«LA HEREDALDICA DE CISNEROS» por José Enrique Granados

«LA HEREDALDICA DE CISNEROS» por José Enrique Granados

Entre los diferentes escudos heráldicos que podemos contemplar en las fachadas de viejas casonas de nuestro pueblo, tenemos este de la fotografía.

Pertenece a los descendientes del Cardenal Jiménez de Cisneros (Ximénez de Cineros), localizada en la calle Nueva. Aunque hemos disfrutado recientemente en televisión de dos series históricas donde este personaje era uno de los protagonistas, no está de más recordar esta figura egregia de nuestro país. Su relación con Atarfe, por ahora la desconocemos, pero averiguarlo es uno de nuestros objetivos.

Gonzalo Jiménez de Cisneros nació en 1436 en la localidad madrileña de Torrelaguna. Sus padres, hidalgos eran originarios de la villa de Cisneros (Palencia). Inició los estudios eclesiásticos en Roallado y posteriormente en Alcalá de Henares, una de las ciudades a las cuales estuvo más vinculado, Salamanca y Roma. Tras el fallecimiento de su padre regresó a España.

En enero de 1471 es nombrado arcipreste de Uceda por el Papa Paulo II. Esto le lleva a un enfrentamiento con el arzobispo de Toledo, don Alonso Carrillo, que reservaba el puesto para un familiar suyo. Jiménez reclamó su derecho sobre el arciprestazgo y por ello fue encarcelado, primero en Uceda y después en la fortaleza de Santorcaz. Fue liberado en 1480, después de seis años de confinamiento y trasferido a la diócesis de Sigüenza por el cardenal Mendoza. En 1484 su vida toma un giro radical. Descubre su vocación al retiro y decide hacerse franciscano. Recibido en la orden, probablemente en el convento de San Juan de los Reyes (Toledo), recientemente edificado por los Reyes Católicos, cambia su nombre, Gonzalo, por Francisco y pasa a vivir en los conventos de El Castañar y La Salceda (Guadalajara).

En 1492, al ser designado arzobispo de Granada fray Hernando de Talavera, quedó vacante el puesto de Confesor de la Reina. Fue entonces cuando el cardenal Mendoza recomendó para este cargo a fray Francisco, quien comenzó así a intervenir en la vida política como consejero de Isabel la Católica. En 1494 es elegido Provincial de la Orden Franciscana en Castilla. El fallecimiento del cardenal Mendoza le permitirá acceder al arzobispado de Toledo, la máxima dignidad eclesiástica y uno de los puestos políticos más importantes en los reinos hispánicos.

Desde este puesto dirigió y promovió la reforma de las comunidades religiosas españolas, especialmente de su propia orden, donde trató de restablecer la observancia estricta de la regla franciscana, la cual prohibía entre otras cosas la posesión de propiedades.

En 1499, año de la fundación de la Universidad Complutense, acompañó a los reyes en uno de sus viajes a Granada. Allí consideró que la obra de conversión de los musulmanes granadinos, realizada por fray Hernando de Talavera, iba muy despacio y resolvió quedarse en la ciudad para dar mayor impulso a la misma. Mediante dádivas, castigos y amenazas obtuvo en las primeras semanas grandes resultados, pero su actitud intransigente despertó también el odio y el descontento de los musulmanes.

Cisneros usó la mano dura contra los rebeldes e hizo encarcelar a los más activos. Consecuencia de todo ello fue el levantamiento de Granada y la terrible guerra de guerrillas en las Alpujarras. En 1502, dominada la insurrección, obtuvo de los reyes la orden de que los mudéjares de Castilla fuesen obligados a convertirse o a emigrar.

Curiosidades elvirenses.