«LA VACA » Por Alberto Granados

«LA VACA » Por Alberto Granados

Cuando estaba en activo, yo acudía a todos los requerimientos y convocatorias de formación pedagógica. Ahora, con cierta perspectiva que da el tiempo, creo que tanto fervor profesional no me aportó demasiado, pero entonces creía que tantos mensajes, a veces contradictorios, iban a ayudarme, que era tanto como beneficiar a mis alumnos.

Creo que fue recién trasladado a Granada, en 1983, cuando oí la redacción sobre la vaca que hoy traigo aquí. Un vago recuerdo me hace pensar que nos la leyó un inspector, aunque no recuerdo ni quién era, ni dónde. Sé que el ejercicio de composición provocó una festiva hilaridad entre los asistentes. Después el mismo texto se ha cruzado conmigo en varias ocasiones, siempre con el remoquete de que “el original se conserva en el Museo Pedagógico de París”.

Y ahí llegan las dudas, pues Google.es da mínimas referencias directas a dicho museo, que aparece mil veces, pero siempre vinculado al texto de la vaca que hoy reproduzco, del que además he encontrado bastantes versiones con notables diferencias de contenido. Dicho de otro modo: podría tratarse de uno de esos bulos que la red reproduce (ahora se dice viraliza), aunque eso no certifique el rigor informativo ni la veracidad.

Si la búsqueda en Google se realiza desde el dominio francés (Google.fr) ya aparecen más datos: es cierto que existió un Musée Pedagogique, creado en París por Jules Ferry en 1879. Todos sus fondos pasaron en 1980 a formar parte de un proyecto de mayor calado y más actual desde el punto de vista museológico: el Musée National de l’Education. Por último, sus fondos, convenientemente digitalizados, pasaron a formar parte de la Réseau CANOPE (Red Canope), donde se pueden consultar en línea decenas de miles de referencias bibliográficas y documentos, con una apartado dedicado a los trabajos escolares, pero son tantos que no he conseguido encontrar la dichosa redacción, al parecer de un niño de ocho años de los años cincuenta.

 

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En cualquier caso, algo debe de haber de realidad en el texto, pues he comprobado que incluso se ha publicado un pequeño libro infantil con la redacción (siempre me gustó más llamarla composición) y las ilustraciones pertinentes de François Gauthier (Ah! La vache!, ilustraciones de François Gauthier, Motus, 2008).

La versión oficial, como digo no contrastada, pero mil veces reproducida, indica que a un niño de ocho años (¿quién, dónde, cuándo…? nadie sabe explicarlo) se le pidió una redacción sobre un ave o un mamífero. El chiquillo, evidentemente de genio despierto, supo reaccionar con una frescura y una gracia que han hecho a su composición merecedora de tanta reproducción. El texto dice:

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  “El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir:la vaca.

     La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el de la derecha, el de la izquierda, el de arriba, el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo, del que cuelga una brocha. Con esta brocha se espanta las moscas para que no caigan en la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos, y además porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para combatir con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se le pueda ordeñar.

     Cuando se le ordeña, la leche viene y ya no para nunca. ¿Cómo se las arregla la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pero cada vez sale con más abundancia.

      El marido de la vaca es el buey. El buey no es mamífero, la vaca no come mucho pero lo que come, lo come dos veces, así que ya tiene bastante. Cuando tiene hambre, muge, y cuando no dice nada, es que está llena de hierba por dentro.

     Sus patas le llegan hasta el suelo. La vaca tiene el olfato muy desarrollado, por lo que se le puede oler desde muy lejos. Por eso es que el aire del campo es tan puro”.

Apócrifo o no, el texto es tierno, divertido, ocurrente y seguro que os arrancará una sonrisa. Buen provecho, que últimamente no se sonríe a diario.

 

Alberto Granados

https://albertogranados.wordpress.com/