«DE LOS SANJUANES, SUDOR» por José Lozano Jiménez

«DE LOS SANJUANES, SUDOR» por José Lozano Jiménez

ARTICULO PUBLICADO EN» ATARFE EN PAPEL» DE IDEAL QUE RELATA LA HISTORIA DE JUANDE DIOS SANCHEZ, IMPULSOR DE LA COSNSTRUCCIÓN DE LOS TRES JUANES.

Merecería por su raro perfil, por su gallardía y envite con el que se echa desde la sierra al campo en un afán de hacerse ver airoso y destacante, haber tenido por cimera el Capitolio aquel al que los Conciliares Illiberitanos prohibían, bajo advertencia en contarlo de cargar con diez años de penitencias, ascender para ofrecer a los ídolos a él consagrados o meramente mirar curioso el desarrollo espectacular de la pagana ofrenda fuese fiel o gentil, cristiano o no aún converso, prescribiéndolo en el Canon LIX del Sínodo disciplinar que, con toda osadía: despreocupación por sus vidas convocaron en plena persecución de Diocleciano pero reuniéndose, ya la cosa apaciguada, una vez publicado el Edicto de Milán que eximía de acosos a los creyentes en la Nueva Fe.

Que la Reunión fue en estos parajes atarfeños está apoyada por Francisco Henríquez de Jorquera que, aunque siendo pupilo y seguidor de Bermúdez de Pedraza y, por tanto no sospechoso de elvirismo, escribiendo en el primer cuarto del siglo XVII decía “Su fundación (la
de Atarfe) dicen ser de las ruinas de Illiberis.” Si había que ascender -el Canon dice ascendant y el latín es lengua de machacona precisión- y no vayan, marchen o caminen, se deduce que la Ciudad estaba abajo, en una llanura, al igual que la Ilbyra de las Memorias de Abd Allah, y no sobre una colina. ¡Sabio maestro D. Emilio García Gómez, Atarfe está en deuda contigo; pero Atarfe es agradecido; descansa en paz en tu Colina Roja!

Sí mereció, en cambio aguantar sobre sus pétreos hombros la mole castellana de aquella defensa de Elvira, frente a la cual el de Aragón plantó, en uno de los primeros días de junio de 1486, sus lombardas y máquinas de guerra, aterrando a sus habitantes y demoliéndola hasta sus bases mismas, dejando su aljibe sepultado bajo cascajo y tejoletos para mayor gloria del maestro albañil Máximo Godoy y sus obreros que, convertidos para la ocasión en improvisados arqueólogos lo deslumbraran con la luz de casi cinco siglos después, haciéndole recibir las generosas aguas transportadas a lomos de los pacientes platerillos de los Güenos con las que fraguarían las mezclas y argamasas que poco a poco, compondrían el orgulloso penacho del Castillejo conocido desde entonces con el nombre de Ermita de los Santos Juanes o, abreviando Los Juanes.

Juan, el que daba voces por los desiertos, el que lavaba a las gentes con el agua del Jordán, el que cantó las cuarenta a los políticos de su tiempo, el que, por ello, murió decapitado; Juan el Bautista. El otro, el poeta, el inspirado visionario, el escritor, el que, según la tradición,
cuidó de Maria cuando ya era vieja hasta su marcha; Juan el Evangelista y el de la capacha, Juan de Dios, aquel que fue advertido “Granada será tu Cruz”, siempre rodeado de locos y miserables, del desecho social de su tiempo, el que ni siquiera fue encontrado digno de recibir sagradas órdenes por carecer de estudios teológicos.

¡Vaya tres revoltosos que Juan de Dios Sánchez Pozo escogió para presidir titularmente la Ermita que le quería dar a su pueblo y que comenzó a construir en 1942!

Y es que todos estos poetas, profetas y locos son siempre mirados por los medios oficiales, clero incluido, a través de lentes de un aumento desconfiado, riguroso y sin cuartel; porque a fuerza de rutina y burocracia olvidamos lo que aquel ciudadano romano de origen judío nos dejó dicho “Ubi charitas et amor Deus ibi est” o sea “Donde haya cariño y amor, Dios está allí” y no traduzco caridad por ser ésta una palabra que ya hemos devaluado bastante.

Sánchez Pozo era un atarfeño visceral a quien Dios tocó con el dedo del idealismo y del desinterés; sus escritos, muy cortos, brevísimos lo demuestran en demasía: Juan de Dios Sánchez, impulsor de la construcción de los Tres Juanes

“Mis bienes no los he encontrado en este mundo”…,comienza en uno de sus párrafos ¿Cómo, si no, se puede explicar que destinara todo la que ganaba como corredor de fincas rusticas, una vez cubiertas sus obligaciones familiares, o lo que recibiera como ayudas o donativos de
las personas que en él confiaban, en especies tales como vigas, mechinales, cal hidráulica, todo ello para fábrica de una ermita en lo alto del Castillejo?

