ONG, movimientos sociales, inversores institucionales, sindicatos… Son muchos los grupos de interés que vigilan el comportamiento de las empresas. En la actualidad, los aspectos medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG, por sus siglas en inglés) se encuentran entre los más cuestionados, ya que existe un incentivo para el comportamiento oportunista: una buena valoración ESG promueve una mayor lealtad a la marca, mejor reputación, más atracción de talento, abarata la financiación y mejora la rentabilidad de las acciones a la vez que reduce el riesgo. En otras palabras: la sostenibilidad puede traducirse en rentabilidad siempre que los grupos de interés confíen en la integridad de la información ESG.

Sin embargo, generalmente las acciones de una empresa a favor de la sociedad o del medioambiente no son directamente observables. Por tanto, existe una situación de información asimétrica entre la empresa y los grupos de interés que ignoran la veracidad de las declaraciones sostenibles de la empresa.

Así pues, los grupos de interés vigilan intensamente el comportamiento de las compañías y las razones por las que otorgar credibilidad (o no) a sus muestras o señales de sostenibilidad, tales como informes de sostenibilidad o declaraciones en medios de comunicación.

Este escrutinio se intensifica en empresas que tengan mucha visibilidad, ya sea por su tamaño, por el hecho de estar cotizadas o pertenecer a determinados índices bursátiles, por su presencia internacional o por tratarse de empresas en sectores controvertidos (tabaco, armas, petróleo…). Por ejemplo, los grandes bancos están constantemente cuestionados por ONGs como BankTrack; las empresas multinacionales son las que suelen sufrir más boicots a sus productos y los inversores institucionales –los gestores de los grandes fondos de inversión como BlackRock o Fidelity– son tremendamente influyentes en la gestión empresarial de las cotizadas, pues su apoyo determina un importante soporte para el precio de las acciones.

Podríamos pensar, por tanto, que para estas empresas tan visibles y tan estrechamente observadas es difícil obtener resultados económicos de sus políticas ESG, pues sus stakeholders dudan de la veracidad de las mismas. La cuestión radica en determinar si la sostenibilidad corporativa es rentable en contextos de extrema vigilancia por parte de los grupos de interés y, si es así, qué mecanismos producen la transformación de políticas ESG a un mayor resultado.

Dando credibilidad a la información ESG

En un estudio recientemente publicado se analiza el efecto de la interacción empresa-stakeholders como mecanismo que reduce las asimetrías de información que existen entre ellos, dotando de credibilidad a la información ESG. Esto es así por dos mecanismos:

A más vigilancia, mejor ESG y más resultados. Las empresas intensamente vigiladas acaban desarrollando mejores políticas de sostenibilidad, ya que conocen las necesidades y preferencias de sus grupos de interés debido a las sucesivas interacciones y comunicaciones con ellos.

Greenwashing no, gracias. Estas empresas están expuestas a un mayor coste reputacional si manipulan la información relacionada con prácticas sostenibles (es decir, si hacen lavado verde). Esto provoca un comportamiento más íntegro que, al repetirse en las sucesivas interacciones con los grupos de interés, promueve una mayor credibilidad y reputación ESG (ya que la reputación consiste en un juicio por parte de los interesados respecto a los comportamientos observados).

Como resultado, las empresas con mayor escrutinio por parte de sus grupos de interés consiguen transformar sus actividades ESG en unos mejores resultados financieros. Es decir, el valor instrumental de la sostenibilidad corporativa aumenta con la intensidad del escrutinio al que sea sometida. En especial, esto sucede en mayor proporción en los aspectos de ESG que están menos institucionalizados, y por tanto requieren mayor credibilidad que aquellos donde ya existe una regulación emergente.

El escrutinio de muchos grupos de interés

Este estudio se ha realizado con más de 14 000 observaciones de 5 700 empresas localizadas en 23 países diferentes a lo largo de cinco años. A diferencia de publicaciones anteriores que se basan en un único grupo de interés o en varios que comparten una misma demanda hacia la empresa, el análisis de este último estudio considera el efecto del escrutinio de múltiples grupos con distintos intereses, tal y como ocurre en la realidad. Los resultados implican que las estrategias de sostenibilidad pueden actuar como defensas en situaciones de intenso escrutinio, en especial en las compañías muy visibles.

Por otra parte, se confirma la necesidad de interactuar con los grupos de interés primarios y secundarios y orientar la gestión hacia sus necesidades. Además, los resultados ponen de manifiesto el valor del “capitalismo de los stakeholders”, en otras palabras, cómo su influencia y vigilancia consigue comportamientos más íntegros por parte de las empresas y a la vez promueve mejores resultados empresariales.

Elisa Aracil – The Conversation

 
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