Las elecciones y las leyes de la física

Las elecciones y las leyes de la física

Además de ofrecer alguna que otra lección de matemáticas –del España Suma que resta del PP en Euskadi al me multiplico por cero de Podemos en Galicia-, las elecciones de ayer domingo han permitido comprobar las tres leyes de la física de Newton que los líderes políticos suelen ignorar porque, en su mayoría, son de letras.

La primera es la de la inercia, aquella que plantea que un objeto en movimiento no se frena de manera espontánea o porque esté de Dios, sino que precisa que se aplique sobre él una fuerza que le obligue a ello. De la misma manera, es imposible abandonar el estado de reposo o de letargo sin el empuje adecuado. Es la que explica que Feijóo y Urkullu hayan revalidado holgadamente sus mayorías ante la ausencia de otros proyectos que se les opusiesen, o que el PSOE haya sido incapaz de salir del pozo en el que cayó y al que parece haberse habituado hasta el punto de ponerle cortinas. «Hemos consolidado un camino de largo recorrido que emprendimos hace seis años», explicaba su candidata en el País Vasco, Idoia Mendia.

La segunda ley es la de la dinámica, aquella que establece que el cambio de movimiento y la aceleración de un cuerpo es directamente proporcional a la fuerza que se le administra. Una de las aplicaciones más evidentes de este principio es la caída libre, que es la que experimenta un partido como Podemos cuando, gracias a su guerra interna permanente, ve pasar a cuatro secretarios generales en cinco años en el País Vasco, o renuncia incluso a articularse como partido, tal es el caso de Galicia donde desde ayer es una fuerza extraparlamentaria. Por eso de que a la fuerza ahorcan ha dicho Pablo Iglesias que les toca «aprender de los errores» que «sin duda» han cometido.

Pero vayamos a la tercera de las leyes del padre de la física clásica, también conocida como principio de acción y reacción. Literalmente, reza así: con toda acción ocurre siempre una reacción contraria, que tendría que ser igual pero que a veces es muy superior. Se entiende mejor con un ejemplo práctico. Un líder inconmensurable como Pablo Casado decide fumigarse por floja a la dirección de su partido en el País Vasco para colocar en su lugar a un candidato del Cretácico Superior como muro de hormigón contra el independentismo y reclamo para la ultraderecha local (acción). Pues bien, pese a su intento de propulsar el muro con todas sus fuerzas (coalición con Ciudadanos), este, lejos de avanzar, retrocede estrepitosamente (reacción). ¿Efectos? Líder amortizado y Vox con escaño; dicho de otra manera, un pan con unas hostias.

No todo han sido confirmaciones de mecánica clásica. Los comicios han puesto en cuestión principios que se creían muy asentados, como el de los vasos comunicantes, ese que tan útil resultó a los romanos en su sistema de acueductos. Hubiese sido de esperar, por tanto que los socialistas recibieran en sus cisternas el aporte de la sangría de Podemos, algo que no ha ocurrido. ¿Qué demuestra? Pues que los electores entienden que los postulados de izquierdas en ambos territorios se defienden mejor desde posiciones nacionalistas como las del BNG o abiertamente independentistas como las de Bildu. El mundo de los trasvases es apasionante.

La última enseñanza tiene que ver con Ciudadanos y la física cuántica y la demostración empírica de que la nada no existe. En cualquier momento, algo puede aparecer de ella y recibir masa. Los de Arrimadas eran en Euskadi la nada más absoluta y hoy gracias al PP tienen, como Vox, representación en el Parlamento vasco. No hacía falta ningún colisionador de hadrones para probarlo. Ahí donde le ven, Casado es el verdadero campo de Higgs.

Juan Carlos Escudier

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