por 200.000 alumnos en España, tiene un creador contemporáneo, el gaditano Jaime Martínez, un Inspector de Educación jubilado y experto en didáctica de las matemáticas. Quienes aplican el ABN subrayan que el alumno aprende de verdad y razona lo que hace porque las entiende. «Son más divertidas, adaptadas a la vida real», resumen. «Los niños están muy motivados. Con el ABN se aceleran aprendizajes, ellos descubren cosas por sí mismos», ilustra la maestra. Una suma o división todo el mundo las hace igual con el método tradicional. En el ABN caben muchas formas, según la capacidad de cada alumno. Los chicos más lentos requieren más pasos y los más rápidos, menos.

Colegio Padre Manjón – Granada Un referente para toda la comunidad

Cerca de Almanjáyar, en la Avenida de Pulianas, hay uno de los colegios donde más se innova en Granada, el Padre Manjón. Profesores y alumnos de Quinto enseñan con orgullo el jardín vertical que han creado dentro de un proyecto para conocer la diversidad de la flora granadina.

El director, David Betoret, cuenta que tienen 100 voluntarios para contribuir en la educación de sus 350 niños de Primaria. Aquí se trabaja por grupos heterogéneos de alumnos y de forma cooperativa, o sea, las actividades dentro del aula se convierten en una experiencia social y académica. Dos veces por semana, además, se hacen grupos interactivos en el aula y los estudiantes trabajan con un voluntario (exalumnos, padres, universitarios…). y se programan actividades de 10 minutos para que la atención sea máxima. «Esto funciona y la clave de todo es la formación de los profesores», se despide el director

Ángeles Peñalver

http://www.ideal.es/granada/escuela-libro-20170701223906-nt_amp.html