“Mi obra sólo obedece el hacer un obsequio para Dios, ya que me ha librado hasta aquí de muchos y graves peligros, que en algunas ocasiones fueron empujados por la materia humana”, escribía en sus pequeñas memorias textualmente… las gentes sencillas conectaron pronto con su ilusión, el maestro Máximo y los catorce o quince operarios entre ellos; aquello se tenía que hacer a retazos según los posibles de que se disponían, pero, cada vez que había algún medio, allí estaban los dos, maestro y constructor, departiendo durante horas sobre la siguiente etapa a emprender en el despacho del segundo. También hubo gentes, hoy día serian más, que observaban con extrañeza todo aquel trasiego; dentro de la dinámica materialista no puede caber en cálculo que se dedique tanto esfuerzo y dinero a lo que no sea aumento de patrimonio, signos externos de riqueza, consecución de poder y fama o promoción personal a costa incluso de prácticas religiosas que no engañan ni a Dios ni a los hombres.

Además de su profunda fe religiosa y como persona no ajena a los difíciles tiempos en que le tocó vivir tenía Juan de Dios gran preocupación de orden social; no sólo se adelanta el actual ecologismo haciendo instalar allá arriba un generador eólico y un colector subterráneo que el agua llovediza llenaría, previo paso por filtros arenosos de gravedad, por lo que se trabajó un día entero con su noche y sin descanso para enlucir su interior en evitación de fisuras y fugas, sino que añade, a especie de pilar, una caseta con su grifo para que los que allí suban dispongan de agua para mitigar la sed, pero colocando sobre él, grabada en piedra, una ingenua y desenfadada leyenda en la que pregonaba la estima que se debe profesar a un bien tan escaso, en aquellos años tan de sequía como éstos:
Agua del Cielo quered
Que os la manda el Señor
Santíguate al beber
De los Sanjuanes sudor
Tengo para mí que en la redacción de estos heptasílabos se encierra una especie de síntesis de su imaginativa y jocosa personalidad a la vez profunda y alegre. Naturalmente la cosa no para ahí; el estado de precariedad y desamparo en que veía tanto a los jornaleros como a la agricultura granadina en general le lleva a ponerse en contacto postal, para exponerle la angustiosa situación, con el que había sido Ministro de Hacienda y diputado por Orense, el joven y dinámico abogado D. José Calvo Sotelo; al escribirle un 6 de julio de 1936, recibe respuesta fechada en Madrid a 10 del mismo mes sería uno de los últimos escritos firmados por el joven político. Unos años más tarde se le pudo ver con un carro adornado de banderitas recogiendo alimentos, que una vez empaquetados, eran distribuidas en una improvisada tienda gratuita en los días navideños para que no faltara casa del pueblo en la que no hubieran qué echarse a la boca. Era el año del hambre.

Pero su máxima convicción era que la convivencia en España, a la que él llamaba querida, no sería posible sino de la mano del Rey, una Monarquía social y Constitucional; jamás se ocultó en su casa, más bien ocupó siempre un principalísimo lugar, una foto dedicada de un matrimonio distinguido con un pequeño en brazos de la Señora; en aquella casa era fácil entrar porque la puerta no se atrancaba hasta el anochecer, por otra parte, como en casi todas las del pueblo, eran otros tiempos, la gente solía preguntar quiénes eran los de la foto recibiendo una lacónica respuesta son los Reyes.

Efectivamente eran SS.AA.RR. los Condes de Barcelona don Juan de Borbón con doña María de las Mercedes y la Infanta doña Pilar con unos meses nada más, debajo se veía la rubrica de ambos.

José Castro Pozo, primo hermano de Juan de Dios, era del cuerpo de carabineros, hacía su servicio en el Lusitania-Exprés, que rodaba entre Madrid y Lisboa; cuando José venía al pueblo se podía ver a Juan de Dios escribiendo muy temprano y muy bulliciosamente en la máquina de su despacho unas misivas cuyo contenido fehaciente únicamente se podría conocer consultando el archivo de don Juan de Borbón, ya que, por razones obvias, en el año 49 esta correspondencia tenía carácter clandestino siendo, en consecuencia, las respuestas, poco explícitas, pero las unas y las otras viajaban por ferrocarril destino Lisboa en un bolsillo de José Castro que se alargaba hasta Estoril,
entregaba la misiva en mano en Villa Giralda y aportaba la  respuesta, si la había.

Cuando Juan de Dios fallece a sus 53 años un 12 de marzo de 1949, su obra, que era una empresa estrictamente personal y unívocamente destinada a su pueblo queda inconclusa y abandonada. Su familia, aún deseándolo, no hubiera podido seguirla; ahora, y todavía más en aquellos tiempos, la desaparición de un padre tan prematuramente sumía las casas en la precariedad; y no hablemos de fondos oficiales tratándose de una edificación que evocaba el nombre del Rey en el exilio, porque no hay duda de que la Ermita puede ser el primer
monumento que se erige pensando en esa ya histórica figura que nació de Rey y fue padre de Rey pero que nunca reinó. Dos destinos con un cierto paralelismo.

Quince días tras el entierro la Casa de S.A.R. envió un sentido pésame.

FOTO:Los Condes de Barcelona, don Juan de Borbon, doña Maria de las Mercedes y la infanta doña Pilar