Un corredor de abejas de más de 11 kilómetros en Londres

Un corredor de abejas de más de 11 kilómetros en Londres

La concejala del barrio londinense de Brent impulsa la creación de 22 praderas en parques y espacios al aire libre para que estos insectos puedan polinizar

Más del 97% de las praderas con flores en Reino Unido ha desaparecido desde la Segunda Guerra Mundial

Muchos pensamos que las abejas van de flor en flor por el campo libando el néctar de las flores. Sin embargo, el uso de ciertos insecticidas, el aumento de la agricultura intensiva y la falta de hábitats ha provocado que muchos de estos insectos se hayan instalado en nuestras ciudades. La concejala del barrio de Brent en Londres, Krupa Sheth, es consciente de esto, por lo que ha creado junto a su equipo un corredor urbano de más de 11 kilómetros de flores donde las abejas y otros insectos polinizadores puedan alimentarse este verano.

“Nuestra intención es favorecer la biodiversidad usando nuestros parques y espacios libres, y crear hábitats donde los insectos puedan vivir”, asegura desde el distrito que alberga el estadio de Wembley. En el Reino Unido, más del 97% de las praderas con flores ha desaparecido desde la Segunda Guerra Mundial y, al igual que en el resto del mundo, las poblaciones de polinizadores ha decrecido de forma alarmante desde 1980. Según un nuevo estudio, gran parte de este descenso se debe a la desaparición de prados con flores silvestres, por lo que su recuperación, tanto en el campo como en las ciudades, se vuelve urgente.

A las abejas, así como a los abejorros, los sírfidos y otros polinizadores, no les va nada bien. Según el último informe sobre la biodiversidad del planeta de Naciones Unidas, miles de especies pueden desaparecer en las próximas décadas; en Europa un 37% ya ha visto decrecer su número y en América del Norte hasta un cuarto está en peligro de extinción. Pero estos insectos siguen siendo esenciales para nuestros ecosistemas y la producción de alimentos, y se estima que aportan a la economía mundial unos 577.000 millones de dólares (unos 516.000 millones de euros).            

“Lo que hemos hecho nosotros es crear 22 praderas en parques y otros espacios libres de nuestro distrito para que las abejas puedan ir moviéndose con facilidad”, explica Krupa Sheth. “Las praderas representan un hábitat perfecto para estos animales ya que ofrecen hierbas altas que los protegen y una variedad de flores atractivas para la polinización”. 

De hecho, para el equipo, elegir el tipo de flores ha sido una labor crucial. En este caso han escogido especies como la flor de cuclillo o prímulas, aunque un estudio de la Universidad de Sussex constataba que muchas especies comunes en nuestros jardines representan un estímulo para estos insectos. Según el documento, la lavanda, la borraja, la mejorana o las variedades abiertas de dalias cautivan a las abejas, mientras que los geranios no son de su agrado.

Para la London Beekeepers’ Association, la Asociación de Apicultores de Londres, proyectos como el del distrito de Brent son necesarios ya que la ciudad necesita hábitats apropiados. “La población de abejas melíferas, es decir, de productoras de miel, es abundante en Londres, por lo que estos espacios podrán ofrecer alimento. Además, probablemente ayudarán a otras especies que lo tienen más complicado en la ciudad”, asegura Natalie Cotton, secretaria de esta organización.

La idea de que la protección de las abejas en las ciudades es cada vez más necesaria no resulta novedosa. Desde hace años, varias asociaciones estudian cómo mejorar las condiciones para estas especies y muchas fomentan la creación de colmenas en edificios o lugares poco accesibles. De hecho, en la ciudad de Birmingham se produce más miel que en sus campos cercanos y Londres cuenta con poblaciones de abejas importantes en las azoteas de Fortum&Mason en Picadilly, el edificio Lloyds de la City o en la Catedral de San Paul.

Krupa Sheth tiene claro que, con su proyecto, la mayoría son ventajas. “Por un lado, contribuimos aunque sea con algo pequeño a promover la biodiversidad y, por otro, crearemos parques mucho más coloridos”. Los vecinos, según cuenta esta concejala, están encantados de tener más flores en los parques y les gusta la idea de estar contribuyendo a salvar las abejas para las generaciones futuras. Su propósito ahora, confiesa, es convencer a otros distritos, el Gobierno e incluso otros lugares en el mundo para que hagan lo mismo.