«ATARFEÑO», tragedia en el ruedo

«ATARFEÑO», tragedia en el ruedo

Ocurrió en aquella vieja plaza de toros cercana al Triunfo y el suceso, como escribe José Enrique Granados, conmocionó a la España de 1934

Hay personajes que se quedan en la historia de un lugar para siempre y uno de esos fue el novillero Miguel Morilla Espinar ‘Atarfeño’, que murió en la plaza de toros de Granada el 2 de septiembre de 1934, tras resultar cogido durante la lidia del segundo toro. Murió al poco de entrar en la enfermería víctima de una grave cornada en el muslo. Ocurrió en aquella vieja plaza de toros cercana al Triunfo y el suceso, como escribe José Enrique Granados, conmocionó a la España de 1934, donde la tauromaquia era una pieza fundamental en el devenir cotidiano.

Por aquellos años, Granada contaba con dos plazas de toros, la actual y ‘la Chata’; en ambas se programaban festejos incluso en el mismo día, y en las dos toreaba ‘Atarfeño’ compartiendo cartel con otros toreros granadinos como Fandila o Perete, con una valentía, temple y arte que algunos críticos de la época le llamaban el sucesor de Gitanillo de Triana.

La vida profesional de la que se convertiría en leyenda de la tauromaquia comenzó cuando en 1926 saltó de espontáneo en la plaza que finalmente le vio morir. Tal revuelo levantó que se organizaron una serie de novilladas en Atarfe para posteriormente torear en Pinos, Loja, Motril, Priego o Torreperogil, donde vistió por primera vez un traje de luces.

El 1 de mayo de 1927 debutó sin picadores en Granada, actuando con estos por primera vez en octubre de 1928, también en su tierra. La rivalidad en la plaza entre Perete y ‘Atarfeño’ hizo que Granada se dividiera entre ‘peretistas’ y ‘atarfeñistas’ con el deseo de una ciudad que soñaba con tener una figura del toreo digno sucesor de ‘Frascuelo’ y ‘Lagartijillo’. Miguel fue uno de los novilleros más aclamados de la época en las dos plazas de Granada, Madrid, Sevilla, Málaga, Jerez, Algeciras… En 1929 toreó 30 novilladas siendo muy aplaudido en casi todas ellas, porque mataba con estilo y facilidad, toreando con soltura y gracia. Se pensaba en el doctorado para el 2 de octubre, en El Puerto de Santa María y de manos de Juan Belmonte, pero antes pasó por Jaén y de nuevo Granada, lugar donde tuvo lugar la fatídica tarde en la que murió.

‘Atarfeño’ nunca temió ante ganaderías difíciles y se enfrentó a toros de Miura o Pablo Romero. Pero el 2 de septiembre de 1934, un toro berrendo en negro, gordo, grande y manso de nombre ‘Estrellito’, de la ganadería sevillana de Rufino Moreno Santamaría y a tan solo unos meses de tomar la alternativa, truncó las expectativas de este diestro granadino, hiriéndole de gravedad en el muslo izquierdo para posteriormente expirar en la escueta enfermería del coso capitalino. La prensa de la época puso de manifiesto el deplorable estado de la sala sanitaria, donde faltaban los medios para tratar al herido. Según la crónica taurina de aquella jornada, «se vistió aquella tarde de azul celeste y plata y salió decidido. Una vuelta al ruedo fue el premio a su meritoria labor. ‘Estrellito’, segundo de la tarde, ya estaba en el ruedo; toma cuatro puyazos y tres pares de banderillas. Miguel advirtió las dificultades de su enemigo nada más instrumentarle un pase por bajo y huyó del toro. Al dar un pase por abajo, el segundo, delante del tendido 1, el astado enganchó al torero. Tiró el toro la cornada y el torero salió despedido por los aires; la res lo buscó en el suelo y lo pisoteó, rompiéndole la taleguilla. Jesús Fandila en un rasgo de valentía, lo sacó a rastras de los cuernos del toro. ‘Atarfeño’ se puso de pie y se sacudió la taleguilla con ánimo de continuar, pero al verse el muslo manchado de sangre se apoyó en el citado banderillero y se dirigió hacia el más próximo burladero.

El torero fue consciente de la gravedad de la cornada. «Cogedme bien que me caigo», le dijo a Fandila y a su hermano José, que le ayudaron a levantarse. «Que me desangro, que me muero», añadió el torero.

IDEAL 5 DE MAYO DEE 2022

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FOTO: Entierro de ‘Atarfeño’. / IDEAL