La debilidad de la derecha que se autocalifica de constitucional

La debilidad de la derecha que se autocalifica de constitucional

Coincido con la opinión de Ignacio Escolar de por qué está tan enfadada la derecha española, aunque diría que ‘enfadada’ no es la palabra apropiada. Creo que habría que hacer uso de un término más rotundo, que dejo a la inteligencia del lector. Seguro que cada uno encontrará el suyo.

Voy a centrarme en un argumento del porqué de este enfado al que creo que no se le ha prestado la atención que merece. En mi opinión, el resultado electoral del pasado domingo ha supuesto un golpe terrible para la derecha democrática española. Me atrevería a decir que ha sido una catástrofe. No aritmética, pero sí política. Pues las tres derechas podían sumar mientras Vox fuera el apéndice inequívocamente minoritario del trío. En el momento en que no es así, en que Ciudadanos casi desaparece y Vox aumenta su representación de la forma en que lo ha hecho, las tres derechas suman aritméticamente, pero no políticamente. Para la derecha democrática es un desastre.

Las tres derechas en su distribución actual no constituyen una opción de gobierno. Vox no forma parte de la derecha democrática, ni siquiera de la derecha constitucional. No es un partido anticonstitucional, pero su programa sí lo es. La Constitución permite que un partido tenga un programa anticonstitucional, sin ponerlo por ello fuera de juego. Pero el partido que tiene un programa anticonstitucional no puede considerarse parte del «consenso constitucional». Y de hecho, Vox se ha manifestado reiteradamente contra el «consenso progre» que ha presidido este país desde la entrada en vigor de la Constitución.

Negativamente esta circunstancia es irrelevante. Las tres derechas siguen sumando contra un gobierno presidido por el PSOE, independientemente de cuál sea la relación de fuerza entre ellas. Pero, positivamente, sí lo es. Tras el resultado del 10N, el PP y Vox se han quedado estancados en la situación en que los han puesto los electores, sin poderse relacionar con nadie. La suma de ambos es la síntesis de las Leyes Fundamentales de Franco y la Constitución de 1978. Es una combinación de fascismo, («los fachas de siempre”, que ha dicho Aitor Esteban) que es lo que representa Vox y democracia, que es lo que representa el PP. Y en esas condiciones pueden hablar entre ellos, pero con nadie más. 

No hay ningún país democrático europeo digno de tal nombre en que tenga curso legal la amalgama de fascismo y democracia. No hay nada que permita pensar que en España va a acabar teniéndolo. Si los ciudadanos españoles de derecha no corrigen de manera muy significativa la forma en que se han expresado electoralmente el 10N, la derecha española está condenada a la impotencia. Aunque llegaran a sumar más escaños que la izquierda, PP y Vox tendrían que sumar mayoría absoluta para poder gobernar. Es inimaginable que un gobierno de coalición PP-Vox pudiera ser apoyado por cualquier otro de los partidos con representación parlamentaria.

La rabia de la debilidad es la que se ha expresado inmediatamente después de que se haya conocido el preacuerdo para la formación de un gobierno de izquierda. Es la desesperación por no tener no ya, sino ni siquiera a la vista, una alternativa, la que está generando los ataques furibundos que se han puesto en circulación, sobre todo contra Pedro Sánchez. 

Esto es más que preocupante. Un sistema político necesita, para estar estabilizado, que quienes pierden unas elecciones y pasan a la oposición acepten el resultado electoral, con la esperanza de poder volver al Gobierno en un futuro razonable. Si quienes están en la oposición se han dividido internamente de una manera que les hace perder dicha esperanza, la tendencia a hacer imposible la gobernabilidad, tenga el coste que tenga,  puede convertirse en irresistible. 

Tengo la impresión de que las derechas españolas se están empezando a deslizar  por esta pendiente. He visto un error

Javier Pérez Royo

FOTO: El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el presidente del PP, Pablo Casado, tras la concentración en la plaza de Colón de Madrid.