» EL CARMEN DE LOS MÁRTIRES » por Ignacio Pozo

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El Carmen de los Mártires tiene una de las historias más truculentas e interesantes de Granada.

Cuando en 1492 el Rey Boabdil salió de la Alhambra para rendirse ante los Reyes Católicos lo hizo por la Puerta de Los Siete Suelos, en la que la Reina Isabel mandó instalar una verja para que nadie pasara por ella por respeto al rey vencido.

Esa verja, como todo lo relacionado con ese carmen desapareció como si se tratara de de una maldición. Allí estaba el “corral de los cautivos” donde se ubicaban las mazmorras nazaries (se dice que llegaron habitarlas siete mil prisioneros cristianos que eran utilizados para la construcción de la Alhambra).

Pues bien, en su honor allí la reina hizo construir la Ermita de los Santos Mártires.  En 1573 la ermita pasa a ser el convento de las Carmelitas Descalzos en el que su prior fue, nada mas y menos, que San Juan de la Cruz, donde escribió muchos de sus famosos versos y el mismo construyó  parte del jardín y una pequeña ermita.

En 1810 (cosas de Mendizabal) las monjas abandonan el convento y, una vez más,  las tropas invasoras francesas saquean un edificio religioso y lo destruyen,  por lo que fue subastado.

Posteriormente,  fue adquirido por el senador Calderón y construyó el actual palacete neoclásico y jardines de estilo romántico. Al morir este,  lo heredó su hijo que tuvo que exiliarse tras  la Tercera Guerra Carlista. El hijo cedió el palacete al poeta Zorrilla, quien fue “coronado” en el palacio de Carlos V con todos los fastos y excentricidades propias del personaje.  A la muerte  del hijo del senador, acaba en manos del belga Meersman; este instala la fuente del centro y el magnífico portón que venía del antigua sede inquisirial.

Por cierto, el senador, el hijo y el belga grandes juerguistas y aficionados a importantes farras en el palacete que era frecuentado por nobles y ricos de todos los lares. El  belga tuvo relación con García Lorca quien le dedicó algún poema.  Las excentricidades de Meersman abocan en su ruina y la venta del Carmen al Duque del Infantado a quien, obviamente, se le deben las estatuas reales de la entrada.

Cabe recordar que el Duque vino  a adquirirle una vajilla de oro y término adquiriendo el carmen   completo. A la muerte del Duque es heredado por su hija Cristina, (monja, historiadora y poeta), fue la primera mujer en alcanzar el Doctorado en Historia y llegó a ser  la Priora General de la Orden.

En 1957 es adquirido por el ayuntamiento e Granada (siendo alcalde Manuel Sola) y a cambio la priora recibe el Monasterio de San Jerónimo. El campanario es reconstruido por ella ya que, una vez más, los franceses también habían  saqueado el Monasterio y desmontada su torre. La Ciudad nombra a la priora Hija Adoptiva de Granada.

Por desgracia, en 1972 el ayuntamiento convoca un concurso para construir un hotel de lujo pero la reacción ciudadana lo impide,  aunque la piqueta había comenzado a trabajar y quedó muy deteriorada y expoliada nuevamente (se cuentan que sus columnas originales están adornando una mansión en Ávila…). En 1985 se reconstruye al centímetro y así hasta nuestros días. Esperemos que continúe así.

IGNACIO POZO

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